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El panorama actual en Colombia está marcado por una intensificación de los fundamentalismos y los discursos antiderechos, que buscan revertir los avances sociales en materia de derechos sexuales y reproductivos. Sin embargo, a pesar del desfinanciamiento y la instrumentalización política de la fe, diversas organizaciones y movimientos sociales han desplegado estrategias de resistencia que abarcan la incidencia política, la construcción de narrativas propias y el cuidado colectivo.
El ambiente en las calles y en la conversación pública de Colombia ha estado cambiando. Juan Pablo Madrid, coordinador del Centro de Estudios de Libertad de Expresión de la FLIP, es preciso en definir que el fenómeno del discurso de odio no solo se ha instalado de forma agresiva en las redes sociales, sino que ha mutado hacia una estrategia más visible y directa. Su análisis se basa en cómo los sectores fundamentalistas han “descubierto repertorios que históricamente habían sido, de los movimientos sociales, como las manifestaciones y salir a la calle”, menciona. 

El artículo «La calle en disputa bajo el gobierno de Gustavo Petro» realizado por Razón Pública, evidencia que lo anterior se sitúa en el actual mandato como resultado de una década de creciente movilización social, pero subraya que el periodo 2022-2024 se caracteriza por una dinámica inédita: la activa apropiación de la calle por parte de sectores de derecha y centro, un espacio que históricamente había sido un bastión de los movimientos sociales y la izquierda como lo afirmó Juan Pablo. La investigación concluye que esta contienda en el espacio público aumentará a medida que se acerque 2026, con una lógica cada vez más electoral. 

Con cerca de 100 candidatos y candidatas a la presidencia, finaliza el 2025, un año marcado por el cierre de organizaciones sociales por el impacto del desfinanciamiento, la reducción de operaciones de organizaciones e instituciones defensoras de derechos humanos como ONU DDHH en territorios donde persiste el conflicto armado y una urgente reorganización social, que sigue estando en parte sujeta a las condiciones que propicien también las elecciones del 2026. 

La desesperanza colectiva emerge ante el cierre de operaciones de las organizaciones, la desvinculación de sus compañeros y compañeras que habían  trabajado por la transformación social y la defensa de los derechos humanos, y la percepción de un panorama político cada vez más arraigado a la derecha por las dinámicas globales. A esto, Juan Pablo añade el componente de la desilusión generada por la escalada violenta y los discursos de odio. Frente a ello, subraya que la resistencia social es necesaria, pues se centra en la «obligación de la esperanza desde la fuerza que reside en el trabajo de la gente que ‘camella’ en sus territorios y en los procesos sociales valiosos que contrarrestan la avanzada», un camino necesario para enfrentar los desafíos políticos venideros, precisa.
Resistencia desde la Fe y la teología Feminista

Una de las fuentes de origen de los discursos fundamentalistas es el sector religioso. Sin embargo, también han emergido expresiones de fe que desafían de manera frontal la idea de que lo religioso pertenece únicamente a agendas conservadoras. Desde hace más de una década, distintos colectivos y redes ecuménicas feministas han construido una teología que reivindica la dignidad de las mujeres y diversidades sexuales, desmonta lecturas patriarcales de la Biblia y propone prácticas espirituales que se convierten en herramientas de acompañamiento, sanación y acción política.

Un claro ejemplo de cómo la fe puede ser fuerza transformadora desde el feminismo es el Grupo Ecuménico de Mujeres Constructoras de Paz -GEMPAZ-. Se constituyeron entre 2007 y 2008 con el propósito de reflexionar colectivamente sobre las Escrituras, orar juntas y aportar a “la construcción de paz y reconciliación, con perspectiva de justicia social y de derechos humanos”. 

A lo largo de los años, GEMPAZ ha desarrollado espacios que combinan espiritualidad, memoria histórica y sanación psicosocial. Sus “círculos ecuménicos” proponen lecturas bíblicas con perspectiva de género, rituales de sanación comunitaria y acompañamiento a personas afectadas por la violencia, ya sea por el conflicto armado, violencia estructural o lo que denominan violencia religiosa: la violencia machista dentro de las iglesias.  

