
Nos llamaron activistas: la historia de cómo la comunidad nos salvó del algoritmo y del periodismo de métricas
En estos tiempos en que los algoritmos de las redes sociales limitan la distribución de contenidos, por ejemplo de derechos humanos y de control social, y en los que la IA responde y explica rápidamente las preguntas de los usuarios de manera que no les quede curiosidad de dar click a los enlaces de los portales de periodismo, muchos medios y colegas se están preguntando si quizá una de las soluciones es volcarse de nuevo a las formas tradicionales de hacer periodismo: al papel, a la radio, y a dialogar con el otro desde la presencialidad.
Hay ejemplos como el de El Surti en Paraguay que viene priorizando qué contenidos van a mover en lo digital mientras vuelven a lo impreso. Hay experiencias como las de Le Monde Diplomatique en Argentina, quienes además de distribuir un impreso por suscripción de la mano de un cafecito, invita a la gente a dialogar en un bar de su elección entre los 15 que tienen como opción, eso depende del barrio en el que se encuentren, y una de sus poderosas frases que argumenta tal decisión es que, «si del laberinto salimos por arriba, del algoritmo salimos por abajo», porque al final los de abajo, el pueblo, las comunidades, son siempre el corazón de las causas sociales, de las luchas históricas, de esas que necesitan del buen periodismo, el independiente, y ojalá también el contrainformativo, alternativo, popular y comunitario, para resistir y transformar este país.
Pero la verdad es que en El Cuarto Mosquetero no hemos tenido la necesidad de preguntarnos cómo construir audiencias fuera de lo digital, porque precisamente lo digital siempre ha sido nuestro gran reto, que nos conozcan más, que nuestro contenido se distribuya mejor y que así no quieran venir desde la capital o ciudades principales a decirnos cómo trabajar, tomando además nuestras agendas mediáticas y mostrándolas como nuevas, que no es que este mal, pero qué bueno sería priorizar el trabajo colaborativo y reconocer que ya hay dinámicas territoriales de la prensa regional que les permitieron a ellos y ellas enterarse de eso que estaba sucediendo.
Y cuando digo que no hemos tenido la necesidad de pensar cómo relacionarnos de manera presencial con las comunidades, es porque desde El Cuarto Mosquetero nacimos priorizando las agendas comunitarias, al movimiento social, el contruir hombro a hombro narrativas que dignifiquen y defiendan los derechos humanos de quienes habitan la Amazorinoquia.
Hay ejemplos como el de El Surti en Paraguay que viene priorizando qué contenidos van a mover en lo digital mientras vuelven a lo impreso. Hay experiencias como las de Le Monde Diplomatique en Argentina, quienes además de distribuir un impreso por suscripción de la mano de un cafecito, invita a la gente a dialogar en un bar de su elección entre los 15 que tienen como opción, eso depende del barrio en el que se encuentren, y una de sus poderosas frases que argumenta tal decisión es que, «si del laberinto salimos por arriba, del algoritmo salimos por abajo», porque al final los de abajo, el pueblo, las comunidades, son siempre el corazón de las causas sociales, de las luchas históricas, de esas que necesitan del buen periodismo, el independiente, y ojalá también el contrainformativo, alternativo, popular y comunitario, para resistir y transformar este país.
Pero la verdad es que en El Cuarto Mosquetero no hemos tenido la necesidad de preguntarnos cómo construir audiencias fuera de lo digital, porque precisamente lo digital siempre ha sido nuestro gran reto, que nos conozcan más, que nuestro contenido se distribuya mejor y que así no quieran venir desde la capital o ciudades principales a decirnos cómo trabajar, tomando además nuestras agendas mediáticas y mostrándolas como nuevas, que no es que este mal, pero qué bueno sería priorizar el trabajo colaborativo y reconocer que ya hay dinámicas territoriales de la prensa regional que les permitieron a ellos y ellas enterarse de eso que estaba sucediendo.
Y cuando digo que no hemos tenido la necesidad de pensar cómo relacionarnos de manera presencial con las comunidades, es porque desde El Cuarto Mosquetero nacimos priorizando las agendas comunitarias, al movimiento social, el contruir hombro a hombro narrativas que dignifiquen y defiendan los derechos humanos de quienes habitan la Amazorinoquia.
Hacemos periodismo de contrapoder, pero también construimos contenidos de manera cocreada junto a las comunidades para que sean ellas mismas quienes se narren así mismas, para ello ha sido necesario adelantar procesos de formación, compartir nuestros conocimientos y aprender junto con ellas. Desde el 2015 creamos el proceso de reporteritos y reporteritas populares y las Escuelas Itinerantes de Comunicación, al igual que hemos adelantado múltiples conversarorios, exposiciones, foros, eventos, intercambios de experiencias, cinco versiones del Festival Mosquetero, entre otras actividades en donde el encuentro, los diálogos intergeneracionales, la cocreación que combate el extractivismo, los consejos de redacción y la veeduria hacia nuestro trabajo, nos ha permitido crear algo que todavía no sabemos cómo medir y que en ocasiones no dimensionamos su importancia: la confianza, la cercanía y la legitimidad, esas que nos permiten recorrer hasta territorios de alto riesgo con la confianza de que no estamos solas, las que nos garantizan que las comunidades nos respalden, nos sostengan, así como nuestro periodismo amplifica sus voces, visibiliza sus sueños y problemáticas y les ayuda a defender su territorio.
