Guayaquil, no hay tumbas para tanta gente

Por: Nicolás Herrera*

El 14 de febrero de 2020 de un avión procedente de España descendió una mujer de 71 años, su estado de salud era bueno, pero a los pocos días la fiebre y el malestar general la hicieron visitar un centro asistencial en Guayaquil, la pujante capital del Guayas y el motor económico del Ecuador. Le practicaron los exámenes de rigor y el 29 de febrero, el resultado de los análisis dieron positivo para Covid 19.

Ese mismo día, las farmacias de la ciudad colapsaron, las personas acudieron en masa para aprovisionarse de tapabocas, guantes de látex y gel antibacterial. En los supermercados la situación fue igual, habían filas para comprar comida y elementos de aseo. A pesar del desenfreno en las compras, había tranquilidad y expectativa, se escuchaba a la gente opinar que todo duraría algunos días, a lo sumo un par de semanas. Así lo recuerda Andrés Normad, un guayaquileño bien entrenado en atención de desastres.

Sesenta días después, en Ecuador, la cifra oficial alcanzaba los 25 mil contagios, más de 500 decesos y de forma extraoficial, las cifras de fallecidos podrían sumar ocho mil muertes. El foco de contagio en el país, es Guayaquil, ciudad en donde se vieron imágenes de gente desplomarse afuera de los hospitales, cuerpos desperdigados en la calle, los cementerios construyendo bóvedas de forma acelerada y hasta los féretros se agotaron. Pero, ¿Cómo sucedió semejante catástrofe en Ecuador?

Féretros esperando la sepultura en un panteón de Guayaquil. AFP/J Sánchez

LA EVOLUCIÓN DEL MAL

Lo que sucedió en Guayaquil, es una combinación de muchas cosas, un gobierno que no tomó medidas de aislamiento a tiempo, ciudadanos que no respetaron las recomendaciones y que violaron sistemáticamente la cuarentena, escasos recursos en materia de salud y hasta factores culturales se pueden mencionar en el juego de encontrar culpables. Lo cierto del asunto, es que, hasta la fecha, nadie sabe cómo en esa ciudad se desató el apocalipsis por un virus que llegó desde muy lejos.

El virus convivió desde el 14 de febrero hasta el 16 de marzo –más de un mes- entre los guayaquileños, hasta que el gobierno de Lenín Moreno, Presidente de la República, decretó la cuarentena nacional. El 14 de marzo las fronteras fueron cerradas, la llegada de vuelos internacionales fue prohibida y se impusieron medidas para que la población se quedara en casa, pero ya era muy tarde, el virus circuló libremente entre millones de personas y lo escabroso estaba por suceder.

El primero de marzo, un día después del primer diagnóstico, la ministra de gobierno, María Paula Romo, pidió a la ciudadanía evitar las aglomeraciones. La demanda de mascarillas y alcohol se desbordó en Guayaquil, la prensa daba gran despliegue al caso de la mujer positivo, las filas en los supermercados continuaron, la vida social siguió su curso normal por muchos días y el mal se iba esparciendo de forma sigilosa.

“La vida siguió normal, las personas siguieron con sus actividades hasta bien entrado el mes de marzo, las medidas que anunciaba el gobierno salían en todos los noticieros, pero lastimosamente aquí todo siguió como de costumbre. Los bares, las discotecas, los restaurantes, los parques, las playas, todo siguió funcionando normal”, sostuvo Andrés Normad al recordar esos primeros quince días desde el primer caso detectado.

Al mismo tiempo, el dengue, la influenza, la gastroenteritis y la leptospirosis estaban circulando en la costa ecuatoriana, debido a la llegada de la temporada de lluvias, que hace que esas enfermedades se acrecienten entre la población. Los centros médicos de la ciudad porteña no estaban llegando a su capacidad máxima, pero ya las alarmas estaban encendidas. El 30% de los casos clínicos en la ciudad se debían a problemas respiratorios, de acuerdo a cifras de Carlos Farhat, Coordinador de la Dirección de Salud del Municipio de Guayaquil. De otra parte, y solamente en el Hospital Los Ceibos, llevaban hasta finales de febrero 647 casos de dengue clásico y 1815 pacientes con gastroenteritis.