Otro referente clave de lo que significa la fe transformadora y la teología feminista en Colombia es Católicas por el Derecho a Decidir -CDD Colombia-. Esta organización combina su identidad católica con una perspectiva feminista, promoviendo los derechos sexuales y reproductivos, la libertad de conciencia y la justicia social desde una ética liberadora. 

En su plataforma de herramientas pedagógicas, CDD Colombia ofrece materiales como “Credo a mi voz”, “Los 10 mandamientos de la autonomía” y el juego participativo “Muerde la Manzana, ¡Tú decides!”. Una de sus líneas de trabajo busca “Avanzar en la despenalización social y cultural de los DSDR, profundizando en la desculpabilización para contribuir al ejercicio pleno de la libertad de conciencia y el derecho a decidir de las mujeres en todas sus diversidades”.

Promueven el derecho a decidir, la autonomía corporal, la desestigmatización de la Interrupción Voluntaria del Embarazo-IVE y la pluralidad de creencias dentro del catolicismo. Tienen como misión “avanzar en el derecho a decidir de las mujeres y la vigencia plena de los DDHH, en especial los derechos sexuales y los derechos reproductivos (DSDR), desde una perspectiva católica, feminista e interseccional y de teología progresista, con el fin de contribuir a la democracia, el Estado Laico, la transformación sociocultural y la realización de la paz y la justicia social”


Este tipo de iniciativas permite visibilizar una forma de «resistencia desde la fe» que articula espiritualidad, derechos humanos, género y autonomía. Al ofrecer herramientas pedagógicas que dialogan con la tradición religiosa y al mismo tiempo cuestionan sus interpretaciones hegemónicas y patriarcales, CDD Colombia contribuye a abrir caminos de inclusión y a contrastar narrativas estigmatizantes 

La teología feminista también ha encontrado fuerza en la articulación latinoamericana. La Red de Teología Feminista de América Latina y el Caribe –Tepali– ha acompañado procesos colombianos de formación política, defensa del Estado laico y pedagogías sobre derechos sexuales y reproductivos desde una perspectiva espiritual. Sus reflexiones han permitido contrarrestar narrativas que presentan al feminismo como “enemigo de la fe”, y aportar herramientas para disputar sentidos al interior de comunidades creyentes.

Tienen como misión “ser un movimiento referencial de mujeres cristianas comprometidas con la construcción de sociedades más justas, solidarias y equitativas”. 

Frente a discursos de odio, líderes religiosos que fomentan violencia simbólica o campañas desinformativas sobre sexualidad y género, las organizaciones feministas de fe han respondido con acompañamientos psicosociales y estrategias educativas en territorios rurales y urbanos. 

La apuesta de estas organizaciones es desmontar la idea de que la fe es incompatible con los derechos humanos, y demostrar que dentro de las comunidades creyentes existen alternativas éticas que defienden la autonomía, el cuerpo y la libertad de las mujeres.  

En un país y un continente donde los fundamentalismos se articulan para restringir derechos y borrar identidades, la resistencia colectiva demuestra que la defensa de la vida digna se sostiene en la juntanza: en las redes feministas, las organizaciones de diversidades sexuales y de género, las teologías liberadoras, las escuelas populares y los procesos territoriales que tejen protección mutua y disputan sentidos en lo público.
Resistencia desde la Fe y la teología Feminista

Una de las fuentes de origen de los discursos fundamentalistas es el sector religioso. Sin embargo, también han emergido expresiones de fe que desafían de manera frontal la idea de que lo religioso pertenece únicamente a agendas conservadoras. Desde hace más de una década, distintos colectivos y redes ecuménicas feministas han construido una teología que reivindica la dignidad de las mujeres y diversidades sexuales, desmonta lecturas patriarcales de la Biblia y propone prácticas espirituales que se convierten en herramientas de acompañamiento, sanación y acción política.

Un claro ejemplo de cómo la fe puede ser fuerza transformadora desde el feminismo es el Grupo Ecuménico de Mujeres Constructoras de Paz -GEMPAZ-. Se constituyeron entre 2007 y 2008 con el propósito de reflexionar colectivamente sobre las Escrituras, orar juntas y aportar a “la construcción de paz y reconciliación, con perspectiva de justicia social y de derechos humanos”. 

