Cuando se piensa en ‘defensa’, de inmediato se relaciona con acciones para proteger o salvaguardar algo o alguien de un peligro latente. Al sumar la palabra ‘territorio’ a este concepto, y la relación que tiene con el ser humano, se conciben acciones y pensamientos para proteger el entorno que generalmente se ve amenazado por intereses extractivistas. 

El extractivismo es un modelo económico y político basado en la explotación desenfrenada de la naturaleza con el fin de generar utilidades. En Latinoamérica se ha profundizado desde los años noventa, dado el incremento de los precios de algunos minerales en el mercado internacional, el agotamiento de las principales reservas en el mundo y el dinamismo del flujo de las inversiones de las empresas extractivas, según la investigación publicada en 2014, Extractivismo en América Latina.

Este fenómeno ha venido generando presión sobre diversos ecosistemas estratégicos como cuencas hídricas, la Amazónica, páramos, glaciares, lagunas altoandinas, entre otros, es por eso que cada vez se hace más necesario que se conciban luchas para defender los territorios y que las comunidades se mantengan resistiendo a los proyectos extractivistas que con promesas de abundancia y empleo terminan enfrascandolos en miseria y desastres medioambientales sin reponer los daños ocasionados. 

Es por eso que nos contactamos con Lucas Rodríguez, un joven que ha venido usando la comunicación y el arte para visibilizar las luchas por la defensa del territorio desde diferentes perspectivas, para que nos contara todo lo que ha aportado en la defensa territorial en Colombia.

EL Cuarto Mosquetero (ECM): ¿Quién es Lucas Rodríguez (LR)? ¿Qué le apasiona?

Soy Lucas Rodríguez, (Maestro en Artes Visuales de la Universidad Javeriana) soy de Boyacá, tengo 31 años, entiendo caminar como una práctica artística interdisciplinar que puede aportar a las realidades que vivimos, y desde ahí trabajo hace un tiempo, siempre aprendiendo, explorando y intentando poner en tensión las formas de hacer del arte o como se le quiera llamar.

ECM: ¿Por qué  elegir la fotografía?

LR: La cámara es una herramienta de funcionalidades múltiples, yo me encuentro con la fotografía constantemente por que ayuda a rumiar las distintas realidades de muchas formas, es una fábrica de preguntas y vivencia, que generan conocimiento, y en lo personal me gusta pensarla de forma artesanal, como un saber que transita junto a lo colectivo y territorial, que habita lo cotidiano y es parte de una genealogía que nos une.

ECM: ¿Desde cuándo inició su trasegar en la defensa del territorio desde la comunicación?

LR: Las formas de comunicación las fui entendiendo luego de varios años de aplicarlos, muchas veces unos hacemos las cosas y otros saben cómo se llama eso que hacemos, no deberíamos detenernos porque no entendemos del todo algo, con el tiempo se va entendiendo y puliendo lo que se propone, y en el hacer me fui encontrando con los conceptos, y con personas que me compartían y explicaban que una de las capas de lo que hago es la comunicación. Hace 12 años comencé con la exploración del arte aplicado a espacios públicos y formas de movilización social con varias técnicas, desde el dibujo con pólvora, aceite, agua, sangre, el muralismo, los papelones, la instalación, y todo eso me llevó a las cámaras como forma de expresión.

Por eso en el 2011 comencé a grabar y a usar las redes sociales como una vía de difusión y allí fue que me vincule a los procesos territoriales y colectivos, y comencé a orbitar en esos procesos, entonces vi una posibilidad de aportar a la visibilización de las voces que están en los distintos lugares y que son silenciadas, voces que son tachadas de analfabetas, pero que rebosan conocimientos y formas de ver lo que sucede y lo que somos.

ECM: ¿Cómo fue ese aprendizaje?

LR: El estudio da algunas bases importantes, pero todo se aprende haciendo, creo que la base real de lo que hago lo aprendí a pie, en el camino, buscando y perdiéndome, mucho de lo que se debe aprender de lo audiovisual está en andar y adaptarse a la situación y dinámicas locales. Tu puedes ir con los tremendos equipos, pero si no sabes hilar la conversa, si no sabes saludar, si no sabes ser agradecido ¿de qué sirve? Puedes ir con muchos años de estudio narrativo y técnico, pero si no sabes sortear el clima, las formas de transportarse, leer el paisaje, vincularte a la dinámica, terminaras enfrentado a lo que creías que era tu oficio y lleno de dificultades. Creo que entrenar el ojo, la palabra y la escucha es algo que me ha regalado el campo, y el ir y venir de un lugar a otro. Además. siempre hay que estar formando la manera de entender, de contar, de ver, estar picando muchas formas de hacer ayuda siempre a ir más allá.

ECM: ¿Haces parte de algún proceso organizativo?

