Jessica Acevedo, microbióloga industrial de la Pontificia Universidad Javeriana con maestría en ciencias en bioprocesos de la Universidad Autónoma de San Luis de Potosí en México. También está especializada en producción de vacunas recombinantes y detección de patógenos de covid-19, asesora de proyectos de investigación de ciencia, tecnología e innovación del Ministerio de las Ciencias. Su más reciente logro es ser parte del equipo de investigación que ganó el premio Latinoamérica Verde, con el proyecto Ficosucre, 

Jessica se describe como una soñadora. Sueña con que todas las regiones del país gocen de agua limpia y con que los investigadores, los profesionales y quienes sueñan con serlo, sepan que es posible salvar el planeta. También tiene un lado freaky, se inclina por los videojuegos, pero también tiene una gran pasión por la lectura y, en ocasiones, dedica sus tiempos libres a tocar el violín. 

Jessica durante una jornada laboral | Foto: Redes sociales Jessica

La microbiología llegó a su vida por azares, su plan original era estudiar medicina, pero su visita a la Universidad Javeriana cambió su visión al ver los potentes laboratorios de investigación que había en las instalaciones. Con el tiempo se encaminó en la carrera y terminó por convertirse en camino a seguir.

Hizo su tesis con pacientes con VIH y eso le brindó otras perspectivas de vida y de paso, se enamoró de la investigación, porque se dio cuenta de que así podría ayudar a otras personas. Fue así que terminó por inscribirse a una beca del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología del gobierno mexicano, con la cual se ganó la oportunidad de realizar su maestría en ciencias en bioprocesos en el laboratorio de biofármacos recombinantes.

Después, regresó a Colombia para retribuir al país lo que le había brindado y aportar a la transformación social desde sus conocimientos. En ese momento ingresó como asesora de proyectos de investigación a Colciencias, actualmente conocido como el Ministerio de las Ciencias, allí se topó con FicoSucre, una iniciativa de de la Gobernación de Sucre, la Universidad Simón Bolívar, la Universidad de este departamento caribeño, que se viene desarrollando en el municipio de San Benito Abad, un área ribereña que cuentan con ciénagas que hacen parte de la sub región de la Mojana, uno de los deltas hídricos más importantes del país.

Con FicoSucre, Jessica aprendió que las microalgas brindan el 80% del oxígeno que respira la humanidad y tienen la capacidad de eliminar los contaminantes tóxicos que existen en el agua. Esto beneficiaría a las poblaciones aledañas a la ciénaga ya que son propensas a sufrir enfermedades gastrointestinales.

Asimismo, el proyecto beneficia al medio ambiente, pues las microalgas, además de eliminar patógenos como bacterias y virus nocivos para las personas, también degrada metales pesados y materia orgánica, es decir, sin implementar agentes químicos agresivos, y sin forzar a estas plantas, se fortalece un proceso de limpieza que se da de manera natural.

De hecho, los beneficios son tantos que las propiedades de las microalgas, podrían favorecer diversas regiones del territorio nacional por que los ríos y mares de Colombia se conectan, y desde el Arroyo Grande de Corozal, una de las zonas más grandes en las que tiene presencia el proyecto, no solo se limpian las fuentes de agua de las veredas cercanas, sino que estas plantas pueden llegar a otras zonas acuíferas. 

En este proceso, la comunidad fue puesta al tanto y recibió de buena manera a las y los investigadores, entre ellos, Jessica. Al principio miraban extrañados a estas personas foráneas que vestían trajes de bioseguridad y se metían a su fuente de agua. “¿Están aquí porque nuestra ciénaga está enferma?”, se preguntaban. Y efectivamente, tenían razón. Por eso, cuando se les socializó el proyecto, estaban felices de al fin, alguien se había interesado por la problemática ambiental que les aquejaba. 

Las zonas aledañas a la ciénaga son pesqueras por tradición, pero las comunidades se han dado cuenta que entre más contaminada está su fuente de agua, menos especies y cantidad de peces hay para garantizar su sustento. Esta problemática ha despertado el interés de los jóvenes de San Benito Abad, que han empezado a desarrollar sus propios proyectos con microalgas bajo la asesoría de Jessica.

Un adulto mayor conociendo un microscopio en marco del proyecto FicoSucre | Foto: Redes sociales de Jessica

Pero los más viejos también han mostrado curiosidad. Jessica recuerda aquella vez en la que le mostró un microscopio a un señor de unos 80 años que aparentaba 50, y entonces le dijo “Doctora, esto es otro mundo, un universo”. Una experiencia que Jessica nunca olvidará porque le recordó las épocas de su infancia, en las que se sintió justamente como el abuelo que por por primera vez observaba seres diminutos a través de ese complejo objeto. 

Es por eso que FicoSucre tiene un doble impacto: social y ambiental, lo que le permitió al proyecto ser acreedor de un galardón otorgado por los Premios Latinoamérica Verde, uno de los festivales de sostenibilidad más importantes del mundo. Se realizan cada año para dar visibilidad a los 500 mejores proyectos sociales y ambientales de esta parte del continente, exhibiendo las iniciativas regionales en 10 categorías alineadas con los Objetivos del Desarrollo Sostenible.

El certamen reúne los mejores proyectos en aproximadamente 350 ciudades de Latinoamérica, hasta elegir a los 30 finalistas dentro de las categorías: Agua, Bosques y Flora, Biodiversidad y Fauna, Desarrollo Humano, Inclusión Social y Reducción de Desigualdad, Energía, Finanzas Sostenibles, Gestión Urbana, Manejo de Residuos Sólidos, Océanos y Producción y Consumo Responsable.

Galardón otorgado a FicoSucre como mejor proyecto socioambiental en la categoría Agua de los premios Latinoamérica Verde | Foto: Redes sociales Jessica

En la categoría Agua estaba nominado FicoSucre, de la cual resultó ganador, y en la que competía contra una iniciativa de México, y otra de Colombia. La felicidad para Jessica cuando escuchó el anuncio del ganador durante la transmisión del evento fue abismal, una grata sorpresa que no esperaba y otro logro de talla internacional se sumaba a su lista de metas alcanzadas. 

Pero este premio es solo el inicio de sus sus sueños, que aún brotan a borbotones. La microbióloga se proyecta aún envuelta en investigaciones que aporten a mejorar la vida de las personas, quiere estar junto a su familia en Bogotá, tener un puesto de trabajo propio en allí, y hacer su doctorado en Farmacología. Asimismo invita a las y los jóvenes que estudien y se formen porque “el conocimiento es lo único que no les pueden quitar”, y que usen lo aprendido para ayudar a los demás, dejando una huella en la vida de las personas, porque aunque suene “muy altruista y muy cliché”, es esa vocación de amparo la que le motiva a seguir todos los días aportando desde sus capacidades, a la transformación y construcción de un mejor país. 

Comunicadora social y periodista, con experiencia en prensa escrita, comunicación institucional y trabajo con comunidades vulnerables desde el enfoque de la participación política, defensa del territorio y comunicación para el cambio social.