Recientemente se conoció que el Tribunal Superior de Cali le ordenó al presidente de la República, Iván Duque, retirar uno de sus trinos en Twitter en donde hacía apología a la Virgen de Chiquinquirá. El tribunal dio la orden, luego de recibir una tutela por parte de un ciudadano que reclamaba que que se le tutelaran los derechos a la laicidad del Estado, la libertad de culto y el principio de separación entre el Estado y la religión. Tal circunstancia ha producido indignación en muchos colombianos que profesan la fe católica, puesto que sienten la orden del tribunal como una afrenta instigada por “ateos” y por quienes no profesan la fe católica y desdeñan de las creencias religiosas del pueblo que los ha visto crecer. 

Es necesario decir que tal indignación de los creyentes, es sin duda alguna, acercarse al problema de una forma muy inocente e ingenua, dado que, la religiosidad y la fe de la gente es usada por muchos políticos para conseguir votos y para obtener apoyo a proyectos mezquinos. Entre ellos podemos recordar algunos: el “no” en el plebiscito por la paz ganó en gran medida debido a que quienes promovían la guerra, decían que si el “sí” tenía mayorías cerrarían las iglesias. También recordar los constantes ataques que hacen a los líderes políticos que tienen proyectos parecidos a los de las bienaventuranzas planteadas por Jesús, “dichosos los que trabajan por la justicia”, pero que no profesan ninguna religión. Por otra parte, recuerdo que en las pasadas elecciones presidenciales algunas personas fervientemente creyentes me decían que votarían por Duque, dado que él sí tenía temor de Dios y se inclinaba frente al Santísimo. Cuando les preguntaba por las propuestas del candidato o por su controvertido partido, no le daban ninguna relevancia, lo único que les importaba era verlo de rodillas en un templo.

La anterior es una clara evidencia de cómo lo religioso es necesariamente político y cómo ha de ser discutido por los ciudadanos. Por consiguiente, no debería generarnos ningún malestar el fallo del Tribunal Superior de Cali frente a la tutela interpuesta. Tengo que decir, para que el lector no me vilipendie por mi supuesto ateísmo, que soy cristiano católico. Leo el evangelio del día en las mañanas y antes de estudiar me encomiendo a Tomás de Aquino para que mi estudio sea una meditación en donde el intelecto sea una forma de espiritualidad. No voy todos los domingos a misa, pero cuando voy lo hago con devoción y por encima de cualquier otra fiesta religiosa, asisto a la noche de la vigilia pascual en la que se rememora la Resurrección de Jesús, hito por el cual tiene sentido ser cristiano.

El anterior párrafo lo escribo solamente para hacer énfasis en que este escrito no es una afrenta contra lo religioso, tiene otras vertientes, por un lado, reconocer que como ciudadano tengo la responsabilidad de estar atento a no caer en las trampas puestas por personas que usan la fe como artefacto de manipulación de conciencias en aras de consolidar fines innobles y para los intereses más engañosos que uno se pueda imaginar. Por otro lado, porque creo, tal como lo dice Comte-Sponville, que el debate que ha de promover la Ilustración sigue vivo, es decir, que se hace urgente que los ciudadanos seamos capaces de pensar por nosotros mismos. 

El mismo autor dice que no se plantea una lucha contra las religiones ni contra sus dioses, eso sería equivocarse de adversario. La lucha es contra el oscurantismo, contra el fanatismo y contra todas las prácticas que usen el lenguaje religioso para ganar votos y para liderar proyectos que no van de la mano con la dignidad humana. 

 

*Opinión y responsabilidad del autor de la columna, mas no de El Cuarto Mosquetero, medio de comunicación alternativo y popular que se propone servir a las comunidades y movimientos sociales en el Meta y Colombia.

Ha hecho estudios en Comunicación Social, así como maestría en Educación con énfasis en Desarrollo Humano. Ha trabajado como docente en Colombia y en Estados Unidos. Desde el año 2014 ha sido profesor de la Universidad Santo Tomás, sede Villavicencio, en donde ha laborado en el Instituto de Lenguas Extranjeras y en la Unidad de Humanidades y Formación Integral.