Un día después del primer caso por Covid 19, la Ministra de Salud, Catalina Andramuño, reportó otros cinco casos, estos tenían cercanía con la paciente uno y para el lunes 2 de marzo, la cifra se elevó a seis. Ese mismo día, Lenin Moreno, se dirigió a los ecuatorianos y manifestó que, “la peor epidemia es el pánico”. Ese fue el primer llamado a los ciudadanos, con la intención de dar un mensaje de calma. Hasta ese momento, no se había decretado medidas nacionales de choque y el gobierno había dispuesto de 60 millones de dólares para comprar equipos de salud, entre ellos, pruebas para Covid 19.

En las calles de la ciudad, durante la primera semana de marzo, el uso de mascarillas y de guantes de látex se hizo cotidiano, algunas medidas locales fueron adoptadas, como las dispuestas por entidades públicas y privadas para atender de manera virtual algunos trámites y enviar a sus casas a los empleados que presentaran algún cuadro gripal. Se realizó desinfección de espacios públicos y se recomendaba salir de casa para hacer lo estrictamente necesario. A pesar de esto, las aglomeraciones continuaron, especialmente en la compra de elementos de aseo, protección personal y la vida nocturna. Al seis de marzo, el país sumaba doce casos y la paciente uno se debatía entre la vida y la muerte en una unidad de cuidados intensivos.

Al 12 de marzo, en la ciudad se tomaron las primeras medidas de alto impacto, -casi dos semanas después del caso uno- la alcaldesa de Guayaquil, Cynthia Viteri, anunció ante los medios de comunicación la suspensión de todos los actos públicos, el cierre de guarderías, colegios y balnearios. Adicionalmente, el Gobierno Nacional anunciaba toque de queda entre las 14:00 y las 05:00. La emergencia sanitaria fue decretada un día antes, el 11 de marzo, lo que para muchos es el factor que más incidió en el caos que se estaba desatando, que no se hayan tomado las medidas y que el decreto de emergencia se haya demorado ese tiempo.

El temor que aún no se había desatado, mostró por primera vez su rostro, cuando se anunció por parte de la Ministra de Salud, el fallecimiento de la paciente uno el viernes 13 de abril, producto de una falla respiratoria. A pesar del toque de queda, la cancelación de los eventos públicos y la mayoría de las empresas despachando desde la casa de sus empleados, las calles de Guayaquil se veían de manera habitual, con gente, mucha gente, que iba y venía.

Las fallas en la cuarentena fueron múltiples, incluso el gobierno logró documentarlas, como fue el caso de una mujer que se presentó en una audiencia de la Unidad Judicial de Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia Mariscal Sucre de Quito, allí esta persona que había llegado al país procedente de New York, exhibió un certificado médico con diagnóstico de infección respiratoria aguda. Las autoridades suspendieron la audiencia y al cabo de una hora, el lugar volvió a las audiencias con público.

ATENCIÓN EN SALUD

El sistema de emergencia ECU 911 registró un pico del 188%, como lo confirmó Juan Zapata, director general de la central telefónica en dialogo con el periódico El Universo de Guayaquil. De las 35.800 llamadas habituales, se subió a 102.661 en todo Ecuador y de 7.730 peticiones de levantamiento de cadáveres, el 89% de estas fueron originadas en Guayaquil. Así mismo, desde que se decretó el aislamiento en todo el país, la central telefónica ha recibido 21 mil reportes de aglomeraciones de personas (fiestas, reuniones sociales etc).

A mediados del mes de marzo y con la intención de liberar al ECU 911, las autoridades crearon la línea de atención en salud 171, la cual ha recibido fuertes críticas desde la oposición y de diversos sectores de la sociedad. A las personas que llamaban a dicha central telefónica, un operador les preguntaba si tenían tos o fiebre, de ser negativa la respuesta, les indicaban que debían continuar en casa. “La línea funcionaba como un filtro para Covid 19, pero si una persona necesitaba asistencia por otra enfermedad, debía permanecer en sus hogares, muchos murieron solos en casa”, manifestó un funcionario del sistema de salud del Guayas que citaremos como Carlos.

