“…entonces un compañero, un trabajador, se fue a sacar la maleta a la finca. Él arrancó para allá y ahí mismo ese man lo mató al frente de nosotros, y al momentico el man nos soltó una ráfaga así en los pies y nos dijo que nos daba tanto tiempo, o, si no, éramos objetivo militar. Al ver eso, a todo el mundo nos tocó salir corriendo hacia afuera, dejando las casas solas y todo, los bienes y todo, y nos fuimos de ahí para arriba por el camino, y eso una zozobra, porque comenzamos a encontrar muertos en un lado, en otro, y eso la sangre corría por el camino. Fue una cosa muy horrible”. Así se lee en uno de los tantos relatos de violencia en el informe final, este exactamente, es de una masacre ocurrida en el año 2001, en el Naya, en donde fueron asesinadas 60 personas por parte del bloque Calima de las AUC.

Las masacres en el conflicto armado colombiano fue la demostración de la degradación total de la guerra, manifestación que dejó claro que no hubo límites y que las poblaciones quedaron a merced de los violentos con poca y ningún tipo de protección por parte del Estado. La perversa lógica tras las masacres fue la de imponer un control social para favorecer el vaciamiento del territorio y para generar terror en las comunidades.

Las masacres se agudizaron con fuerza en la década de los 90s y se extendió hasta buena parte de los inicios del siglo XXI, tiempo en el que la expansión de la violencia abarcó gran parte de la geografía nacional. De acuerdo a cifras del Centro Nacional de memoria Histórica, entre 1959 y 2019 ocurrieron 4.237 masacres, pero entre 1998 y 2022 ocurrió el mayor número de estas. El fenómeno se vivió en el 62% de los municipios de Colombia y dejaron 24.600 personas asesinadas, la gran mayoría civiles.

Igualmente, y a pesar de la firma del acuerdo de paz con las FARC, las masacres continuaron ocurriendo, por ejemplo, entre 2020 y 2022 se cometieron 231 que dejaron más de 200 personas asesinadas. Durante este tiempo buena parte de los afectados han sido campesinos cercanos a las zonas de concentración de excombatientes, niños, niñas y adolescentes y firmantes. Esos hechos no solo han generado terror en las comunidades, si no que han sembrado esa desconfianza hacia el Estado y pone dudas ocasionando grietas en el proceso de paz.

Ejecuciones extrajudiciales y asesinatos selectivos

 Ganar la guerra a como diera lugar ocasionó que los grupos armados buscaran por todos los medios eliminar al contrario, por ello acudieron a todo tipo de prácticas, como las ejecuciones extrajudiciales y los asesinatos selectivos.

«En el 2012 me mataron al hijo; ese sí lo mataron acá. Él tenía 28 añitos, ya tenía esposa e hijos. Iba en una moto de parrillero y le hicieron el pare al señor, y el señor no quiso parar. I va un soldado y lo mató; le pegó un tiro por la espalda. No, eso desde ahí mi vida se acabó. Se acabó mi hogar, se acabó todo […]. A la salida de Gaitania estaba tirado como si fuera un perro, y el Ejército ahí, porque decían que dizque… en la emisora salía que habían matado a un cabecilla de la guerrilla»

 En el 56% de los municipios de Colombia se llevó a cabo, como mínimo, una ejecución extrajudicial (cometida por agentes del estado). En muchos casos existió un aparato muy sofisticado para llevarlos a cabo, como lo sucedido con población civil asesinados y presentados como guerrilleros muertos en combate, episodio ampliamente conocido como los falsos positivos. También la Comisión de la Verdad cree que muchos de esos actos contaron con colaboración de otros civiles, la Fiscalía y Medicina Legal. Para la Justicia Especial para la Paz, entre 2002 y 2008 se registraron 6.402 casos.

El año con más casos reportados fue el 2007, seguido con un 2008 en donde los casos estuvieron marcados al descenso, luego que se conociera esta práctica y empezaran las investigaciones, destituciones y primeros procesos judiciales. Paradójicamente, en el mismo periodo de tiempo (2002 – 2008) hubo un descenso considerable de las masacres cometidas por las AUC, esto debido al proceso de paz con este grupo armado.

Por su parte, los asesinatos selectivos ocurrieron desde todos los bandos y fue una de las prácticas más utilizadas por los violentos como medio de hacer dominio territorial. Desde 1958 hasta el año 2021, el Centro Nacional de Memoria Histórica ha determinado que 179.076 personas han sido asesinadas selectivamente en Colombia. Tras la firma del acuerdo con las FARC, esta clase de asesinatos ha estado al alza, en donde las víctimas son principalmente líderes sociales. Para las Naciones Unidas, a corte de abril de 2022, 315 excombatientes han sido asesinados y 27 de ellos han desaparecido de manera forzosa. Por su parte, para Indepaz, a marzo de 2022, han sido asesinados 1.327 personas que ejercían algún tipo de liderazgo en los territorios.

Para el Centro Nacional de Memoria Histórica, el 42% de los asesinatos selectivos se les atribuye a los grupos paramilitares, un 16% a los grupos de guerrilla, un 3% a agentes del estado y del restante se desconoce a los autores o responsables. De otra parte, y para la JEP, esta práctica también fue realizada en el pasado, cuando se atacó a la UP con fines de exterminio. Esta justicia transicional ha logrado determinar que hubo 8.300 víctimas y 5.733 asesinados y desaparecidos.

Estos hechos se hicieron con la intención de eliminar al otro, por la razón que fuera, como pertenecer al bando contrario o tener pensamientos políticos que ubicaron a las víctimas muy lejos de la contra parte, tanto, que fueron considerados enemigos que debían desaparecer. En el conflicto colombiano y, al conocer más detalles del informe final, queda claro que hubo un especial énfasis en violentar a la población civil.

Comunicador social, periodista y escritor ibaguereño, pero formado en los Llanos Orientales. Es el autor de una serie de cuentos y relatos que dan un acercamiento a la cosmovisión del autor en el realismo. Además, es el autor de la novela El Susurro de las Tripas, el primer intento para la construcción de un universo literario inspirado y desarrollado en los Llanos Orientales.