La macabra trampa de la sociedad de mercado: compro luego existo

En el discurso posmoderno, en el que se desconfía de la modernidad, entendida como el imperio de la razón y el sometimiento de la naturaleza por mano del hombre, se habla a menudo de establecer una nueva relación con el planeta, una enfocada al cuidado y a la preservación de este. Vivimos en un tiempo en el que nos hemos dado cuenta de que el Planeta Tierra puede existir sin nosotros, pero que nosotros no podemos existir sin el planeta. Todo esto ha conducido a que en la actualidad pensemos en tener un nuevo vínculo con la Pacha Mama. Sin embargo, para que esa forma de relacionarnos con el planeta tome otro enfoque, uno más amoroso y de cuidado, se hace fundamental que primero cambiemos la forma en que nos relacionamos con nosotros mismos y que de ahí surja una nueva manera de ser y de estar con los otros y con el planeta. 

En primer lugar, tenemos que construir un mundo interior que nos conduzca a reconocer que la fuente de la libertad y de la felicidad, no está fuera de nosotros, sino dentro. Tal forma de vivir nos ayudará a no transformarnos en esclavos –no dueños de nosotros mismos–, y, por tanto, a no convertirnos en presas fáciles de la publicidad, que en estos tiempos se aprovecha de nuestros vacíos interiores para hacernos compradores impulsivos. 

 

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Como bien sabemos, parte del maltrato al planeta consiste en extraer materia prima de él, como si los recursos fueran infinitos. Esta forma de proceder tiene su raíz en saciar a un ser humano carente de vida interior e infeliz. Todo esto con el fin de proveerle al ser humano unos minutos de dicha en lo comprado. Y minutos efímeros, como bien sabemos, en esta época nada es lo suficientemente nuevo, todo se desgasta muy pronto, se vuelve obsoleto y necesita ser reemplazado con prontitud. Tal proceso practicado en demasía inevitablemente hace al ser humano infeliz e insaciable y maltrata la vida del Planeta.

Por otra parte, hemos de cambiar la forma en que nos relacionamos los unos con los otros. Tenemos que reconocer el valor del Otro por el hecho de ser persona, de ser humano, de habitar este mismo planeta con nosotros. En la actualidad no se reconoce al ser humano por sí mismo, sino que el valor que se le confiere tiene que ver en qué tanto tiene y puede ofrecer en términos de lo material. Tal situación hace que el ser humano viva esclavizado todo el tiempo. Su deseo de aceptación y de hacer parte de una comunidad lo conducirá a trabajar incansablemente para comprar, mostrar y ser aceptado. 

 

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Ahora bien, estas formas de relacionarnos son una trampa, puesto que nunca será suficiente lo que se pretende conquistar, siempre quedará espacio para poder comprar, mostrar y ser aceptado. El círculo de la muerte. Muerte al espíritu, muerte a la otredad y muerte al Planeta Tierra que no puede resistir ser la dispensa de este ciclo de destrucción.

David Saenz

Ha hecho estudios en Comunicación Social, así como maestría en Educación con énfasis en Desarrollo Humano. Ha trabajado como docente en Colombia y en Estados Unidos. Desde el año 2014 ha sido profesor de la Universidad Santo Tomás, sede Villavicencio, en donde ha laborado en el Instituto de Lenguas Extranjeras y en la Unidad de Humanidades y Formación Integral.