
Donde antes hubo silencio, hoy hay escuela: Inauguran sede en el sur del Meta
En una vereda, 17 niñas y niños estrenaron escuela. Lo que parece una simple inauguración es, en realidad, el resultado del esfuerzo de una comunidad que levantó paredes y esperanza para que la educación vuelva a ser el corazón del territorio.
El 04 de febrero de 2026 no fue un día cualquiera en el sur del Meta. Mientras el sol apenas comenzaba a asomarse sobre las montañas, un grupo de personas emprendía una travesía por las trochas polvorientas que conectan municipios, veredas y memorias del conflicto armado. No viajaban por turismo ni por protocolo. Viajaban para inaugurar una escuela.
La ruta comenzó en Granada, siguió hasta San José del Guaviare y avanzó hacia la vereda Puerto Cachicamo. Allí, en medio del cansancio del camino, organizaron los kits escolares que al día siguiente llegarían a manos pequeñas y expectantes. Había cuadernos, colores, esferos, y, sobre todo, mucha ilusión.
La iniciativa era liderada por la Diócesis de Granada, a través de su Pastoral Educativa, con el acompañamiento de la MAPP OEA, la Defensoría del Pueblo (regional Guaviare), la Gobernación del Meta, Benposta y el medio de comunicación alternativa y popular El Cuarto Mosquetero.
La ruta comenzó en Granada, siguió hasta San José del Guaviare y avanzó hacia la vereda Puerto Cachicamo. Allí, en medio del cansancio del camino, organizaron los kits escolares que al día siguiente llegarían a manos pequeñas y expectantes. Había cuadernos, colores, esferos, y, sobre todo, mucha ilusión.
La iniciativa era liderada por la Diócesis de Granada, a través de su Pastoral Educativa, con el acompañamiento de la MAPP OEA, la Defensoría del Pueblo (regional Guaviare), la Gobernación del Meta, Benposta y el medio de comunicación alternativa y popular El Cuarto Mosquetero.
Oficialmente, Sede Educativa El Remanso.
Al amanecer del 05 de febrero, la caravana retomó la trocha que, durante dos horas, los llevó a lo que desde ese día sería oficialmente la sede El Remanso, adscrita a la Institución Educativa Santa Teresa del municipio de La Macarena.
A las nueve de la mañana comenzó la Eucaristía. Bajo un techo sencillo y entre paredes de tabla, el padre Jhon Hary Ruíz presidió una eucaristía, celebró un bautismo y habló de urgencias y de esperanza. Recordó que hay niños y niñas creciendo en la ruralidad dispersa, rodeados de historias de violencia, y que la respuesta más inmediata y más poderosa es ofrecerles un entorno protector. “Y la mejor respuesta es la Escuela”, dijo el presbítero, quien también es el director general de la Pastoral Educativa de la Diócesis de Granada.
La comunidad escuchaba en silencio, con esa atención profunda que nace cuando lo que está en juego es propio. Luego se presentaron Katherin Ocampo y Roberto Lucumí, en representación de la Junta de Acción Comunal. Hablaron de dignidad. Recordaron que esa escuela no cayó del cielo ni llegó en un camión oficial, sino que se levantó con manos campesinas que echaron pala bajo el sol, cortaron madera, cargaron tablas y mulas con arena, con cemento y colgaron tejas. Cada golpe de martillo fue una declaración silenciosa de resistencia, para que los niños y niñas de la vereda no tuvieran que seguir aplazando su derecho a la educación.
Diecisiete futuros
Son 17 niñas y niños quienes desde ahora estudiarán allí, desde transición hasta quinto de primaria. Diecisiete historias que ya no tendrán que recorrer largas distancias para aprender a leer, escribir o sumar —o incluso privarse de estudiar—. Diecisiete futuros que empiezan a dibujarse en un tablero nuevo, donado junto con la promesa de una biblioteca. Llegaron mesas, sillas, material didáctico, un computador, una impresora, kits deportivos. Pero, sobre todo, llegó la certeza de que no están solos.
La escuela sigue en proceso de construcción. Aún faltan detalles, algunas capas de pintura, pequeños ajustes. Pero ya está viva. Ya resuena con risas. El concejal Jhon García, del municipio de La Macarena, acompañó la instalación de las banderas como un signo visible en la identificación de la nueva escuela, como un territorio de paz.
La jornada cerró con un sancocho comunitario. Alrededor de la olla humeante se mezclaron generaciones, historias y sueños. En un territorio donde durante años las trochas fueron sinónimo de miedo, ahora también conducen a un aula.
Abrir una escuela en medio de la ruralidad dispersa no es solo cortar una cinta. Es desafiar el abandono. Es sembrar futuro en tierra herida. Es decirles, a 17 niñas y niños que su historia puede escribirse de otra manera; “es reconocer que la Escuela se logró gracias a la suma de voluntades de todos los asistentes, que se pusieron la mano en el corazón para lograr esta meta”, afirmó Amalia Morales, coordinadora de la MAPP – OEA para la regional Meta – Guaviare.
Por su parte, el padre Jhon Hary expresó: “La escuela es el corazón del territorio. Es el núcleo donde se forman liderazgos, donde la comunidad se encuentra y se reconoce. A su alrededor convergen lideresas y líderes comunitarios, familias e instituciones. Es punto de encuentro, espacio de diálogo y, sobre todo, motor del desarrollo comunitario”.