A lo largo de los años, GEMPAZ ha desarrollado espacios que combinan espiritualidad, memoria histórica y sanación psicosocial. Sus “círculos ecuménicos” proponen lecturas bíblicas con perspectiva de género, rituales de sanación comunitaria y acompañamiento a personas afectadas por la violencia, ya sea por el conflicto armado, violencia estructural o lo que denominan violencia religiosa: la violencia machista dentro de las iglesias.  

Otro referente clave de lo que significa la fe transformadora y la teología feminista en Colombia es Católicas por el Derecho a Decidir -CDD Colombia-. Esta organización combina su identidad católica con una perspectiva feminista, promoviendo los derechos sexuales y reproductivos, la libertad de conciencia y la justicia social desde una ética liberadora. 

En su plataforma de herramientas pedagógicas, CDD Colombia ofrece materiales como “Credo a mi voz”, “Los 10 mandamientos de la autonomía” y el juego participativo “Muerde la Manzana, ¡Tú decides!”. Una de sus líneas de trabajo busca “Avanzar en la despenalización social y cultural de los DSDR, profundizando en la desculpabilización para contribuir al ejercicio pleno de la libertad de conciencia y el derecho a decidir de las mujeres en todas sus diversidades”.

Promueven el derecho a decidir, la autonomía corporal, la desestigmatización de la Interrupción Voluntaria del Embarazo-IVE y la pluralidad de creencias dentro del catolicismo. Tienen como misión “avanzar en el derecho a decidir de las mujeres y la vigencia plena de los DDHH, en especial los derechos sexuales y los derechos reproductivos (DSDR), desde una perspectiva católica, feminista e interseccional y de teología progresista, con el fin de contribuir a la democracia, el Estado Laico, la transformación sociocultural y la realización de la paz y la justicia social”


Este tipo de iniciativas permite visibilizar una forma de «resistencia desde la fe» que articula espiritualidad, derechos humanos, género y autonomía. Al ofrecer herramientas pedagógicas que dialogan con la tradición religiosa y al mismo tiempo cuestionan sus interpretaciones hegemónicas y patriarcales, CDD Colombia contribuye a abrir caminos de inclusión y a contrastar narrativas estigmatizantes 

La teología feminista también ha encontrado fuerza en la articulación latinoamericana. La Red de Teología Feminista de América Latina y el Caribe –Tepali– ha acompañado procesos colombianos de formación política, defensa del Estado laico y pedagogías sobre derechos sexuales y reproductivos desde una perspectiva espiritual. Sus reflexiones han permitido contrarrestar narrativas que presentan al feminismo como “enemigo de la fe”, y aportar herramientas para disputar sentidos al interior de comunidades creyentes.

Tienen como misión “ser un movimiento referencial de mujeres cristianas comprometidas con la construcción de sociedades más justas, solidarias y equitativas”. 

Frente a discursos de odio, líderes religiosos que fomentan violencia simbólica o campañas desinformativas sobre sexualidad y género, las organizaciones feministas de fe han respondido con acompañamientos psicosociales y estrategias educativas en territorios rurales y urbanos. 

La apuesta de estas organizaciones es desmontar la idea de que la fe es incompatible con los derechos humanos, y demostrar que dentro de las comunidades creyentes existen alternativas éticas que defienden la autonomía, el cuerpo y la libertad de las mujeres.  

En un país y un continente donde los fundamentalismos se articulan para restringir derechos y borrar identidades, la resistencia colectiva demuestra que la defensa de la vida digna se sostiene en la juntanza: en las redes feministas, las organizaciones de diversidades sexuales y de género, las teologías liberadoras, las escuelas populares y los procesos territoriales que tejen protección mutua y disputan sentidos en lo público.
Andar en red para resistir

La Red de Apoyo y Protección ante los Fundamentalismos ha sido uno de esos espacios donde organizaciones sociales convocadas por Act Iglesia Sueca y SweFOR, han reflexionado, compartido experiencias y construido estrategias conjuntas ante estas amenazas. 

La diversidad de quienes participan, que incluyen iglesias, organizaciones basadas en la fe, colectivos feministas y defensoras de derechos sexuales y reproductivos, permitió entender cómo los fundamentalismos impactan el espacio de acción de la sociedad civil, así como la seguridad y bienestar de las personas defensoras de derechos humanos. La juntanza ha logrado que se realicen acciones desde la pedagogía y los contenidos digitales, para poder dialogar en medio de las diferencias.

