“Fortalecer y mejorar la infraestructura y la automatización del sistema de acueducto, todo ello para disminuir el índice de agua no contabilizada, así como para garantizar a nuestros usuarios la calidad del agua que ofrecemos, la continuidad del servicio y aumentar la cobertura para poder llegar a más barrios de nuestra ciudad”.

Es el hermoso texto que nos plantea la EAAV en su página web, como el primer propósito de su gestión a nivel local. No obstante la realidad que reporta esta organización es totalmente diferente, como lo podemos observar claramente, en la respuesta que la Contraloría Municipal le entrega al Concejal Felipe Harman, cuando en medio de su investigación solicita a dicha entidad una auditoría financiera de la EAAV.

En la respuesta expedida por la Contraloría podemos validar cómo, por ejemplo determinaron que el déficit presupuestal real es de cuatro mil setecientos noventa y tres millones doscientos treinta y siete mil pesos ($4.793.237.000), que el déficit de tesorería rodea los Dos mil cuatrocientos setenta y cuatro millones ($2.474.000.000), y que además hubo una disminución de los recursos del balance en un 82%.

Sumado a lo anterior se convalidan los aumentos de gastos de operación comercial en una sola vigencia por encima del 42%, más el hecho de que la solución que se supone se debió generar en el caso de la urgencia manifiesta de agosto del año inmediatamente anterior, aún siguen sin darse por terminada; es decir completamos un año y casi dos meses y aún seguimos sin la solución al daño del año anterior y lo peor sin hacer frente efectivo a los daños subsiguientes.

Por otra parte se habla de posibilidades de inversión para mejoramiento de la planta de tratamiento de la Esmeralda (planta de tratamiento principal de la EAAV) que tiene problemas respecto de la línea de aducción que la conecta con la bocatoma y respecto de la línea distribución precisamente por el desgaste de dicha tubería, inversión que inicialmente creíamos seria muy positivas para el mejoramiento en la prestación del servicio.

Vaya sorpresa cuando al validar el fin último de la citada inversión (alrededor de 50.000 millones de pesos), nos damos cuenta que su pretensión es transformar a la actualmente funcional planta de tratamiento, en una moderna obra de tecnología; es allí donde viene la pregunta ¿de qué nos serviría como villavicenses una súper mega planta de tratamiento si no le llega agua adecuadamente y tampoco se distribuye apropiadamente?

Para ahondar en la discusión es importante aclarar que esta empresa actualmente se encuentra en un déficit tanto de tesorería como financiero, lo que implica que no tiene de donde subsidiar la mentada inversión, razón por la cual la pretensión de la administración municipal es endeudar a la EAAV para pagar una obra que resultaría no solo innecesaria, si no que en palabras castizas augura la triste mutación de nuestro acueducto en otro elefante blanco más.

Opinión y responsabilidad del autor de la columna, más no de El Cuarto Mosquetero, medio de comunicación alternativo y popular que se propone servir a las comunidades y movimientos sociales en el Meta y Colombia.

 

Abogada en formación, activista social en lucha por la autogestión comunitaria del agua, y procesos de construcción de justicia social comunitaria