La participación ciudadana, en procesos de ordenamiento territorial, es el sustrato de la construcción social de las ciudades, posibilitando una intervención activa en las decisiones que las orientan y procurando establecer un conocimiento de las necesidades, deseos y perspectivas de múltiples sectores económicos y sociales.

El Acuerdo 287 de 2015, Plan de Ordenamiento Territorial de la ciudad de Villavicencio, en varios de sus documentos técnicos de soporte establece que fue construido de manera colectiva “teniendo en cuenta el pensar y sentir de sus habitantes al momento de la toma de decisiones”, en cuanto a la etapa de formulación, el POT se ufana de haber realizado una convocatoria abierta en la que la Secretaría de Planeación recibió 143 propuestas que hicieron parte integral de dicha etapa.

Al solicitarle esas 143 propuestas a la Secretaría de Planeación, la respuesta expone que después de una búsqueda selectiva en su base de datos solo se logró encontrar 70 de las 143 (Anexo). Sí, 73 propuestas se encuentran perdidas, las 70 restantes, aunque despliegan múltiples posiciones particulares, que van desde la modificación de usos del suelo en predios específicos hasta el reconocimiento y ampliación de áreas industriales, en ningún documento del POT se establece cómo fueron analizadas o acogidas, al igual que no se puede evidenciar un empalme entre las mesas temáticas y las jornadas de trabajo con la comunidad en general, gremios y entidades públicas.

La percepción de la ciudadanía en relación a su inclusión en la planificación de la ciudad de Villavicencio arrojó un índice negativo del 62.2%, según una encuesta realizada en el mes de octubre de 2019, el control por parte de los habitantes a múltiples procesos de ordenamiento territorial desencadenan en acciones de coerción que desde la Administración Municipal se promueven, ya sea por desidia, o por problemas estructurales de comunicación, frecuentemente se recurre a subterfugios, a respuestas tangenciales y superfluas ante las peticiones de los ciudadanos. La construcción social del territorio a partir de la participación ciudadana redunda en reuniones de socialización, formalización o una simple recolección de firmas que pretende validar las prospectivas gubernamentales, además, los procesos de participación no abordan decisiones categóricas y conceptuales en la construcción del propósito y visión de ciudad.

Por otro lado, es necesario resaltar que, aunque las visiones y principales desarrollos de las ciudades en Colombia se proyectan a 12 años por los planes de ordenamiento territorial, el desconocimiento y desentendimiento por parte de las Administraciones Municipales, plantean visiones, empalmes y desestructuraciones cada cuatro años en torno a líneas conceptuales ya trazadas, pasando de una autonomía territorial a una autonomía parcializada y sesgada desde cada administración, en consecuencia, los planes de ejecución en la mayoría de gobiernos se visualizan solo a partir del cumplimiento de indicadores, pero no se interiorizan, piensan y estructuran metodologías para la realización y seguimiento de las acciones ahí expuestas.

El entendimiento del territorio con el fin de planificar ciudad se debe priorizar a partir de la inclusión de los habitantes como sujetos actores de los espacios colectivos, Edward Glaeser plantea que: “La prosperidad de muchas ciudades del mundo, se debe a su capacidad de generar nuevas ideas”, de hecho, promover procesos participativos en la construcción de ciudad, posibilita un pensamiento plural de prospectiva y visión desde quien la habita, dichos procesos permiten conocer a profundidad fenómenos fácticos en torno a las disfuncionalidades y virtudes urbanas, como la base de acciones que permitan cohesionar las estructuras de funcionamiento y soporte de ciudad.

 

(Villavicencio, Colombia, 1995) Estudiante de arquitectura y editor de revista de arquitectura y poesía Cúpula.