La ciudad de Villavicencio capital del departamento del Meta, tiene una población aproximada de 506.000 habitantes (DANE 2017), cerca del 87% de la población cuenta con servicio domiciliario de agua, y de este porcentaje aproximadamente un 20% se suple por medio de acueductos comunitarios.

El abastecimiento de agua la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Villavicencio, es obsoleta para cubrir las necesidades de la población, situación claramente visibilizada en los racionamientos repetitivos cada año, como consecuencia de los errores infraestructurales y de inversión del mismo; periodos en los cuales a pesar de la clara invisibilización, los acueductos comunitarios han sido la clave para sortear el desabastecimiento latente.

A lo anterior se suma el apoyo casi nulo (contrario incluso al plan actual de desarrollo municipal 2016-2019) por parte de las diferentes administraciones y los hostigamientos contra dichas organizaciones por medio de oficios, visitas inesperadas, auditorias, toma de muestras sin autorización ni permisos; trabas muy cuestionables en temas de otorgamiento de concesiones por parte de la CAR responsable, entre otras.

Es de resaltar que en Villavicencio “durante los últimos 50 años, las organizaciones de acueductos de forma autogestionada, partiendo de relaciones basadas en la solidaridad y reciprocidad, y con el trabajo colectivo de las comunidades han construido sus sistemas de abastecimiento de agua respetando los ciclos hídricos de los territorios” (Diego Martínez – Censat Agua Viva).

No obstante, las acciones de la administración municipal e incluso departamental no muestran el más mínimo respeto a esa titánica gestión que han sostenido los acueductos comunitarios bajo sus propios saberes y fondos, y por el contrario pareciese que la única intención es conducirlos a toda costa a la privatización o expropiación, lo que indudablemente generaría perdidas históricas, culturales y ambientales incalculables.

Es así como para el año 2014 gracias al trabajo conjunto de organizaciones como “Proyecto Gramalote”, “Censat Agua Viva” y un grupo importante de acueductos comunitarios, se da origen a una organización que les permitiera auto protegerse, apoyarse, autoformarse, auto gestionarse y formalizarse, para enfrentar así los embates de las diferentes administraciones y sus respectivas entidades, permitiéndoles conservar su identidad y carácter de comunitarios.

Organización que hoy por hoy conocemos como “Acer Agua Viva”; que articula grupos de carácter comunitario y sin ánimo de lucro, que tienen como base social las comunidades organizadas de primer grado, que se han constituido en acueductos comunitarios rurales o urbanos, y que se han sostenido en el tiempo luchando como aguerridos centauros por la protección de su derecho a la gestión comunitaria del agua en Villavicencio.

Gestión que viene dando sus frutos constatables en las articulaciones logradas con diferentes organizaciones locales y regionales, que creen en la labor desarrollada y ven como un gran ejemplo la ejecución del proyecto “Mi Acueducto Comunitario” desarrollado en el Barrio Villa Lorena y que implementó la primera planta de tratamiento de agua apta para el consumo humano totalmente autogestionada.

*Opinión y responsabilidad del autor de la columna, más no de El Cuarto Mosquetero, medio de comunicación alternativo y popular que se propone servir a las comunidades y movimientos sociales en el Meta y Colombia.

Abogada en formación, activista social en lucha por la autogestión comunitaria del agua, y procesos de construcción de justicia social comunitaria