
Comunicación para la paz y la reconciliación: el papel transformador de El Cuarto Mosquetero
Por: Yury Andrea Rojas Polania, voluntaria de El Cuarto Mosquetero 2025-2026
Cuando habitamos los mismos lugares, algunas veces llegamos a pensar que no existen otras realidades distintas a las que caminamos, miramos y sentimos diariamente, y muy fácilmente, lanzamos miradas y pensamientos que quizá, se transforman en opiniones que comunicamos sin mayores filtros; desde la libertad que creemos tener derecho de decir todo lo que pensamos. Sin embargo, en medio de los avatares que nos presenta la vida, ¿Alguna vez nos preguntamos qué tanto en lo cierto estamos? ¿Qué tanto nuestras formas de ver y decir del otro que no conocemos o del territorio que no habitamos, llegan a ahondar las diferencias de nuestra sociedad?
Y es ahí donde la comunicación campesina, popular, alternativa, disidente, comunitaria, sea cual sea su apellido, que nace en los territorios de conflicto, alejados o inexplorados, mal mencionados o nulamente visibilizados en la narrativa de los medios tradicionales, hacen un contrapeso fundamental para entender la otra cara más allá de la cordillera, de la montaña, del río o del estigma. Pero, ¿por qué existen procesos de comunicación alternativa en Colombia?, ¿Por qué justamente estos procesos se ubican en poblaciones de difícil acceso o históricamente afectadas por la presencia de actores armados?, ¿Por qué esta comunicación es hecha por comunicadores y comunicadoras que desarrollan este oficio?, ¿Para qué tanto alboroto si ya existen medios poderosos que llegan a todos los rincones de Colombia donde llega la señal de cable o internet?
Todas estas preguntas me llevan a un cuestionamiento aún más profundo y está al servicio de quién o de qué comunicamos.
Los medios alternativos y populares juegan un papel transformador y es comunicar para la paz y la reconciliación siendo inclusivos, participativos, independientes de intereses económicos y políticos, y al servicio de causas sociales, culturales, ambientales y de poblaciones invisibilizadas y silenciadas, como las mujeres o el campesinado. Un ejemplo inspirador de este tipo de comunicación es El Cuarto Mosquetero, un medio dirigido por mujeres jóvenes de la Amazorinoquía que ha sabido sostenerse por diez años como un faro de resistencia informativa que busca visibilizar las historias silenciadas, defender los derechos humanos y promover la memoria, la formación y la reconciliación local, enfocando su trabajo no solo a contar, sino a transformar, educando, sensibilizando y movilizando hacia profundos cambios sociales.
¿Y cómo hacer para que la comunicación popular llegue más allá de nuestros contextos? ¿Cómo logramos juntarnos y conspirar para el cambio social? ¿Es suficiente con existir o es necesario construir estrategias para persistir y supervivir en un mundo de desinformación? ¿Cómo logramos enfocar la mirada hacia el reconocimiento de nuestra identidad, nuestra propia voz y nuestras formas de ser y existir en los territorios? El Cuarto Mosquetero se pensó una herramienta y una metodología llamada el Festival Mosquetero, que le apuesta a la erradicación de las violencias basadas en género, la construcción de paz y la defensa del territorio. Este es un espacio de encuentro en torno a la comunicación popular que se realiza de manera anual en Villavicencio, donde conviven líderes y lideresas sociales, jóvenes, procesos y familias enteras de diferentes partes del país que, desde la comunicación, el intercambio cultural, el arte y la música, construyen paz, reflexión y reconciliación.
En 2025 El Cuarto Mosquetero celebra la cuarta edición del Festival Mosquetero, que se llevará a cabo en la Universidad de Los Llanos, sede San Antonio, de Villavicencio, Meta, los días 11 y 12 de julio, persistiendo en un mensaje claro: la comunicación es mucho más que una herramienta de información, es un camino hacia la transformación social.
Como señalaba Noam Chomsky: “Los medios no informan, fabrican consentimiento.” Esta idea es importante en nuestro país, donde la desinformación política no solo distorsiona la realidad, sino que muchas veces es cómplice activa en la reproducción de la misma violencia. En este escenario, el Festival Mosquetero se convierte en un espacio de encuentro y resistencia, y también en una herramienta para contrarrestar la maquinaria de manipulación en la que estamos inmersos con los medios tradicionales, porque cuando estos utilizan la información como arma, la comunicación popular la recupera como derecho y esperanza.