Este es un tiempo muy difícil para todos, en especial para quienes sufren por el hecho de vivir en un Estado precario, en el que muchos no pueden quedarse en casa con dignidad, es decir, gozando de lo básico; de la comida, de los servicios públicos, y con la seguridad de que no perderán sus empleos. Colombia es un país con instituciones muy débiles que tienen que consolidarse para que mucha gente no sea víctima, no solamente del virus, sino también del hambre y de las innumerables exclusiones.

Ahora bien, empecé el texto con el párrafo anterior, porque creo que es algo que no se puede perder de vista, algo que tiene que estar en nuestra mente todo el tiempo. Sin embargo, este escrito también pretende reconocer la angustia de todos los que así tengan la dichosa posibilidad quedarse en casa con dignidad; tienen miedo, tienen angustia. Indudablemente esto nos afecta a todos/as, porque esta situación nos ha puesto frente a algo que en ocasiones obviamos y que eludimos porque no queremos pensar en ello: la muerte.

Todos hemos experimentado por un momento la muerte, es decir, no poder soñar, no poder hacer otros planes, no poder decidir qué se quiere hacer; el tiempo es totalmente incierto. Cualquier plan se rompe por la mitad, e incluso parece ridículo proyectarnos en la historia. Seguramente muchos nos hacemos preguntas, que pueden incluso tener cierto aire de esquizoide: ¿Y si muero mañana? ¿Y si muero en dos días? ¿Y si no muero? ¿Y si ya estoy muerto? ¿Y si la muerte atraviesa mi vida? ¿Y si mi vida está atravesada por la muerte? ¿Y si mi muerte ya es la misma vida? ¿Y si morir es la única opción? ¿Y si la muerte no existe? ¿Y si soy solo un personaje de un sueño? ¿Y si la muerte es la pesadilla de la cual anhelo despertarme?

A pesar de estos temores, de este miedo visceral y justificado, todavía nos encontramos vivos, y mientras que estemos así, hay posibilidades. Una posibilidad para vivir este momento es volver al estoicismo, ese estilo de vida filosófico helénico en el que intentaron vivir hombres grandes como Marco Aurelio o como Epicteto.

Por consiguiente, quisiera traer unas palabras atribuidas a Epicteto. Puede que la contemplación de éstas nos permita encontrar cierta paz y nos ayude a encontrarnos con nosotros mismos en este momento de miedo: “lo que perturba a los hombres no son las cosas, sino los juicios que hacen sobre las cosas. Así, por ejemplo, nada hay de temible en la muerte, y la prueba es que a Sócrates no se lo pareció. Sólo el juicio que nos hacemos de la muerte – a saber: que es algo temible– resulta temible”.

A lo que me refiero con esto, no es a un conformismo que nos conduzca a la inacción, sino a hacer juicios de valor que nos permita no centrarnos en el miedo a la muerte, sino en centrarnos en la vida, en la vida que tenemos ahora, en este instante, en donde todavía respiramos, en donde todavía estamos con los amados y tenemos la capacidad de formarnos un juicio de valor que nos permita resignificar este momento, para de tal manera, crear una nueva imagen de mundo.

Una imagen del mundo en la que comprendamos que la muerte existe, que nos habita y nos atraviesa la historia, sin embargo, una imagen en donde trascendamos ese miedo a través de la solidaridad y con el disfrute del instante de la vida que se nos va, segundo a segundo a segundo.

 

*Opinión y responsabilidad del autor de la columna, mas no de El Cuarto Mosquetero, medio de comunicación alternativo y popular que se propone servir a las comunidades y movimientos sociales en el Meta y Colombia.

Ha hecho estudios en Comunicación Social, así como maestría en Educación con énfasis en Desarrollo Humano. Ha trabajado como docente en Colombia y en Estados Unidos. Desde el año 2014 ha sido profesor de la Universidad Santo Tomás, sede Villavicencio, en donde ha laborado en el Instituto de Lenguas Extranjeras y en la Unidad de Humanidades y Formación Integral.