Desde hace décadas, con el proyecto Chingaza I, Bogotá se abastece del agua de la Orinoquia, lo que ha generado una gran sequía en ríos como Guatiquía y Guayuriba. Con Chingaza II, la región podría quedar en un preocupante agostamiento. 

En 1930 Bogotá proyectó su latente crecimiento poblacional y empezó a buscar formas de obtener fuentes extra de agua para abastecer a sus habitantes. Cuarenta y cinco años después, el Ministerio de Agricultura otorgó los permisos pertinentes para empezar con las captaciones del líquido vital, pues en ese entonces no existía una dependencia enfocada en el ambiente.

Cuatro años después, notando que el páramo de Chingaza es el más cercano a la capital del país, se desarrolló el ‘proyecto Chingaza I’ desde 1969 hasta 1973. En sus estudios de prefactibilidad se define la primera etapa de este plan como “la fuente más atractiva de agua para el sistema de abastecimiento de agua potable para Bogotá. Las hoyas (cuencas) hidrográficas de los ríos Guatiquía y Chuza han sido desviadas por gravedad hacia Bogotá; algunas otras corrientes de la vertiente del río Blanco se captan a lo largo de la línea de conducción”. La obra se concluyó en 1982, y empezó a funcionar después de un año, contratada por la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB).

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Pero, ¿Por qué es tan grave Chingaza I? Según el ambientalista Henry Marquez, los ecosistemas tienen ciclos de agua y están interconectados, por lo que, al alterar artificialmente las corrientes hídricas, se afectan a todos las fuentes de agua existentes en la región. Incluso los acuíferos se ven afectados dado que entre lluvias y sequías, se disminuye la cantidad de captación de agua. 

“Cuando tu vas a la bocatoma, la cantidad de agua que se retira, es muchísima, realmente son 14 metros por segundo (…) pero lo más grave es que dejan un chorrito muy pequeño que es lo que se convierte en el río Guatiquía que nosotros tenemos en este momento”, explicó Márquez. De hecho, este afluente, catalogado como uno de los más importantes de Villavicencio, ha perdido por completo su caudal, iniciando otros procesos físicos y geológicos en la tierra como la sedimentación generada a partir del cauce o arrastre disminuido, que produce cada vez menos profundidad y por ende, menos espacio para almacenar el agua lluvia que cae durante la temporada invernal, esto es lo que efectúa las inundaciones que ponen en apuros a las comunidades que tienen sus viviendas en sitios aledaños a este río. 

Pero no son solo los pasivos ambientales, la sedimentación también le quitó a la región la posibilidad de impulsar un mecanismo de transporte de mercancías, pues el Guatiquía antes de su deterioro, era un río navegable. “También nos ha limitado las posibilidades económicas en cuanto a pesca y en cuanto a agricultura”, afirmó Márquez, quien sostiene que hasta el momento, a la Orinoquía no se le ha reconocido el más mínimo impacto. 

Sigue la amenaza latente

Según el libro Identificación y Evaluación de Impactos Ambientales de la EAAB, “los caudales captados por el sistema Chingaza, se aproximan a los 14 m³/s. Si se compara este valor frente al promedio anual multianual para la estación Cabuyaro a la altura del municipio de Cabuyaro la cual arroja un valor de 871 m³/s, se tiene que porcentualmente es muy baja”.

En otro aparte se lee “las captaciones de este río (Guayuriba) alcanzan una media de 1,8 m³/s sobre un total de la cuenca de 133,4 m³/s, considerándose un valor bajo en magnitud del caudal.”

Sin embargo, la cantidad de agua extraída, no estaría produciendo un impacto bajo como se asegura en los textos. De hecho, el ambientalista Nelson Vivas, quien lleva dando la lucha en contra de este proyecto desde hace décadas, comentó a El Cuarto Mosquetero que “Como uno no entiende, entonces uno dice ‘Ah, poquito’, eso mismo pensé yo cuando empecé a conocer eso. Pero resulta que con un metro cúbico por segundo, se abastece a un millón de seres humanos, ¿Cómo será con 14?, ¿Cómo será con dos?”.

La desmedida extracción de agua de la Orinoquía bajo Chingaza I, fue algo ya imposible de detener, el proyecto ya estaba terminado y puesto en marcha. Pero parece ser que tal nivel de extractivismo no es suficiente. Hoy la región enfrenta una amenaza que podría ser mucho más nociva: Chingaza II. 

En realidad, esta pretensión se viene proyectando desde la década del 90, cuando se realizaron los diseños entre diciembre de 1996 y julio de 1999. En 1998 se socializó el proyecto Chingaza II en la Cámara de Comercio de Villavicencio, pero no hubo respuesta ciudadana, ni gubernamental y tampoco se comunicó el mensaje a las organizaciones ambientales, según Vivas. 

Chingaza II busca captar agua de 6,9 metros cúbicos por segundo, entre otros afluentes, del río Guájaro y la quebrada Blanca, en San Juanito; quebradas Joaquín y Balcones, en Guasca; quebradas Chorreras y Santa Bárbara, en Junín, y del río Guatiquía en Fómeque. 

