En múltiples zonas del territorio las FARC y el ELN hicieron procesos de inserción en territorios bastante complejos en sus formas y usos, en el relacionamiento con las comunidades, en el establecimiento de órdenes políticos, sociales y económicos y en casi fundar repúblicas u organizaciones administrativas al interior del mismo Estado que reñían con el orden y la ley colombiana. Hay varios casos en los que la Comisión de la Verdad resalta la forma como la insurgencia fungió como la única autoridad en los territorios gracias al abandono estatal.

En el bajo Caguán, exactamente en el municipio de Peñas Coloradas, comunidad que nació gracias a procesos de resistencia de campesinos venidos de diversas partes de Colombia, las FARC logró posicionarse como la única autoridad conocida y permaneció de esa manera durante muchos años. En esa región las juntas de acción comunal eran la organización más destacada, muchos procesos comunitarios pasaban por las manos de esos cuerpos colegiados, pero finalmente las decisiones más importantes eran tomadas por la guerrilla.

Entre las decisiones tomadas estuvo la eliminación de los intermediarios en el negocio de la coca, personas que se llevaban una buena parte de los recursos, no pagaban impuestos y generaban conflictos sociales en las regiones, como la prostitución infantil. Esa decisión le permitió a las FARC ganar muchos adeptos entre la población, ya que hubo más recursos entre los campesinos y los niños, niñas y jóvenes estaban lejos de las cadenas de prostitución. Sin embargo, hubo hechos violentos para favorecer su poder y la cohesión.

“Ellos tenían creo que un tope, creo que era por cada minero que había, que trabajaba, cobraban como 40 o 50 gramos de oro mensual, y habíamos más de 500 mineros, claro, era muchos mineros»

Por su parte, en el Vaupés, en Taraira, la economía giraba no entorno a la coca, sino en la minería, especialmente del oro. Esto generó otras dinámicas muy diferentes, además de las condiciones selváticas del territorio, las complejidades en el acceso y total desconexión con el poder central, permitió a las FARC ejercer una autoridad casi total en todos los asuntos de la región. Allí la economía giraba entorno a los gramajes de oro cobrados a los mineros, tal y como lo señaló uno de los pobladores a la Comisión: “Ellos tenían creo que un tope, creo que era por cada minero que había, que trabajaba, cobraban como 40 o 50 gramos de oro mensual, y habíamos más de 500 mineros, claro, era muchos mineros».

Las normas de convivencia fueron impuestas por las FARC, los colonos que llegaban armados eran desprovistos de estas y la guerrilla tenía el control de estas en todo el territorio. Estaban prohibidas las peleas, los robos, consumo de drogas, estafas y cualquier cosa que alterara el orden social. Ese tipo de prohibiciones daba una clara sensación de seguridad en las calles y de alguna manera esto congraciaba a las personas con las FARC. “Sí, ellos tenían el orden, ellos nos protegían… hacían también reuniones de nada de robo, nada de estar robando a nadie, porque el que robaba…”, señala un campesino a la Comisión.

En la zona de despeje las relaciones fueron bastante complejas, ya que no solo fueron la única autoridad, sino que la poca institucionalidad que existía fue remplazada totalmente; por ejemplo, desaparecieron los funcionarios judiciales. Aunque esto fue tomado por los pobladores como mero trámite, ya que desde hacía muchos años esas zonas ya estaban despejadas, era su retaguardia en donde se movían con libertad. Así mismo, en muchas zonas circundantes se crearon pilotos en los que se experimentó en la conformación de estados duales, creándose asambleas populares en los barrios y veredas. Estas manejaban la recreación, cultura, deporte, finanzas, obras y cualquier actividad de orden social.

“Yo pude identificar que la relación entre guerrilla y civiles es buena aquí en Vistahermosa […] Se tomaba mucho, pero ellos tenían unos horarios y tenían que respetarse, y sobre todo en esas veredas no se podía agredir a otro

Con el paso del tiempo esa relación entre la guerrilla y la población se fue deteriorando poco a poco, ya que las personas deseaban gozar de derechos en igualdad de condiciones con los ciudadanos y ciudadanas de otras partes del país. Es decir, el ejercicio ciudadano empezó a ser reclamado por los pobladores. Por su parte las FARC no permitía esos relacionamientos y generaba que se crearan especies de órdenes cerrados entre las comunidades, en otras palabras, eran los efectos de un aislamiento. Además, las violaciones de las normas impuestas por las guerrillas eran duramente castigadas, incluso con la muerte.

“Yo pude identificar que la relación entre guerrilla y civiles es buena aquí en Vistahermosa […] Se tomaba mucho, pero ellos tenían unos horarios y tenían que respetarse, y sobre todo en esas veredas no se podía agredir a otro, los negocios tenían que respetarse como se pactaban, no se podía robar, quien se robara un animal era la muerte, lo desaparecían, lo mataban, lo botaban al río, no había un violador, no se podía ir a abusar de un niño, todas esas normas las tenía la guerrilla. Porque si algo había y yo doy fe de eso, es que usted como mujer podía quedarse sola en el monte, en una finca ocho, quince, veinte días, y nadie se atrevía a tocarla, o con una niña, eso no existía porque se sabía que el que atentara contra eso se moría”, señaló una mujer a la Comisión de la Verdad.

Por su parte el ELN logró consolidarse en Arauca al mismo tiempo que los procesos de colonización se daba en lugares como el Sarare que fue poblada por campesinos provenientes de Norte de Santander y que venían huyendo de la violencia bipartidista. De esa manera se enquista el ELN con la población, identificando sus necesidades, generando esquemas organizativos y dictando disposiciones.

En otras regiones de Colombia el ELN aprovechó la represión del Estado para consolidar su dominio en los territorios, como en el Cauca. Allí la dinámica estuvo marcada por las explotaciones mineras y las organizaciones campesinas e indígenas. En e Cauca la relación fue muy estrecha con los campesinos, en La Guajira y Cesar se insertaron en las comunidades palmeras y buscaron luchar las peticiones de las y los trabajadores con las empresas explotadoras. Y también establecieron estas dinámicas con comunidades indígenas afectadas por El Cerrejón.

En todos los casos las guerrillas suplieron los vacíos dejados por el Estado, impusieron sus normas y castigaron a los infractores, establecieron mecanismos organizativos rudimentarios, pero que funcionaron para mantener el orden y la estabilidad en las regiones.

Comunicador social, periodista y escritor ibaguereño, pero formado en los Llanos Orientales. Es el autor de una serie de cuentos y relatos que dan un acercamiento a la cosmovisión del autor en el realismo. Además, es el autor de la novela El Susurro de las Tripas, el primer intento para la construcción de un universo literario inspirado y desarrollado en los Llanos Orientales.