Otro fin del mundo es posible, es el último libro de Alejandro Gaviria. El autor se acerca a la vida de Huxley y a su obra. Las presenta como puntos de encuentro, es decir, la obra del escritor inglés tiene como fin poner de relieve sus preocupaciones, sus angustias y su fe en este devenir que llamamos, vida.

Entre paréntesis, el título se pregunta: Cómo Aldous Huxley puede salvarnos. Inmediatamente ha de surgir una pregunta: ¿salvarnos de qué?

Pues bien, este libro nos puede salvar de nosotros mismos y de nuestras obsesiones. Por ejemplo, vivimos angustiados con el éxito y con la necesidad de capitalizarnos todo el tiempo. Por tal razón, Alejandro Gaviria recurre a la poesía, para que ella nos despierte de esta tremenda pesadilla:

 

No es una tarea nada fácil

ésta de tomarse día a día y darse forma

y ordenar un sentido a todo

y parecer natural y también convincente

y alzarse levantar el vuelo hacia otra región más alta

como si fuera poco como si fuera nada

cargar con quien aquí muy dentro

y con las mismas fuerzas las mismas palabras

argumenta contradice echa a pique

una a una verdades sueños

que uno levanta día a día luchando

aferrándose hasta sangrar

a fin de cumplir con algo en la vida

a fin de alcanzar

lo que nunca en verdad se te ha pedido. Elkin Restrepo

Los versos del poeta nos despiertan, nos proponen cuestionarnos sobre quién es nuestro verdugo. Cuando lo hacemos nos damos cuenta que somos nosotros mismos. Ese reconocimiento, ese momento de consciencia nos puede ayudar a cambiar el rumbo, en otras palabras, a tener una vida más tranquila, menos obsesiva. También nos alerta de tener cuidado con los yugos que escogemos para nosotros mismos. Todos llevamos cargas, las escogemos, pero podemos elegir unas más tranquilas, más llevaderas; ya es suficiente con una vida humana tan frágil que se desvanece todo el tiempo.

Así mismo, el libro es una invitación a sacralizar lo cotidiano. A encontrar en todo un misterio, un sentido, una alegría para sorprendernos. La felicidad consiste no en una espera, sino en lo que vivimos, en la consciencia que tenemos del presente. Todos los seres humanos, independientemente de nuestra condición, tenemos algo que nadie nos puede arrebatar: nuestro propio presente.

La felicidad es una actitud frente a la vida, es una disposición, una forma de comprender las cosas, es una mirada, es un sentimiento constante, es la capacidad de admirarnos, es entender que la vida es un instante; es dar gracias a los azares por tener un cuerpo humano. Es seguir alegrándose pese a la muerte, a la enfermedad, al abandono.

Por otra parte, el ensayo de Alejandro Gaviria también nos motiva a una compasión con todo lo existente, para hacerlo, además de muchos otros recursos, recuerda a Octavio Paz: “No la piedad cristiana sino ese sentimiento de la impermanencia con hombres, animales y plantas, que es lo mejor que nos ha dado el budismo, una suerte de beatitud instantánea que no excluye la ironía ni significa cerrar los ojos ante el mundo y sus horrores”.

Este sentimiento de compasión, o sea, de vínculo, de acompañar a lo otro siempre, nos puede salvar de la indiferencia, de los juicios que nos segregan, del maniqueísmo que nos divide entre buenos y malos, puros e impuros, perfectos e imperfectos, y otorgarnos una mirada diferente. Así mismo, es una nueva espiritualidad en la que la toda la naturaleza se convierte en hermana, en madre, tal como los indígenas la llamaban: Pachamama, o como Francisco de Asís lo declamaba: “Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas, especialmente el hermano sol, por quien nos das el día y nos iluminas”.

Por último, en esta época de fanatismos de todo tipo, político, religioso, cultural, etc., Alejandro Gaviria, inspirado en Huxley nos propone una fórmula: dudar, el escepticismo. Ser escépticos dialogantes nos ayuda a no tomar nada como absoluto, pues tal como nos lo recuerda el libro, estos absolutismos han ocasionado más violencia, más muerte que cualquier pandemia o enfermedad. Tal punto hace que se establezca un paralelo con el ensayo de Carolin Emcke, Contra el odio: “A veces me pregunto cómo son capaces de algo así: de sentir ese odio. Cómo pueden estar tan seguros. Porque quienes odian deben sentir eso: seguridad. De lo contrario no hablarían así, no harían tanto daño, no matarían de esa manera. De lo contrario, no podrían humillar, despreciar ni atacar a otros de ese modo. Tienen que estar seguros. No albergar la más mínima duda. Si se duda del odio, no es posible odiar. Si dudaran, no podrían estar tan furiosos. Odiar requiere de una certeza absoluta”.

Ha hecho estudios en Comunicación Social, así como maestría en Educación con énfasis en Desarrollo Humano. Ha trabajado como docente en Colombia y en Estados Unidos. Desde el año 2014 ha sido profesor de la Universidad Santo Tomás, sede Villavicencio, en donde ha laborado en el Instituto de Lenguas Extranjeras y en la Unidad de Humanidades y Formación Integral.