Creo firmemente que nuestro Gobierno debería usar la política monetaria, en lugar de la política fiscal, para ayudar a enfriar la economía cuando ésta se recalienta y para estimularla cuando hay algún tipo de shock económico. Estamos en un momento muy inusual, una situación sin precedentes en la historia de la economía colombiana. Debido a que es la primera vez que nos encontramos en un escenario incierto, la forma de abordar el problema exige firmeza y lucidez. Para hacerlo bien la primera vez, sugiero lo siguiente en materia de alivio y política pública:

  1. Brindar asistencia inmediata a quienes quedaron desempleados.
  2. Proporcionar los incentivos adecuados para la atención médica, los seguros y otras compañías directamente involucradas en la epidemia. Por ejemplo, eliminar los aranceles recientes sobre suministros médicos que son críticos en éstos momentos.
  3. Evitar estímulos fiscales de cualquier tipo. Evitar replicar lo que hacen otros gobiernos cuando envían dinero a todos los ciudadanos, sin «programas» para que la gente vuelva a trabajar, sin créditos fiscales, sin programas fiscales que impliquen préstamos de dinero. Probablemente pueden destinar un porcentaje del presupuesto militar a mejores usos. No debería haber estímulo fiscal.
  4. Dejar de establecer las tasas de interés. Permitir que el propio mercado se encargue de las tarifas. ¿Sabemos de las capacidades del Banco Central en éstos momentos? La tasa de interés es tan incierta como el devenir de la economía. No es preciso establecerlas. Esta es una propuesta radical necesaria para arreglar una herramienta rota hace mucho tiempo que nunca funcionó en primer lugar. Vía negativa: menos, es más. Sin intereses sobre reservas, sin tasa de fondos federales, sin orientación necesaria.
  5. Establecer y difundir una meta de inflación del 3 por ciento o (mejor) una meta de PIB nominal del 4 al 5 por ciento. Los bancos centrales deben comprometerse a crear e inyectar (o retirar y destruir) tanto dinero como sea necesario para mantener un objetivo estable a largo plazo.
  6. Usar una combinación de indicadores prospectivos para ver si estamos en el camino correcto. Si es evidente que la economía no alcanzará el objetivo, agregaríamos liquidez para garantizar su logro. Si la economía se recalienta, se retira el dinero para asegurarnos nuevamente de alcanzar el objetivo exactamente en un plazo de 3 a 5 años.
  7. Construir la infraestructura para comprar y vender activos diariamente según la receta que ayude a mantener equilibrio. Sin decisiones mediadas por personas o comités.
  8. Este enfoque puede ser mucho mejor de lo que se propone hasta ahora. Se pueden encontrar formas de continuar arreglando nuestro sistema monetario una vez que hayamos establecido un camino hacia un objetivo. Un buen ejemplo sería eliminar las regulaciones bancarias ineficaces, como se ha hecho hasta el presente.

¿Por qué debería importarnos lo anterior?

 

Esta pandemia desacelerará el crecimiento económico. Las dos cosas más importantes que podemos hacer ahora son: en un primer momento, disminuir la propagación del virus; y en un segundo acto, acelerar e incentivar la recuperación de la economía. Si bien se está escribiendo mucho sobre contención frente y mitigación; la producción de máscaras y tapabocas, ventiladores; y, sobre todo, cómo asignar recursos médicos, es necesario recurrir a un pequeño número de funcionarios gubernamentales para cambiar la forma en que administramos nuestro sistema monetario.

Una crisis es un momento perfecto para renovar un sistema que necesita reparación. Es correcto exigir grandes cambios en nuestro plan de respuesta ante una pandemia; la forma en la que funcionarán nuestras escuelas y lugares de trabajo. Lo anterior sólo puede ser posible si como sociedad logramos entender lo importante que pueden ser las políticas monetarias para nuestro futuro y lo mucho que pueden ayudar en que volvamos a trabajar tan pronto como sea seguro hacerlo.

Darwin Josué Meléndez Cox es licenciado en Filosofía, Pensamiento Político y Económico y licenciado en Filosofía y Educación Religiosa. Magíster en Ciencias Económicas de la Universidad Santo Tomás donde actualmente labora como investigador y docente.