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Las denuncias de acoso sexual contra el director de la AICS en Colombia que quedaron en veremos

Aunque la Agencia recibió los testimonios a través de su sistema de denuncias confidenciales, las víctimas afirman haber sido señaladas y juzgadas, poniendo en duda sus testimonios en vez de recibir apoyo y protección.

Desde 2022, Mario Beccia se desempeña como director de la Agencia Italiana de Cooperación para el Desarrollo (AICS) en Colombia, una entidad adscrita al Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación Internacional (MAECI) del Gobierno italiano.

En septiembre de este año, la periodista Ana Bejarano Ricaurte publicó en la revista Cambio, en la sección Los Danieles, una columna en la que Beccia fue señalado por acoso sexual a varias de sus compañeras de trabajo.

Según los testimonios recopilados, el funcionario habría hecho comentarios inapropiados como “me gusta esa ropa que llevas”, “tengo una debilidad por las mujeres que usan coleta”, o “hoy estás muy linda”, además de expresiones de connotación sexual, miradas o susurros lascivos y abrazos no consentidos. Una de las denunciantes incluso afirmó que Beccia le tomó el cabello y le dio una nalgada.

Las denuncias que lejos de reparar, revictimizan

Tres trabajadoras presentaron denuncias a través del sistema interno de whistleblowers (denuncias confidenciales) de la agencia. De acuerdo con sus relatos, tras rechazar sus avances, el ambiente laboral se tornó tan hostil que fueron apartadas de espacios de decisión, se les asignaron tareas ajenas a sus funciones, recibieron evaluaciones injustificadamente negativas y, en algunos casos, terminaron renunciando o enfrentando periodos prolongados de desempleo.

Además, el sistema de whistleblowers no sería precisamente confidencial. Un artículo publicado por Publimetro sobre este mismo caso relata que, tras presentar sus denuncias, las trabajadoras fueron sometidas a cuestionarios que las hicieron sentir más interrogadas que protegidas, como si el objetivo fuera poner en duda sus testimonios o justificar al agresor, en lugar de ofrecerles apoyo y seguridad.

Otra de las denunciantes señaló en ese mismo medio que, aunque les prometieron confidencialidad, la información se filtró dentro de la AICS, y pronto “todo el mundo supo”. Esta situación rompió la confianza en la institución y dejó a las víctimas en una posición de mayor vulnerabilidad.

“Las relaciones de poder patriarcal son una consecuencia de esa construcción de género que no solamente se evidencia desde el nivel personal, sino desde las mismas instituciones que no tienen respuestas para las víctimas, que guardan muchas veces silencio para, además de lavarle la cara a los agresores, no afectar la reputación de las instituciones”, afirmó a El Cuarto Mosquetero la abogada, especialista en derecho constitucional e integrante de la Veeduría Mujeres Libres de Violencia, María José Zabala.

Otros señalamientos graves

Además, el directivo fue señalado por posible malversación de fondos públicos, uso de recursos institucionales para cubrir gastos personales y promoción de proyectos innecesarios con el fin de contratar a allegadas. También se le acusa de coordinar viajes oficiales que coincidían con eventos festivos como el Carnaval de Barranquilla.

Pese a la gravedad de las acusaciones, según la investigación de Bejarano, las denuncias fueron tramitadas en silencio y sin consecuencias significativas para el funcionario. De hecho, recibió un aumento de sueldo. “Lo cual es una burla y un mensaje claro de impunidad”, dijo una de las víctimas en Publimetro. 

Para Zabala, “el género históricamente ha sido una forma de dominación que nos ha dividido en grupos jerárquicos”, situando, en la mayoría de los escenarios, al hombre en una posición de poder, lo que le daría “muchas más facultades y mucho más poder, valga la redundancia, para poder ejercer todo este tipo de actos de violencia”, concluye. 

Pero las acusaciones no se quedan solo en el entorno laboral. Varias fuentes consultadas por Bejarano afirmaron que Beccia mantenía una actitud de “conquista permanente” y un “trato excesivamente personal” con las beneficiarias de los proyectos de sostenibilidad que apoya la AICS en Colombia, dirigidos a poblaciones rurales, mujeres víctimas de violencia y comunidades racializadas. Esto lo consideraron impropio de las dinámicas de la cooperación internacional.

Consultado por la periodista, Beccia negó todas las acusaciones, calificándolas de falsas. Aseguró que sus abogados en Italia buscan anular la sanción impuesta en su contra y sostuvo que las denuncias son “anónimas”. Sin embargo, Bejarano aclaró que las denunciantes actuaron con nombre propio y que la institución conoce sus identidades, aunque las reserva para protegerlas. El funcionario también advirtió que, si la columna se publicaba, se vería “obligado a actuar en las instancias correspondientes”.

La complicidad entre colegas: ¿Pacto patriarcal?

En octubre, Bejarano publicó otra columna en la que afirma que hasta esa fecha (ni la actual, según búsquedas de este medio) tanto la Embajada de Italia en Colombia como la Cancillería de ese país siguen sin dar respuesta a sus revelaciones. Incluso afirmó que varios funcionarios de la sede en Roma manifestaron su sorpresa ante la inacción del cuerpo diplomático.

Según la periodista, el embajador Giancarlo María Curcio y Beccia tendrían una relación cercana. En una carta, que, al parecer, fue escrita por el diplomático, se señala que las acusaciones contra el director de la AICS son “fantasiosas”, que “nunca lo he visto incurrir en ninguna conducta que pudiera considerarse `inapropiada`”. 

Como si fuera poco, en la carta Curcio afirma que las denuncias contra su subordinado son a causa de “una táctica particularmente extendida en Colombia: denunciar presuntos abusos sexuales para beneficio propio (fácilmente imaginable en este caso) cuando un empleado es despedido o no se le renueva el contrato de trabajo o de prácticas”.

No obstante, diversas investigaciones internacionales -porque en Colombia no hay un sistema unificado de medición- han demostrado que las denuncias falsas por violencia sexual son muy poco frecuentes. La investigación estadounidense “Falsas acusaciones de agresión sexual: Un análisis de diez años de informes” del 2010, encontró que solo el 5,9% de los casos fueron clasificados como falsos. De manera similar, el estudio “¿Una brecha o un abismo? La disminución de casos de violación denunciados” del Reino Unido en 2005 determinó que entre 2% y 3% de las denuncias correspondían a falsedades. El “Informe del Servicio de Fiscalía de la Corona sobre denuncias de violación y violencia doméstica” confirmó esta tendencia al señalar en 2013 que las denuncias falsas son “muy inusuales”, con apenas 35 casos frente a 5.651 denuncias por violación ese año.

En Colombia no existe una cifra oficial consolidada que indique una tasa más alta. Lo que sí han dicho entidades como la Fiscalía y organizaciones como Sisma Mujer es que las denuncias falsas no representan un problema estadístico significativo y que el problema real es la subdenuncia (sólo se reporta una fracción de los delitos sexuales).

“Es importante también tener en cuenta que la agresión sexual, llámese acoso, acceso y demás, es una demostración de poder que (Beccia) hace desde su cargo como director. Entonces, esa demostración de poder la hace no solamente ante la víctima, sino también ante los pares, que de cierta manera lo respaldan”, señaló Zabala. 

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