Había una vez en un prado de una lejana ciudad habitaban todo tipo de animales e insectos, lo hermoso de este lugar se veía representado en la relación de amistad que tenían todos los animales, sin discriminación alguna. Isabella una bonita oruga, soñaba con crecer y ser mariposa y polinizar el mundo algún día, le encantaba ver a sus amigas volar, aún no entendía porqué no se transformaba rápido, pero sabía que su tiempo llegaría. Uno de sus más grandes talentos era dibujar, y no lo hacía nada mal.

Un día, en su afán de querer ser mariposa, olvidó que aún le faltaba una semana de oruga, pero ella ignoró eso y siguiendo su terquedad decidió iniciar el proceso de transformación, al terminar se sintió muy dichosa pues al mirarse en el espejo veía unas hermosas alas, llenas de color y brillo, nada parecido a las alas de sus amigas. Ella no quiso esperar para mostrarle a todo el mundo sus nuevas alas, en aquel prado los animales se maravillaron con ellas, decían que eran las más bellas que habían visto. Isabella se sintió muy feliz pues ahora era una mariposa ejemplar, llegaría muy lejos y sería la mejor de todas.

Pero un día todo cambió, Isabella, aquella mariposa que le encantaba mostrar sus alas en todo lugar, retó a sus amigas a volar a lo más alto para ver quién llegaba más lejos, en esos retos Isabella se superó a sí misma y voló dos veces más rápido que sus amigas, pero no resistió y sus alas se quebraron, cayó en caída libre y no supo cómo detenerse, después de todo el valor que había adquirido en los últimos días, tuvo miedo. Al caer, ninguna de sus amigas la ayudó, se rieron de ella diciendo que no era ni iba a ser una mariposa polinizadora de verdad y que sus alas estaban rotas.

Isabella al escuchar esas palabras comenzó a llorar y se dio cuenta que no tenía amigas verdaderas, solo estaban con ella por sus alas y porque todo el mundo la admiraba, además tenía terror de no poder pararse en las flores más hermosas y esparcir polen por todos lados ¿Y si no podía volver a chupar un delicioso néctar y tenía que volver a comer hojas como cuando era oruga? Cuando se fracasa a veces no hay muchas personas que te apoyen, en ese momento Isabella se quedó sola, ahí en el suelo llorando. Una linda abejita y un sapo la ayudaron a levantarse. No sabía quiénes eran, jamás los había visto por el prado.

-¿Cómo se llaman?- les preguntó.

-Soy Sara- dijo la adorable abejita.

-Mi nombre es Pablo- dijo la ranita. Isabella los miro con desprecio, de seguro no eran animales famosos en el prado por eso no los recordaba. ¿Qué sabrían ellos de polinizar y garantizar la vida en el planeta? Pensó.

-¿Y por qué me están ayudando?-

-Vimos que necesitabas a alguien que te tendiera la mano y nosotros quisimos hacerlo Isabella-

-¿Como saben mi nombre?-

-Eres la mariposa más bonita que hemos conocido-

-¿No soy bonita, no ven que en estos momentos no puedo volar y estoy muy sucia?-

-No necesitas tus alas para ser hermosa, hace mucho tiempo te hemos observado y vemos que tienes un gran corazón y ayudas sin esperar nada a cambio, eso es belleza-

Isabella no lograba entender cómo estos dos animalitos la podían ver hermosa pues ella en ese momento se veía muy fea y se sentía inútil. Al llegar a casa, Isabella les agradeció su ayuda, se sintió muy triste porque sus alas estaban rotas y tenía muchas ganas de volar y así cumplir su propósito de vida. Al día siguiente, Isabella pensó en ir a hablar con sus amigas y solucionar las cosas entre ellas, tal vez le pedirían perdón y serian amables como siempre.

Al salir nadie le hablo, solo la miraban con desprecio y se reían de ella a sus espaldas. Isabella pensó que todo cambiaria cuando se arreglara con sus amigas, estaba segura de que la escucharían y la tratarían bien. Además, así podría encontrar una forma de volver a encajar en su grupo de bellas polinzadoras. Sería bonito volver a sentirse querida por los animales y ganarse otra vez su confianza, al llegar donde sus amigas se llevó una gran sorpresa pues ellas la estaban esperando con los brazos abiertos.

-Hola chicas, venía a hablar con ustedes-

-No digas más Isabella ¡te perdonamos!-

Esa linda mariposita no entendía qué había hecho y la estaban perdonando, pero no quiso preguntar, se alegraba de que su amistad se hubiese arreglado.