Para nosotras los talleres financiados especialmente por la cooperación internacional no nacieron como una fuente de financiación, como lo ha venido siendo para muchos medios de comunicación que ven en ellos la posibilidad de sostener el buen periodismo que realizan de manera independiente y de paso compartir sus conocimientos, sino que la esencia misma de El Cuarto Mosquetero es poder dejar capacidades instaladas para que no seamos las únicas que comuniquemos, y para no creer que en nosotras está el saber y minimizar las capacidades que tienen las y los reporteritos, las y los reporteros comunitarios, las nuevas generaciones de jóvenes periodistas, las colectivas de comunicación, cine y periodismo, entre otras con las que trabajamos, porque solo compartiendo y uniendo nuestros saberes es que podemos hacer periodismo. Y en ese proceso, la apuesta formativa se convirtió en una importante fuente de financiamiento de nuestra corporación sin animo de lucro.
Sin embargo, hemos gastado tanta energía y esfuerzos en trabajar para combatir los silencios informativos y aportar en la democratización de la palabra, que a veces nos quedamos cortas en narrarnos a nosotras mismas y parar para mirar atrás y reconocer todo lo que hemos logrado, y entonces de vez en mes nos encontramos que mientras hace unos años minimizaban nuestro trabajo por ser jóvenes y activistas, hoy se ha venido discutiendo que por ahí es quizá el camino. Hoy grandes fondos de periodismo nacionales e internacionales abren convocatorias para que también las comunidades puedan narrar sus territorios y los medios de comunicación ya están aceptando que al final todos esos likes y seguidores que fueron una fuente de orgullo, hoy quizá no garantizan que las comunidades estén informadas y se han abierto a hacer alianzas con comunidades, oenegés, organizaciones sociales, entre otras y no solo desde el patrocinio sino desde la colaboración.
Para nosotras los talleres financiados especialmente por la cooperación internacional no nacieron como una fuente de financiación, como lo ha venido siendo para muchos medios de comunicación que ven en ellos la posibilidad de sostener el buen periodismo que realizan de manera independiente y de paso compartir sus conocimientos, sino que la esencia misma de El Cuarto Mosquetero es poder dejar capacidades instaladas para que no seamos las únicas que comuniquemos, y para no creer que en nosotras está el saber y minimizar las capacidades que tienen las y los reporteritos, las y los reporteros comunitarios, las nuevas generaciones de jóvenes periodistas, las colectivas de comunicación, cine y periodismo, entre otras con las que trabajamos, porque solo compartiendo y uniendo nuestros saberes es que podemos hacer periodismo. Y en ese proceso, la apuesta formativa se convirtió en una importante fuente de financiamiento de nuestra corporación sin animo de lucro.
Sin embargo, hemos gastado tanta energía y esfuerzos en trabajar para combatir los silencios informativos y aportar en la democratización de la palabra, que a veces nos quedamos cortas en narrarnos a nosotras mismas y parar para mirar atrás y reconocer todo lo que hemos logrado, y entonces de vez en mes nos encontramos que mientras hace unos años minimizaban nuestro trabajo por ser jóvenes y activistas, hoy se ha venido discutiendo que por ahí es quizá el camino. Hoy grandes fondos de periodismo nacionales e internacionales abren convocatorias para que también las comunidades puedan narrar sus territorios y los medios de comunicación ya están aceptando que al final todos esos likes y seguidores que fueron una fuente de orgullo, hoy quizá no garantizan que las comunidades estén informadas y se han abierto a hacer alianzas con comunidades, oenegés, organizaciones sociales, entre otras y no solo desde el patrocinio sino desde la colaboración.
Cuando tenía 20 años tenía dos tipos de experiencia que creía no convergían, pero que darían vida a El Cuarto Mosquetero, por un lado, me gustaba el trabajo colectivo y comunitario, desde niña creaba colectivos y hacía especialmente trabajo de cuidado de la naturaleza mientras me divertía, ya en la universidad ingresé al movimiento estudiantil, primero en Siervo Sin Tierra, luego en Gramalote y allí empecé a trabajar temas de derechos humanos y por mi deseo de aportar en comunicaciones, empecé a aprender sobre redes sociales y todo el tema digital. Por otro lado, desde los 10 años me metí al mundo del periodismo, hacía parte del club radial, escribía en el periódico escolar, hacía teatro; luego me vinculé a emisoras y medios de comunicación incluso antes de entrar a la universidad. Así que cuando en un trabajo de clase de comunicación para el cambio social nos pidieron hacer una intervención comunitaria, pensando que no quería hacer algo extractivsta, creé el proceso de reporteritos y reporteritas populares en un asentamiento de Villavicencio y empecé a invitar a mis amigas, y poco a poco se fueron sumando más jóvenes, y fueron las mismas comunidades las que nos pidieron crear el medio de comunicación, por ello cuando El Cuarto Mosquetero se estructuró, desde un inicio mantuvo su apuesta formativa comunitaria convergiendo con el periodismo alternativo y popular.
El ser jóvenes, mujeres en un territorio como el Meta y la Amazorinoquia ha significado para nosotras grandes retos para ser sostenibles, pero el trabajo colaborativo con las comunidades nos ha sostenido, las audiencias digitales aunque pequeñas comparadas con otros medios también nos han apoyado y por ello en medio de los retos actuales de financiación que hay para el gremio, nosotras seguimos existiendo pero con la grande tarea de tener que reinventarnos, para que podamos seguir a largo plazo.
El ser jóvenes, mujeres en un territorio como el Meta y la Amazorinoquia ha significado para nosotras grandes retos para ser sostenibles, pero el trabajo colaborativo con las comunidades nos ha sostenido, las audiencias digitales aunque pequeñas comparadas con otros medios también nos han apoyado y por ello en medio de los retos actuales de financiación que hay para el gremio, nosotras seguimos existiendo pero con la grande tarea de tener que reinventarnos, para que podamos seguir a largo plazo.










