Ya casi completamos dos meses de cuarentena en Colombia. Indudablemente ha sido un tiempo de terapia de choque para darnos cuenta que durante un par de años no podremos vivir como solíamos hacerlo. En un inicio el pánico reinó, y no era para menos, lo desconocido nos llena de miedo, por algo los seres humanos hemos recurrido a la razón y a la imaginación para encontrar explicaciones de todo tipo; nos aterra lo que se sale de nuestra comprensión. Quizá en este momento el pánico empiece a perder su fuerza y entendamos que esta pandemia hace parte de vivir en un sistema interconectado; en pensar que con todas sus catástrofes, hace parte de la vida, del movimiento y de las infinitas interconexiones que hay en este planeta.

Los seres humanos hemos sobrevivido a innumerables desgracias. Lo hemos hecho gracias al ingenio y a la capacidad de adaptación que tenemos. Por tanto, en este momento se hace urgente que poco a poco logremos descubrir cómo vivir con lo que tenemos: este presente y no otro.

Antes de eso tenemos que reconocer ciertas cosas, en primer lugar, saber que la cuarentena obligatoria se hace insostenible en muchos aspectos y que poco a poco tendremos que regresar a nuestros puestos de trabajo, ya que por triste que sea esta verdad; si no trabajamos no comemos. Además, para muchos el encierro constante y obligatorio, está causando estragos, por ejemplo, para quienes viven en hogares en donde reina el maltrato y el abuso, o para quienes el aislamiento está provocando problemas psicológicos. Por tanto, se hace necesario que seamos capaces de salir de esa cuarentena obligatoria cumpliendo con las medidas de seguridad mínimas: el tapabocas, el lavado de manos regularmente y, sobre todo, el distanciamiento social.

El distanciamiento social nos ha volcado a las redes, intentando reemplazar el encuentro con los otros a través de ellas. Vemos cómo se celebran reuniones largas y agotadoras por plataformas virtuales y cómo pasamos las horas en frente de la pantalla que nos consume la vida. Parte de nuestro pánico se ha debido al deseo del encuentro con los otros. Aun así, en este presente ese deseo tiene que suspenderse, no aniquilarse, extinguirlo sería como quitarnos un brazo o una pierna, solamente tenemos que aprender a esperar. Mientras tanto, ¿qué podemos hacer?

Podemos emprender un viaje al mundo interior, ese recorrido lo podemos hacer todos los seres humanos, no importa nuestra condición socioeconómica, ninguno de nosotros está privado de sentir la existencia, de reconocer la grandeza de la vida que habita dentro de nosotros mismos. Debido al sistema socioeconómico en el que vivimos hemos olvidado navegar en la interioridad, pues creemos que eso no importa, que es una pérdida de tiempo, que es una práctica de hippies o de anacoretas. Sin embargo, todos podemos tomar el camino a la interioridad.

En esta tarea las bibliotecas pueden ayudarnos mucho, todos podemos tener un libro con nosotros y leerlo arduamente, en la lectura encontraremos un diálogo con nosotros mismos y creceremos interiormente, que es de lo que menos nos preocupamos en el afán de la cotidianidad. Si todos nos nutrimos leyendo, nuestra imaginación se reactivará, y lo más probable es que se nos ocurran nuevas maneras de vivir y de coexistir. Además, que nos nutriremos espiritualmente para que cuando podamos volver a encontrarnos de nuevo con los otros, les demos lo mejor de nosotros mismos.

Antes de la pandemia y del aislamiento las relaciones humanas ya experimentaban crisis, cansancio, posiblemente por demasía de ellas, tal vez porque carecíamos del encuentro con nosotros mismos, de la paz interior y del cultivo de sí. Esta pandemia, este aislamiento al que nos tendremos que seguir acogiendo libremente, puede ser una gran oportunidad para entablar una relación armónica con nosotros mismos, en donde la lectura posibilite nuevos recursos para la reflexión y para tener algo distinto que brindarle al otro cuando lo encontremos de nuevo.

 

*Opinión y responsabilidad del autor de la columna, mas no de El Cuarto Mosquetero, medio de comunicación alternativo y popular que se propone servir a las comunidades y movimientos sociales en el Meta y Colombia.

Ha hecho estudios en Comunicación Social, así como maestría en Educación con énfasis en Desarrollo Humano. Ha trabajado como docente en Colombia y en Estados Unidos. Desde el año 2014 ha sido profesor de la Universidad Santo Tomás, sede Villavicencio, en donde ha laborado en el Instituto de Lenguas Extranjeras y en la Unidad de Humanidades y Formación Integral.