LR: Sí, de varias formas he hecho y hago parte de procesos colectivos situados de manera distinta, pero también he tenido la oportunidad de orbitar en otros territorios y aprender de muchos procesos y formas de hacer. Hago parte de un proceso en defensa y protección del territorio de la provincia del Sugamuxi y otros lugares de Boyacá, donde ha habido un fuerte proceso extractivo y un grave deterioro del medioambiente que está acabando cultural y paisajísticamente con lo que somos. Es gracias en gran parte a las experiencias que hemos tenido en este colectivo uniendo disciplinas y lugares, que comienza uno entender que hay que espacializar las luchas, la historia, las relaciones, la formas de organizarnos y las formas de hacer, en ese proceso he entendido el caminar como práctica artística, el arte como práctica organizativa, la organización como práctica comunicativa, la comunicación como herramienta territorial, el territorio como el punto de encuentro, el encuentro como resistencia.

Foto: Lucas Rodríguez/Mural, Dexpierte Colectivo

ECM: ¿Y el muralismo, otra pasión? 

LR: El muralismo es una práctica que une muchos elementos y metodologías,  lo veo como una herramienta de expresión pública que sitúa colectivamente una idea, y en los contextos locales hasta activa una forma de cooperación social, personalmente siento que está muy relacionado con la metodología de las demás prácticas, digamos, a veces si  voy a hacer un mural debo charlar con la gente, ir a buscar la fotografía, entender dónde estoy, caminar esos lugares, crear la logística de la actividad, ahondar de cierta forma en la historia del sitio, las violencias, problemáticas, el paisaje, las prácticas culturales, y productivas de esos sitios y ahí va uno entendiendo qué puede ir en el muro. Entonces más que una pasión, el muralismo viene siendo una de las herramientas, una de las prácticas artísticas con las que se puede incidir en una dinámica colectiva. 

He tenido la oportunidad de trabajar como muralista y respeto y admiro mucho a los que se dedican 100% a este oficio. También en amistad, acuerdo y comunicación con algunos muralistas o ilustradores, han reinterpretado mi trabajo fotográfico para llevarlo a un proceso gráfico, y cuando llega una de mis fotografías a un muro u otra expresión, creo que se está devolviendo el sentido a ese esfuerzo por lograr una imagen, se está tejiendo territorio y reactivando la relevancia de las personas retratadas y sus lugares, yo creo que el muro es una voz colectiva.  

ECM: Pero además eres bueno con la ilustración ¿no es cierto?

LR: La ilustración es otra de esas prácticas con las que se puede contar, denunciar, visibilizar, promover, propagar, etcétera. Y la veo muy cercana a la fotografía, me gusta ilustrar a partir de mis fotografías por que me ayuda a entender mejor mi proceso fotográfico y a exigirme más en cómo lograr las imágenes que busco.

Foto: Lucas Rodríguez/Mural, Guache.

ECM: ¿Es trabajando que has podido recorrer tantos territorios? 

LR: Sí, a veces se vincula uno a procesos desde la pedagogía y expresión artística o visual, otras veces son videos colaborativos donde a través de la unión de fuerzas se hace posible llegar a productos audiovisuales, otros han sido de turismo comunitario, otros desde la comunicación alternativa y la denuncia, la educomunicación, y así, he participado de invitaciones a varios territorios. Me he vinculado a procesos en unos 12 departamentos y ha sido un aprendizaje constante.

ECM: ¿Por qué la importancia de visibilizar la ruralidad?

LR: Considero que es necesario acercarnos al campo, este país ha pasado por muchas guerras, muchos desplazamientos y se ha querido desde lo oficial hacer una ruptura con lo rural,  se ha intentado aislar la ciudad del campo, por eso creo que no solo desde la agricultura sino desde todos las formas posibles se debe alimentar esa visión de lo que somos, que eso realmente viene de la relación con la naturaleza y en las zonas rurales .

ECM: ¿Qué estuviste haciendo en Francia?

LR: En Francia estuve exponiendo y proyectando en marzo de 2019, en el Festival Cine Latino en Toulouse, Vayrac y París, un proceso documental en video y fotografía llamado ‘Lugares de Agua’, hecho junto a una asociación francesa llamada Crear Escuela, quienes gestionaron la realización y circulación del documental,  donde la intención en ese momento fue hilar la vida en La Guajira y Boyacá, hacer una analogía de la situación en lugares que parecen muy distintos pero que cuando se mira más de cerca, hay muchas cosas que los unen y relacionan, entre esas, una problemática minera a cielo abierto y a gran escala, pero también un entendimiento del territorio y una visión sobre el agua. 

ECM: ¿Cómo te pareció esa oportunidad, ese logro?

LR: Para mi fue una experiencia muy interesante, se aprende mucho viajando, y es muy esperanzador ver que hay muchos que estamos creando, proponiendo, colectivizando juntándonos, y tejiendo en medio de las diferencias. 

ECM: ¿Cómo se ve Lucas de ahora en adelante? 

LR: Andando.

Luchas Rodriguez es un joven al que definitivamente no deben perderle la pista, para seguir disfrutando a través de sus fotografías, ilustraciones e incluso murales, lo que representa la ruralidad y los procesos de defensa territorial que se están generando desde los territorios.