Vivimos en una época de profundas contradicciones, por ejemplo, por primera vez en la historia, tenemos acceso a la lectura y no leemos. Podemos expresarnos libremente, pero no pensamos lo que decimos.

Estas increíbles contradicciones son síntomas de una enfermedad a la que no le hemos prestado atención, tal vez porque no tenemos los recursos para notarla: la imposibilidad de vivir en una democracia real. Generalmente, cuando se piensa en democracia, se cree equívocamente y fruto de la costumbre, que la democracia es la dictadura de las mayorías. Tanto así que reducimos el ejercicio de la democracia a ser dominados por un grupo que ha sido elegido por las mayorías.

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El no leer y el no pensar lo que decimos, son síntomas de la crisis de la democracia. No obstante, la lectura, que hoy es desdeñada, nos posibilita dos cosas, la primera, salirnos de esa contradicción en la que somos nosotros mismos quienes nos prohibimos la maravillosa práctica de leer. La segunda, leer comparte la raíz con la palabra elector, así nos lo hace saber Irene Vallejo en su Manifiesto por la lectura, por tanto, si leemos, tomaremos las mejores decisiones relativas al arte de vivir juntos: la democracia. Por último, la lectura nos hace escépticos, no en el sentido peyorativo de la palabra, sino en la perspectiva de la duda, si dudamos sobre lo que pensamos, sobre lo que otros dicen, ponderáremos con más consciencia lo que decimos y escapáremos de la contradicción de vivir en tiempos en donde podemos expresarnos con libertad, pero no pensamos lo que decimos.

Ahora bien, este texto, (como se hace evidente) es una invitación a leer. La lectura será un salvavidas para ese sistema imperfecto, pero hasta el momento el más acorde para la humanidad, la democracia. Así mismo, la lectura será un recurso infinito para pensar y para ejercer ese derecho que costó tanta sangre: expresarnos libremente.

 

Ha hecho estudios en Comunicación Social, así como maestría en Educación con énfasis en Desarrollo Humano. Ha trabajado como docente en Colombia y en Estados Unidos. Desde el año 2014 ha sido profesor de la Universidad Santo Tomás, sede Villavicencio, en donde ha laborado en el Instituto de Lenguas Extranjeras y en la Unidad de Humanidades y Formación Integral.