A otras personas las remitieron desde el hospital a cuidado en casa, en la mayoría de los casos ellos usaron el transporte público, caminaron por entre miles de personas. Con el paso de los días los síntomas se agravaban, se comunicaban con la línea de telemedicina y recibían consejos, nunca recibieron medicamentos, algunos con más suerte adquirieron paracetamol, un fármaco usado para tratar la fiebre y el malestar general. Posteriormente, los vecinos sentían el mal olor y reportaban al ECU 911. En algunos casos, los familiares de las víctimas no soportaron la hediondez y se vieron obligados a sacar el cuerpo de sus padres, hermanos e hijos al andén de sus casas, mientras esperaban que la fuerza de tarea hiciera el levantamiento. Muchos cadáveres estuvieron expuestos al sol y al agua por días.

En Guayaquil y su periferia existente 93 lugares de atención en salud, entre centros de salud (primer nivel), hospitales del día y generales (segundo nivel) y hospitales de especialidad (tercer nivel). En la provincia del Guayas, de acuerdo a cifras del Instituto Nacional de Estadística y Censos, hay 6016 camas hospitalarias, 357 camas de UCI y 105 camas de cuidado intermedio. Esto para atender una población de más de 4 millones de habitantes, de los cuales, el 68% de la población vive en Guayaquil, unos dos millones y medio de personas. La radiografía es crítica, si tan solo el 1% de la población en la ciudad se enferma de Covid 19 y de ellos el 10% necesitan cuidado intensivo, habría un déficit de 2.143 camas. La respuesta es obvia, miles de muertos por falta de atención médica.

Ingreso a urgencias en el Hospital Guasmo Sur de Guayaquil. Foto AP – Reuters.

Lo anterior explica por qué muchas personas murieron haciendo filas, a las afueras de los hospitales o simplemente en sus casas esperando una ambulancia o cualquier tipo de ayuda. Tan solo al primero de abril, las cifras oficiales contaban 1.301 casos de Covid 19, de ellos se estimaba que entre el 10% y el 20% requería atención de cuidados intensivos, unas 260 personas. Pero hay que tener en cuenta que las demás patologías continuaron, es decir, las enfermedades coronarias, renales, accidentes cerebrovasculares entre otras se siguieron presentando de manera habitual. Esto originó el colapso de los centros médicos.

A la tragedia de los hospitales, le sigue el qué hacer con los muertos. Ante el creciente aumento de decesos y sin cifras oficiales de la cantidad de tumbas, hoy en Guayaquil no existe el colapso de los últimos días de marzo y de las dos primeras semanas de abril, es decir, y según Jorge Wated, coordinador de la fuerza de tarea, el problema en la recolección de cuerpos ya está al día. La alcaldesa de la ciudad, habilitó un terreno para tener unas 12 mil tumbas disponibles.

 

LA HORROPILANTE ESTADISTICA

 Las imágenes en la televisión mostraban cuerpos abandonados en la calle, en los andenes, en las esquinas, tirados al frente de sus casas, sobre el mismo colchón en el que murieron, incluso, féretros estacionados en la vía pública esperando a los hombres de la fuerza de tarea. También había imágenes de personas abarrotadas a las afueras de los hospitales esperando por atención médica, unos iban por patologías diversas y otros, con síntomas respiratorios graves, que les dificultaba respirar.

¿Cómo la enfermedad tuvo una propagación rápida? Es la pregunta que muchos se hacen, es decir, cómo de un momento a otro los contagios ya no se pudieron contar con los métodos oficiales y cómo resultó ineficiente el sistema para hacer pruebas de Covid 19, a tal punto que se desbordó en pocos días la atención hospitalaria y los muertos se empezaron a contar por miles. La conexión de Ecuador y de Guayaquil con España es la principal razón. Los ecuatorianos son la comunidad migrante más grande en España, se calcula que unas 422 mil personas residen en el país ibérico. Esto genera que el tráfico entre los dos países sea muy alto, vuelos de cuatro compañías aéreas llevan a miles pasajeros a diario. La enfermedad llegó en masa, lo hizo quizás a través de cientos de personas y esos quince días antes de la declaratoria de la emergencia y posterior toque de queda, fue el caldo de cultivo para que el mal devorara a Guayaquil.

