El 2020 inició con grandes cambios en la corporación más importante que tiene Villavicencio, un concejo que aparentemente es renovado a pesar de que muchos de los cabildantes llegaron al concejo con apoyos de viejos amigos apegados al poder, sin embargo, se han mostrado como un órgano beligerante, donde toda proposición se discute y se le da la oportunidad de irradiar una imagen diferente, empezando por la mesa directiva, qué, aunque inexperta, sacó adelante sin escándalos las elecciones más importantes de su vigencia 2020-2023, como lo son la elección de Personero Municipal, Contralor Municipal y Secretaría General del Concejo, y no es poco, porque el último Presidente de la Corporación que adelantó este proceso terminó destituido e inhabilitado por 10 años para ejercer cargos públicos, “por el desayuno se sabe cómo será el almuerzo” y es que de seguir así marcaría un inicio importante para adelantar un verdadero control político, lo cual sería, la razón principal de su elección.

Con los antecedentes históricos que han dejado los concejales, es difícil generar una confianza en una ciudad que cada vez cree menos en el buen ejercicio político de sus gobernantes, por cuanto no estamos acostumbrados a ver a unos cabildantes en oposición permanente y altamente propositivos, lo cual es la oportunidad perfecta para que no decepcionen; además, están ante una Administración que conoce muy bien los movimientos del Concejo y sabrá acomodar a su antojo una coalición mayoritaria cuando lo necesite. Es por eso que la Corporación debe estar a la altura y tener la independencia de tomar decisiones en favor de la ciudad, aunque esto depende también de las ambiciones personales de los concejales, es decir, si quieren ser cabildantes toda la vida o quieren avanzar en su camino político. Y el primer desafío importante será la discusión del Plan de Desarrollo, por cuanto su aprobación final se da en ese recinto de la democracia; allá el concejo será el garante de generar una mayor participación de la ciudadanía que por una u otra razón no quepa en la construcción de este proyecto, que, hasta ahora, no genera mayores expectativas, aunque eso será objeto de análisis en otra columna.

Resta esperar a la finalización de este periodo, para evaluar con más detalle el trabajo de los concejales, y saber si fueron capaces de afrontar el reto para el cual fueron elegidos, que tengan la capacidad de acompañar a la administración desde lo técnico y no desde lo burocrático, porque aún, teniendo la fuerza para someter al gobierno, mal harían en terminar de desprestigiar una institución que quiere salir de la sombra y ponerse al servicio de una ciudadanía que urge por cambios sustanciales en su visión de ciudad.

 

*Opinión y responsabilidad del autor de la columna, más no de El Cuarto Mosquetero, medio de comunicación alternativo y popular que se propone servir a las comunidades y movimientos sociales en el Meta y Colombia.

Felipe Ortiz Franco, docente, Abogado conciliador de la Universidad de Pamplona. Especialista en derecho público de la Universidad Externado.