Tal como se plantea en el documental, Before the flood, del director Fisher Stevens, “el problema más grave de nuestro tiempo es el cambio climático. La razón es sencilla: el Planeta puede vivir sin nosotros, –como ya lo ha hecho–, pero nosotros no podemos vivir sin el planeta.

El acelerado cambio climático se debe a la intervención desmedida y desastrosa del ser humano sobre la Tierra, lo cual obedece a muchas razones, sin embargo, sólo mencionáremos una: la explotación de combustibles fósiles para mover los millones de carros en los que nos transportamos. Por consiguiente, quienes montan bicicleta como una forma de vida son personas de vanguardia, es decir, responden de manera ética y efectiva a las necesidades del siglo XXI.

Una de estas personas de vanguardia fue José Antonio Duarte, bici-usuario atropellado en Chía por un conductor de camión el día 9 de octubre de 2020. El accidente provocó su muerte. Tal muerte es un absurdo, precisamente porque José Antonio era un defensor de la vida. Cada pedalazo que dio se convirtió en un respiro para el planeta que agoniza en gran parte por la forma en que los seres humanos nos movilizamos.

Es necesario decir que, en la muerte de José Antonio, no solamente tiene responsabilidad el conductor del camión o las aseguradoras del mismo, en esta muerte inocente, también tienen responsabilidad quienes planean la ciudad. Así mismo, tenemos responsabilidad los ciudadanos con nuestras prácticas culturales.

Quienes dirigen y planean las obras de las ciudades han de saber que es un imperativo promover el uso de transporte alternativo, dado que, si no se hace, se seguirá promoviendo el uso de combustibles que destruyen el planeta. El puente en el que fue atropellado Antonio no tenía ciclo-ruta, ni siquiera tenía berma, por tanto, tal obra es una demostración de la poca promoción del uso de la bicicleta, la cual está en sintonía con el cuidado de la Casa Común.

Por otra parte, nuestro país no se distingue por la amabilidad de la que muchos se ufanan en el extranjero. Al contrario, acá prima el clasismo, el cual se manifiesta muchas veces en las calles. Quienes más sufren este maltrato son los peatones y los bici-usuarios. Me atrevo a decir que quienes montamos bicicleta hemos experimentado la sensación de la muerte, dado que hemos sentido la violencia de los conductores sobre nosotros. En muchas ocasiones me he preguntado, ¿será que no se dan cuenta que nuestras piernas no puedan generar la misma velocidad que sus vehículos?, ¿será que no calculan que el chasis del bici-usuario es su propio cuerpo? ¿será que no piensan que el esfuerzo de quien monta bicicleta es un respiro para el planeta en el cual habitamos todos?, ¿será que no saben leer cuando se encuentran con una señal clara que dice PARE? Y por encima de todas las cosas: ¿será que no se han hecho conscientes que la vida de todos es sagrada?

Ha hecho estudios en Comunicación Social, así como maestría en Educación con énfasis en Desarrollo Humano. Ha trabajado como docente en Colombia y en Estados Unidos. Desde el año 2014 ha sido profesor de la Universidad Santo Tomás, sede Villavicencio, en donde ha laborado en el Instituto de Lenguas Extranjeras y en la Unidad de Humanidades y Formación Integral.