A pesar de lo evidente, durante muchos días de abril, las cifras de fallecidos se mantuvieron por debajo de las 500, lo cual era entendible, ya que el Gobierno Nacional no podía contabilizar como positivo de Covid 19 a una persona a la que no se le hicieron pruebas o a un cadáver sin exámenes post mortem. El subregistro se suponía en miles de decesos por Coronavirus, algunos se atrevieron a afirmar que serían 25 mil las muertes. Todo dentro de un escenario de especulación sin confirmación oficial.

Deceso de una persona en el centro de Guayaquil. Foto: AP – Reuters

Al 16 de abril, se habían practicado tan solo 27.878 pruebas para Covid 19, de acuerdo a datos entregados por el Ministerio de Salud. La cifra es bastante baja, cuando de manera extraoficial se habla de casi 14 mil decesos para esa misma época. De muchos de ellos nunca se sabrán las causas exactas de muerte, ya que los entierros se hicieron sin practicar exámenes.

Para la misma fecha, la provincia de Guayas contabilizaba 6.681 contagios y en Guayaquil se concentraba el 70% de ese total, es decir, unos 4.353 casos. Pero entre el 1 y el 15 de abril, se habían presentado 6.703 muertes, cuando el promedio en esa misma cantidad de tiempo es de menos de mil casos, lo que quiere decir que hay un desfase de 5.700 muertes adicionales. Esas cifras se quedan cortas con lo reportado oficialmente de 400 víctimas.

Ante la intensa demanda de féretros, los precios se subieron hasta los mil dólares, hubo denuncias de aparentes sobornos que pedían funcionarios de la morgue para que las personas pudieran recuperar cuerpos de familiares, el valor de los servicios exequiales se elevó en algunos casos a miles de dólares y hasta los espacios en los cementerios subieron de precio. Ante el caos sucedió de todo y el control gubernamental de la situación se recuperó con el pasar de las semanas, pero el pandemonio ya estaba desatado y miles de personas sufrieron las consecuencias.

Tan solo en la tercera semana de abril, las autoridades empezaron a ajustar sus cuentas, como lo mencionó la alcaldesa de Guayaquil, Cynthia Viteri, quien dio positivo a Coronavirus el 19 de marzo y que para abril ya se encontraba recuperada, la cifra de defunciones sería 15 veces más con respecto al total oficial, es decir, más de 8.500 víctimas. Ese cálculo de la funcionaria podía explicar la avalancha de muertes entre el 1 de marzo y el 22 de abril, con 13.162 certificados de defunción, suma muy por encima del promedio histórico.

A mediados de la tercera semana de abril, se hizo un ajuste en la cantidad de casos positivos, se pasó de casi 8 mil a 22 mil personas contagiadas en todo el país. Así mismo, el gobierno de Lenin Moreno, anunció que, desde el 4 de mayo, el país pasaría del aislamiento al distanciamiento social, debido que el contagio se encontraba bajo control y que había que pensar en recuperar un poco a la economía.

La pandemia en Ecuador le costó el cargo a la Ministra de Salud, Catalina Andramuño, quien adujo falta de recursos para atender la emergencia. La enfermedad ha arrebatado miles de vidas, eso es seguro. Las pérdidas económicas son incalculables, algunos afirman que la suma va en miles de millones de dólares y aún no hay fecha estimada para que todo regrese a la normalidad. Los anuncios de Lenín Moreno de una apertura gradual de la sociedad el próximo 4 de mayo, deja muchas dudas, miedos y, ante todo, mantiene el suspenso que llegue una nueva ola de contagios, igual o peor que la actual.

De momento, la perla del pacífico aguarda el desenlace, quizá, de uno de los momentos más oscuros de su rica historia. Su vibrante vida social algún día recuperará su agite, el malecón del estero con sus interminables caminos, bares y discotecas resurgirá. Y desde luego, el malecón 2000, volverá a recibir a los transeúntes para ver atardeceres frente al inmenso Guayas.

*Seudónimo

Equipo Editor