La riqueza hídrica, de oxígeno y biodiversidad que existe en la región se debe a la conexión de la selva Amazónica con la cordillera oriental de los Andes y el Altiplano Cundiboyacense y la Orinoquia. Este bloque regional e interregional cuenta con gran cantidad de bienes y servicios ecosistémicos. Esto ocurre por los ciclos hídricos, de vida y climáticos que actúan gracias al equilibrio de los ecosistemas, que a pesar de la deforestación y contaminación continúan funcionando. “Si se alteran estos ciclos, toda el área estará en serias dificultades. No olvidar que la selva Amazónica además de aportar agua es fundamental en el equilibrio climático planetario”, explicó Vivas.

Archivado y reactivado

En 2012 el proyecto había sido archivado por Gustavo Petro cuando llegó a la Alcaldía de Bogotá, años antes había asistido a un debate en el Congreso donde Vivas argumentó las graves consecuencias que Chingaza II dejaría para la región Orinoquía. Sin embargo, cuando Enrique Peñalosa ocupó la jefatura municipal en 2015, el proyecto fue reactivado pero hasta el momento no se ha implementado gracias a la participación y oposición de organizaciones ambientales y educativas como Cabildo Verde de Villavicencio, Educadores del Meta,  el colegio Cooperativo Antonio Villavicencio, Alberto Lleras Camargo, Francisco José de Caldas, Colegio la Salle, Eduardo Carranza, Colegio Juan Pablo II, Fundación Nakuaní, Tierra Mágica, Agua y Vida, y Comité Cívico de Villavicencio.

Pero ahora Chingaza II cobra mayor viabilidad ante la posible aprobación de la Ley “Por medio de la cual se desarrolla el Artículo 325 de la Constitución Política y se expide el régimen especial de la región metropolitana Bogotá – Cundinamarca”, la cual fue presentada ante la Cámara de Representantes en agosto de este año. “Como se está formulando esto, daría vía libre a múltiples proyectos de urbanización de la sabana, los cuales requieren agua, que sacarían de nuestra microcuenca del Guatiquia con proyectos como Chingaza II”, explicó Márquez. El Plan de Ordenamiento Territorial que se está construyendo en la capital del país, también representaría una amenaza. 

“Nos estamos enfrentando a una expansión urbana desmedida, que se ve más como un negocio, que como crecimiento y desarrollo”, advirtió Márquez. Es necesario tener en cuenta que en esta ocasión serían 24 m³/s los extraídos de las fuentes hídricas de la Orinoquía, para llegar a un total de 40 m³/s. Además, aseveró el ambientalista, de llegarse a construir Chingaza II, abriría las puertas a proyectos como Sumapaz I, II y III. “Estamos hablando de cuatro embalses que terminan afectando el piedemonte. Aquí estamos hablando de la quiebra económica total de todo el Piedemonte Llanero”. 

Los frailejones corren peligro

Cabildo Verde considera que un impacto como el que genera el trasvase de aguas es altamente perjudicial para la región de donde se extrae el recurso y el área en el que se deposita el agua. “La Orinoquia no debe soportar más trasvase de sus fuentes y Bogotá distrito capital, junto con la cuenca del río Magdalena tendrían que soportar problemas de inundaciones y dificultades para drenar un agua que genera traumatismos en la región metropolitana Bogotá – Cundinamarca, pues en varias ocasiones se han presentado que las aguas residuales salen por los alcantarillados ocasionando graves problemas de salubridad para los habitantes del altiplano”, declaró la organización.

Y agregó: “Además el proyecto Chingaza II es inconstitucional pues se pretende construir inundando el Parque Nacional Natural Chingaza”, lo que significaría un grave desacato del Artículo 63 de la Constitución nacional que señala: “Los bienes de uso público, los parques naturales son inalienables, imprescriptibles e inembargables”.

Valle de los Frailejones, Parque Nacional Natural Chingaza. Foto: Parques Nacionales Naturales de Colombia.

Cabe recalcar que, el frailejón es la planta más representativa del páramo, esta especie que habita en el parque Nacional Natural Chingaza , cubre grandes áreas y al florecer, entre septiembre y noviembre, le imprime un pintoresco tono amarillo al paisaje. 

Un frailejón tarda un año en crecer un centímetro y en el lugar se pueden observar plantas de este tipo con tres metros de altura, es decir, con 300 años de edad. Chingaza II, según Márquez, requiere inundar ese ecosistema para su embalse, lo que cobraría una vida larga e irreparable de esta curiosa e importante especie. 

Dada la situación, las organizaciones ambientales proponen que tanto la Orinoquia como la región metropolitana trabajen mediante convenios nacionales e internacionales en la recuperación del bosque Amazónico, pues el agua que consumen ambas regiones proviene del río aéreo que alimenta esta selva. El efluente es conducido por los vientos alisios que precipitan en el piedemonte, en la cordillera y en los páramos alimentando las aguas superficiales y subterráneas para los dos lugares. 

Es por eso que se le hizo un llamado a representantes de los municipios y departamentos para generar inversión, sobre todo a la EAAB, con el fin de garantizar la disponibilidad del líquido vital y evitar una grave sequía en la región.

Comunicadora social y periodista, con experiencia en prensa escrita, comunicación institucional y trabajo con comunidades vulnerables desde el enfoque de la participación política, defensa del territorio y comunicación para el cambio social.