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Una batalla silenciosa: cuando el dolor “menstrual” oculta la endometriosis

Por años, la medicina ha ignorado el dolor de las mujeres, hombres trans y personas no binarias tratándolo como una condición inherente a su género. En el Día Mundial de la Endometriosis, es una fecha importante para hacer el llamado a un sistema de salud que prefiere recetar sedantes antes que investigar la raíz de ese padecimiento.

Cuando Mónica* cumplió 30 años, decidió dejar de planificar. Le parecía un paso natural hacia una nueva etapa que terminó convirtiéndose en el inicio de un laberinto. Al principio fueron periodos irregulares; luego, un dolor menstrual que, lejos de ser un «cólico común», empezó a extenderse. Y ya ni siquiera con la regla se iba. Apareció la inflamación constante, infecciones urinarias recurrentes y una extraña intolerancia a alimentos que antes no le hacían daño. 

Un estándar alejado de la realidad 

“Yo sentía que algo pasaba, pero cuando iba al doctor, los exámenes, la citología, las ecografías, absolutamente todo aparentaba estar en orden”, relata ella, cuya identidad es el espejo de millones. En los pasillos de las clínicas, la respuesta era siempre recetar analgésicos genéricos y una mirada condescendiente que sugería que su dolor era una exageración o algo «propio de ser mujer».

Según la Universidad de Utah, el cuerpo masculino ha sido el «estándar universal» en la ciencia. Durante décadas, las mujeres fueron excluidas de los ensayos clínicos bajo el pretexto de «proteger la fertilidad» o por la complejidad de los ciclos hormonales.

Este vacío de información ha generado un trato desigual a la hora de dar un diagnóstico. E estudio Disparidad de género en el tratamiento analgésico de pacientes del servicio de urgencias con dolor abdominal agudo publicado en la revista Academic Emergency Medicine, reveló que cuando una mujer reporta dolor abdominal es mucho más probable que ignoren sus síntomas o que tarden más en atenderla porque asumen que ‘es normal’ o que es solo dolor menstrual. 

La normalización del dolor “por ser mujer”

“Los médicos me hicieron pensar que ese dolor tenía que ser normal porque soy mujer”, recuerda Mónica, a quien el diagnóstico le tardó cuatro años en llegar. Cuatro años de caminar a ciegas hasta que un médico de su EPS pronunció una palabra que ella jamás había escuchado: Endometriosis. Sin embargo, aquel término desconocido se quedó en el aire. Aunque en Colombia existe una Ley de Endometriosis desde 2021, la realidad en los consultorios es que no se implementa.

“La EPS nunca confirmó en mi historia clínica la enfermedad y eso se debe a que aunque existe una Ley, no está reconocida ni implementada. El país está en deuda con nosotras porque formularon una Ley pero no la implementaron”, explica. Esta negligencia institucional la obligó a buscar respuestas por su cuenta, refugiándose en grupos de apoyo de mujeres que, como ella, han tenido que costear de su propio bolsillo cirugías y mapeos especializados porque “la realidad, es que el sistema de salud no nos reconoce porque no quieren asumir los costos de tratamientos”, concluye.

Vivir con endometriosis es aprender a vivir con la incertidumbre. “Esta enfermedad te puede quitar todo si te descuidas (…) puede invadir tus órganos y atrofiarlos”, confiesa con el agotamiento de quien debe convencer al mundo diariamente de que «está bien» porque la sociedad no permite pausas.

La endometriosis no es solo dolor; es fatiga crónica, es el riesgo de infertilidad y es, sobre todo, un camino solitario. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), hay al menos 190 millones de mujeres en el mundo lidiando con esto. O sea, el de Mónica no es un caso aislado; es una crisis de salud pública invisibilizada por el tabú de la menstruación.

Creerle al cuerpo: un acto de resistencia 

En este Día Mundial de la Endometriosis, Mónica insiste en que el umbral del dolor de las mujeres no es el que falla, falla la interpretación médica de su salud.

“Mi mensaje para las mujeres es que no importa la edad que tengas, siempre créele a tu cuerpo. Si sientes que algo no está bien, no permitas que ni siquiera un médico te diga lo contrario”, dice. 

La lucha hoy es por políticas públicas reales, por especialistas que no minimicen los síntomas y por una sociedad que deje de llamar «pereza» al agotamiento de una enfermedad crónica. Porque el dolor menstrual que incapacita no es normal; es un grito del cuerpo que la ciencia, por fin, debe empezar a escuchar.

*La fuente solicitó el anonimato debido al estigma y los tabúes que aún rodean a esta enfermedad.

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