Frank es un colombiano víctima de la violencia y que viaja por distintos lugares del mundo haciendo activismo en favor de las personas que han sido afectadas por la desaparición forzada; en un momento mientras estaba en Alemania, su hija, de tan solo 5 años, lo llamó a los gritos: “Papá tienes que ver esto”. En un televisor estaba una señora diciendo que trabajaba buscando personas dadas por desaparecidas. La niña le dijo a su padre que esa señora podía encontrar a su abuelita. Frank, algo cabizbajo, se sentó junto a la pequeña y le contó que la abuelita fue encontrada muerta hace muchos años y que por eso él trabajaba haciendo activismo.

“Listo, papá, yo entiendo todo eso, está bien, eso fue lo que pasó, pero ¿a mí porque me quitaron el derecho de tener una abuela?” En ese momento, Frank comprendió que hay crimines que pasan de generación en generación haciendo un daño difícil de reparar. La pregunta de la niña denota que existe ciertas herencias del dolor y que hay serias dificultades para comprender que un conflicto fracturó a su familia antes de ella nacer.

En el caso de Olga María, la mujer de la que se ha hablado en las pasadas dos entregas, la situación fue compleja. Cuando era una mujer adulta y cuando se enteró que su segundo embarazo era una niña, intentó abortar, ya que recordó los días en los que fue abusada por su abuelo y maltratada físicamente por su hermano mayor. Adicionalmente, ese embarazo fue no deseado, al nacer la niña Olga María reprodujo el maltrato físico que ella vivió en su hija.

“Cuando me enteré de que era una niña, fui y me tomé 50 pastillas de acetaminofén. El papá de los niños me llevó a urgencias, entonces me metieron algo que me dio diarrea y vómito, una cosa terrible. Total, mi hija se salvó y luego nació, y yo en ese momento la miré y dije: “Luisa no tiene que vivir lo que yo viví”. Pero vuelve y se repite la historia. Le pegaba y hacía lo mismo que mi mamá: “Cuidadito llora porque le pego”. Le hacía tragar el llanto. Hoy en día cómo me pesa. De mi parte recibió demasiado maltrato, tanto así que un día yo le dije: “Vaya a la iglesia y pídale a Dios a ver si de pronto usted cambia”, y llegó y me dijo: “¿Usted cree que con tanto maltrato yo voy a creer en Dios?”

Olga María le narró a la Comisión de la Verdad que ahora su hija, Luisa, es muy fuerte o cruel con ella misma y ha adquirido ciertas dependencias emocionales. Para Olga esa es como una cadena de dolor que sigue y sigue de un hijo al otro y parece que la violencia está ahí, muy presente. La carga para la mujer es tan fuerte, que durante mucho tiempo ha intentado poner las cosas en orden, encontrar cierta paz y solo espera que su hija Luisa en algún momento le perdone cada uno de los errores que cometió mientras la crió.

El caso de Olga María y de Frank, son las muestras de cómo la violencia ha sido transgeneracional, especialmente cuando se trata de víctimas menores o hijos de las víctimas. Los impactos superviven no solo en la memoria de las víctimas primarias, sino que la huella se queda afectando a familias enteras, que en muchos casos se fracturan quedando sin espacios para el reencuentro o la reconciliación.

Comunicador social, periodista y escritor ibaguereño, pero formado en los Llanos Orientales. Es el autor de una serie de cuentos y relatos que dan un acercamiento a la cosmovisión del autor en el realismo. Además, es el autor de la novela El Susurro de las Tripas, el primer intento para la construcción de un universo literario inspirado y desarrollado en los Llanos Orientales.