También, organizaciones como Sisma Mujer, la Red Nacional de Mujeres, la Ruta Pacífica de las Mujeres y colectivas territoriales han documentado de manera sistemática el incremento de agresiones contra lideresas, candidatas y defensoras de derechos humanos. Su labor va más allá de la denuncia: desarrollan rutas de autoprotección, espacios de formación en seguridad digital y acompañamiento psicojurídico para quienes enfrentan campañas de desprestigio o amenazas directas. Estos procesos, que combinan metodologías feministas de cuidado con herramientas técnicas de monitoreo, han permitido que muchas mujeres mantengan su voz pública a pesar de los discursos de odio. 

De manera paralela, iniciativas como Colombia Diversa y Caribe Afirmativo han desempeñado un papel clave en el seguimiento de los discursos de odio dirigidos a personas con orientaciones sexuales e identidades de género diversas, especialmente en coyunturas electorales. A través de informes, monitoreo digital y acompañamiento legal, ambas organizaciones han dejado en evidencia cómo estas violencias buscan limitar la participación política de grupos históricamente marginados. Su trabajo señala patrones, identifica actores y, sobre todo, ayuda a que quienes son blanco de ataques no enfrenten esos riesgos de manera aislada y sin acompañamiento. 

Las organizaciones integradas por personas trans también han tenido un papel fundamental en la lucha por los derechos de las diversidades sexuales y de género. La Red Comunitaria Trans, la Red Popular Trans, la Liga de Salud Trans, entre otras, jugaron un papel importante en el avance que han tenido iniciativas como la Ley Integral Trans, que estuvo a punto de caerse en el Congreso. 

La ampliación del marco jurídico sobre el acceso a la IVE en Colombia representa otro ejemplo significativo del poder de la juntanza como estrategia colectiva. Desde que la Corte Constitucional de Colombia emitió la Sentencia C‑055 de 2022, la Interrupción Voluntaria del Embarazo quedó permitida sin restricciones hasta la semana 24 de gestación -y más allá, bajo las causales históricas consagradas en la Sentencia C‑355 de 2006-, lo que implicó reconocer la autonomía reproductiva como un derecho fundamental. 

Ese avance jurídico logrado con el liderazgo de Causa Justa, movimiento feminista y de derechos humanos, pero acompañado por un sin fin de organizaciones de mujeres y diversidade sexuales y de género en todo el país, fue el resultado de décadas de movilización. Tras ese fallo, el Ministerio de Salud y Protección Social reglamentó los protocolos de atención a través de la Resolución 051 de 2023, garantizando que la IVE debe prestarse como un servicio esencial: gratuito, seguro, de acceso inmediato y sin discriminación para las personas gestantes independientemente de su condición social, étnica o migratoria. 

Un ejemplo concreto de lo que significa tejer protección colectiva desde lo territorial es la labor de la Veeduría Mujeres Libres de Violencia junto con la Escuela Popular Yo Decido. En diferentes municipios del departamento del Meta como Mesetas, Vista Hermosa, Acacías y las periferias de Villavicencio, se ha intentado traducir la autonomía reproductiva en un ejercicio real mediante espacios de formación y acompañamiento comunitario. 

Las batucadas feministas también han contrarrestado narrativas por medio del arte, la música y la movilización social. Hacen activismo que combina percusión, cuerpo, territorio y lucha política para disputar sentidos, reivindicar la diversidad sexual y de género, desafiar estigmas y reclamar el espacio público. 
Como afirma Orgullo Crítico, organización de la ciudad de Villavicencio: “existir ya es resistir ante un sistema que nos enajena, nos homogeniza y nos individualiza. Los discursos fundamentalistas son una estrategia por desaparecer a las diversidades sexuales y de género. No daremos ni un paso atrás y seguiremos luchando, tejiendo e incidiendo en nuestro territorio”; esa convicción demuestra la lucha por un futuro donde la pluralidad sea principio democrático y donde enfrentar los discursos anti derechos sea un ejercicio de creación política, espiritual y comunitaria que reafirme que en Colombia la esperanza se construye colectivamente.