-Como ofrenda de paz te hemos construido unas bellas alas, iguales a las que tenías antes-

Isabella se alegró, pues podría volver a volar y sentirse mariposa de nuevo.

-Muchas gracias amigas contesto Isabella emocionada, sus amigas la hicieron medirse sus nuevas alas-

Lo que Isabella no sabía es que ellas la iban a hacer quedar mal frente a todo el prado, sus nuevas alas estaban muy bien decoradas y con mucho brillo, se sentía muy feliz pues podía volver a volar, su egoísmo y soberbia volvieron a ella y pensó que sería la más hermosa de las mariposas. A la tarde, ella y sus amigas salieron a dar un paseo y a probar sus nuevas alas. Isabella, volvió a retar a sus amigas, ellas accedieron sin ningún problema, pero le colocaron una condición, que todo el prado estuviese presente para ver sus alas y su fabulosa victoria. Isabella aceptó sin ningún problema. Al tener todo el prado reunido, Isabella se llenó de coraje y supo que esta vez sí vencería.

-¿Isabella esta lista?- preguntaron sus amigas con picardía.

-Claro que sí- respondió.

-Bueno, pero antes necesitamos que nos digas, quiénes eran esos animalitos que te acompañaron ayer y que no eran para nada bonitos ¿Se creen más importantes que nosotras?-

-¡No tienen importancia!- aseguró Isabella, añadiendo: -ellos creyeron que ayudándome ganarían fama aquí en el prado, pero se equivocaron no me interesan, a nadie le importa qué hacen, probablemente no le representen nada a éste planeta- al haber terminado de decir esas palabras tan duras, inició su vuelo salvajemente.

La primera vez lo hizo muy suave, estuvo así por tres vueltas más, pero en la última se excedió y sus alas de mentiras se estallaron ocasionando que ella cayera contra el suelo y todos se rieran.

-Entiéndelo Isabella jamás serás una mariposa de verdad, solo das lástima, siempre serás una perdedora- dijeron sus supuestas amigas.

Ante esas palabras, ella solo se derrumbó, no logró contener sus lágrimas y se quedó ahí en el suelo, pero esta vez nadie llegaría a rescatarla, ahora sí estaba sola, más sola que nunca. Se levantó como pudo y se dirigió a su casa. No podía pensar en otra cosa más que en el daño que les había hecho a sus amigos, a sus verdaderos amigos, a aquellos a los que ni siquiera les había dado la oportunidad de reconocerlos. No resistió y salió en busca de ellos.

Llego al lugar donde la habían rescatado la primera vez y ahí los vio sentados y tristes.

-¡Hola!… chicos, quería hablar con ustedes. Sé que me comporté mal y debí haber hablado mejor de ustedes. Les pido una disculpa porque no he valorado su amistad, lo que hacen por éste planeta y que son tan o más importantes que nosotras las mariposas. A pesar de que solo me ayudaron una vez, ustedes me demostraron que la belleza no solo está en tu físico o en tus alas, si no que en tu corazón y en el saber escuchar ¡Lo siento!-

-Te perdonamos Isabella, y no te preocupes que siempre estaremos para ti, ya verás cómo vamos a encontrar algo que te guste tanto como volar y en el que puedas continuar polinizando; al haber dado por terminada la conversación se fueron de ese lugar siendo mejores amigos.

Días después Isabella encontró su vocación por el dibujo y empezó a crear obras de arte donde reflexionaba de todas las formas en las que se podía promover el cuidado de las flores y los frutos. Todos los animales la admiraban por su gran talento, y ella entendió que la verdadera belleza se encuentra en el interior y que para hallarla necesitas de verdaderos amigos que te ayuden y te apoyen. Que no te juzguen, pero sobre todo que siempre vean tu belleza interior.

FIN

Reporterita: Camila Fontecha

Si quieres conocer más estos relatos, puedes descargar Cuentos del Bosque, una recopilación de historias creadas por nuestros y nuestras reporteritas populares en Villavicencio y Acacías en el Meta, y El Peñón en Santander, quienes desde la comunicación vienen aprendiendo sobre el cuidado de la naturaleza y el derecho a una alimentación y nutrición adecuada.

Desde el 2020, El Cuarto Mosquetero viene formando reporteritos y reporteritas de la Institución Educativa Juan Rozo en el municipio de Acacías, Meta. Desde entonces, las y los jóvenes han venido potenciando sus capacidades comunicativas y de liderazgo enfocados en defensa del territorio, soberanía alimentaria, construcción de paz y género. El proceso es dirigido por Lina Álvarez y Shirley Forero.