“No sabemos en dónde empieza el mal, si en las palabras o en las cosas, pero cuando las palabras se corrompen y los significados se vuelven inciertos, el sentido de nuestros actos y de nuestras obras también es inseguro. Las cosas se apoyan en sus nombres y viceversa.” Octavio Paz – El arco y la lira.

El Acuerdo 287 de 2015, Plan de Ordenamiento Territorial de la ciudad de Villavicencio, desde su propósito y visión de ciudad plantea un cambio en el modelo de ocupación. Pasar de un modelo monocéntrico a uno policéntrico, con el fin de mejorar la capacidad, cobertura, tiempos de desplazamiento y transporte. Como política de funcionalidad se establece que el cambio busca desconcentrar los servicios del actual centro con base en las proyecciones poblacionales, los requerimientos de áreas futuras y la configuración de modelos tendenciales para su espacialización. La creación de centralidades alternas al centro histórico plantea la necesidad de proyectar una nueva estructura urbana, soportada en la armonización con múltiples componentes de la ciudad como la movilidad, los usos del suelo, las infraestructuras de soporte urbano, los tratamientos urbanísticos, el componente ambiental y las nuevas centralidades.

El Plan de Ordenamiento Territorial esboza conceptos imprecisos en torno a su “modelo de ocupación”, en la “visión de ciudad” plantea que, Villavicencio a largo plazo, se consolidará a través del “modelo de ordenamiento funcional policéntrico” sus objetivos, políticas y estrategias, en cambio, en el Artículo 6, objetivo de funcionalidad, la primera política es transformar el “modelo de ocupación” de Villavicencio en un municipio policéntrico.

La dicotomía planteada entre modelo de ordenamiento y modelo de ocupación se puede dirimir desde lo normativo ya que la Ley 388 de 1997 establece que “se entenderá por estructura urbano-rural e intraurbana el modelo de ocupación del territorio que fija de manera general la estrategia de localización y distribución espacial de las actividades, determina las grandes infraestructuras requeridas para soportar estas actividades y establece las características de los sistemas de comunicación vial que garantizarán la fluida interacción entre aquellas actividades espacialmente separadas.”, evidenciando el análisis somero, por parte del equipo formulador del POT, en cuanto a la nominación y discernimiento entre los conceptos de modelo de ordenamiento y modelo de ocupación. Incluso las dicotomías nominales y conceptuales, lleva en varias ocasiones a nominar áreas de actividad intensiva o centralidades como “policentros”, planteando una multiplicidad de interpretaciones sobre los polígonos establecidos.

Las nuevas áreas de actividad intensiva presentan algunas particularidades en cuanto a su vocación en la ciudad, los usos principales y la competencia o complementariedad con la que se relacionan. En la centralidad histórica se concentran la mayoría de servicios financieros y administrativos, su régimen de usos plantea como actividad principal el comercio grupo II, es decir oferta de bienes y servicios “que no son complementarios a la vivienda y que son medianamente compatibles con las Áreas de Actividad Residencial, caracterizándose por ser actividades que pueden generar impactos que afectan la calidad de vida de los residentes”. La disyuntiva planteada en la descripción de lo que es el comercio grupo II se intensifica teniendo en cuenta que el régimen de uso complementario para esta centralidad es la vivienda.

Las centralidades periféricas pretenden servir como “polos de desarrollo alternativos a la centralidad histórica”. Por su régimen de usos y alta edificabilidad se proyecta como un destino principal de deseo de viaje, sus usos principales son comercio grupo II y equipamientos categoría 3, que en términos de ruido y movilidad son aquellos que pueden generar impactos negativos, sus usos complementarios son vivienda, comercio grupo III, es decir, oferta de bienes y servicios que no son compatibles con la vivienda, y equipamientos categoría 2, que son infraestructuras de soporte de ciudad, movilidad y servicios públicos, generando así, una gran posibilidad de usos, pero homogenizándolos en las tres centralidades.

Adicionalmente, la función principal de la centralidad lineal es servir como polo de desarrollo regional, su régimen de usos principales son comercio grupo III y equipamientos categoría 3, sus usos complementarios son comercio grupo II y equipamientos categoría 2, esta centralidad con dicho régimen de usos se proyectó sobre el anillo vial, sus múltiples actividades carecen de tipificación de vocación y tiende a homogenizarse con las centralidades periféricas.

La falta de sustento en el empalme de la conceptualización de las centralidades con sus regímenes de usos y su vocación en la ciudad, plantea una disyuntiva respecto a la incidencia de estos polígonos en su articulación con el territorio, proyectándose como focos abstractos que solo desencadenan planteamientos especulativos sobre la renta del suelo y actividades supeditadas a supuestos desarrollos urbanísticos que desconocen su contexto.
Esta dicotomía e imprecisiones del POT son el comienzo de complejidades y vacíos latentes que se abordarán en una serie de artículos semanales.

(Villavicencio, Colombia, 1995) Estudiante de arquitectura y editor de revista de arquitectura y poesía Cúpula.