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No somos neutrales ante los discursos fundamentalistas y antiderechos en estas elecciones presidenciales

Llevamos más de una década amplificando las voces de la Amazorinoquía, recorriendo periferias y ruralidades, y construyendo una cultura de paz donde defender los derechos humanos no cueste la vida. Por eso, ante el avance de los fundamentalismos en estas elecciones presidenciales, la neutralidad y el silencio no son una opción.

A pocos días de elegir el destino de Colombia en los próximos cuatro años, e incluso a más tiempo porque seguimos asumiendo decisiones e impactos que fueron tomados por mandatarios anteriores, queremos invitar a las y los colombianos a votar de manera consciente, informada y no dejarse llevar por el miedo que suele paralizar ante una sociedad en división. Sin embargo, también  somos honestas con nuestras audiencias como siempre lo hemos sido, y es que no podemos asumir una postura neutral ante un candidato que amenaza los derechos humanos, la naturaleza, la libertad de prensa y los derechos de las minorías.

En El Cuarto Mosquetero como lo especifica nuestra política editorial consignada en la web, pero como también lo establece nuestro Manual de Redacción, Transformando desde la comunicación y el periodismo, somos claras en que no asumimos falsas banderas de objetividad, sino principios de transparencia y rigurosidad a la hora de hacer periodismo, especialmente porque nos situamos desde la defensa de los derechos humanos, la priorización de las agendas del movimiento social y la comunicación alternativa y popular.

Por ello, además, invitamos a nuestras audiencias a cuestionar y exigir a los medios de comunicación que sean honestos, porque entendemos que a cada uno lo mueven sus intereses, creencias y en muchos casos, sus necesidades -o prioridades- económicas. Por lo cual la responsabilidad en este cubrimiento electoral es importante en este momento en Colombia: no hay una verdad absoluta, y el contraste de miradas es importante a la hora de poder tomar decisiones. Durante la primera vuelta hicimos un análisis juicioso mediante artículos, de cada una de las propuestas de las y los candidatos, pero ante la coyuntura actual de elegir entre Abelardo De La Espriella e Iván Cepeda, no somos ni seremos «neutrales» ante una persona que atentaría contra los derechos humanos, los derechos de la naturaleza, y la paz, movido por una agenda que prioriza los discursos de odio. 

El recorrido profesional de Abelardo como abogado y empresario, se ha destacado por acompañar a mafiosos, testaferros, personas con procesos judiciales ligados a violaciones de derechos humanos y corrupción. Su fortuna empezó a crecer cuando se hizo abogado de los paramilitares durante el gobierno de Uribe. Abiertamente manifiesta que está en contra del aborto y de la adopción de parejas del mismo sexo, pese a que son derechos ganados y establecidos mediante sentencias y como buen candidato de la ultraderecha, manifiesta que solucionará los problemas de seguridad a punta de bombardeos y mano dura. 

El candidato no tiene problemas en alardear de su vida lujosa, excéntrica y así se ha destacado su campaña, además su esposa fue clara en que si perdían las elecciones no sería un problema ya que volverían a Estados Unidos o a Italia donde tienen ciudadanía. En televisión no ha tenido problema en “confesar” que de niño disfrutaba ponerle petardos a los gatos y verlos estallar, o incluso en pedirle a mujeres periodistas que le den zoom a su fotografía para que no quede ninguna duda de por qué deben elegirlo, como si el tamaño de su pene fuera más importante que sus propuestas.

Teniendo en cuenta que nos situamos desde un periodismo feminista, antirracista y transincluyente, cuyo mandato principal es contrarrestar los discursos machistas, fundamentalistas y de violencias y que nuestro código de ética prohíbe explícitamente amplificar declaraciones que promuevan contenidos antiderechos y de asimetría de poder, las últimas semanas hemos evidenciado el peligro de las propuestas de Abelardo de la Espriella quien además nunca ha ocupado un cargo gubernamental, frente al miedo irracional que siempre se ha cernido sobre candidatos de izquierda de que Colombia se “vuelva comunista”; sin embargo, no son las propuestas de Iván Cepeda las que representan el riesgo de virar hacia una dictadura, por el contrario su plan de gobierno se centra en el cumplimiento de lo establecido por la Constitución Política del 91. De La Espriella está dispuesto a sacar a los organismos internacionales que han buscado exigir a todas las partes involucradas en el conflicto armado, el respeto por el Derecho Internacional Humanitario, y a recordar que incluso en la guerra existen unos límites. 

Es importante dejar claro que nuestra postura no es un cheque en blanco. Durante años hemos ejercido un control social riguroso sobre el poder, sin importar quién gobierne. Lo hemos hecho frente a distintos gobiernos, incluido el de Gustavo Petro, y seguiremos haciéndolo independientemente del resultado electoral. Sin embargo, equiparar la narrativa de odio que representa Abelardo de la Espriella con una propuesta política centrada en la defensa de la vida y los derechos como la de Iván Cepeda, es desproporcionada.

Conocemos de primera mano los impactos de un Estado centralizado que históricamente ha llegado a nuestros territorios periféricos y rurales a través de la militarización, los bombardeos y la estigmatización. También sabemos que la política real se construye en las calles: desde los movimientos sociales, feministas, estudiantiles, docentes, sindicales, indígenas, campesinos y afrodescendientes; junto a quienes defienden el ambiente y la naturaleza frente a modelos económicos que privilegian el extractivismo.

Sabemos, porque lo hemos vivido, que los discursos que hoy encarna Abelardo De La Espriella ponen en riesgo avances fundamentales en materia de derechos humanos. Las mujeres y las diversidades sexuales y de género vuelven a ser señaladas como blanco de disputa política, mientras que los esfuerzos por reconocer las secuelas del conflicto armado y construir garantías de no repetición enfrentan un serio riesgo de retroceso. Más aún cuando se normaliza un lenguaje que convierte al contradictor en enemigo y amenaza con “destripar” a quien piense diferente. Por esto, no es igual una postura que la otra y decidimos centrarnos en promover una cultura de paz en la cual, en medio de las diferencias esté por encima las garantías para la vida digna.

Desde El Cuarto Mosquetero prohibimos de manera estricta que tanto el medio como nuestro equipo realice proselitismo político, pero el panorama actual nos ha hecho tomar la decisión como equipo de entregar a la ciudadanía las herramientas necesarias para que no traguen entero frente a la desinformación y puedan formar su propio criterio. Pero también coincidimos con que Iván Cepeda abandera propuestas coherentes en torno a seguir trabajando por una Colombia en paz, que garantice condiciones de vida digna para todos y todas, especialmente para las mujeres, campesinado, pueblos étnicos, entre otros, así como también el respeto por los derechos de la naturaleza. Su histórica lucha en defensa de los derechos humanos, se acerca también a los principios y valores que abanderamos desde nuestra corporación.

Esperamos que Colombia pueda votar por la garantía de los derechos humanos y sea cual sea el presidente electo de Colombia, como lo hemos hecho durante nuestros once años de existencia, seguiremos haciendo control político y amplificando las Voces pluriculturales de la Amazorinoquía, con la convicción de que el periodismo y la comunicación tienen un papel fundamental en procesos de transformación y en la defensa de los derechos humanos.