Recientemente, el presidente de la República de Colombia, Iván Duque Márquez, anunció que solamente se vacunará a los venezolanos que se encuentran en estado de legalidad. El mandatario tomó tal decisión con base en la especulación, es decir, creer que, si se vacuna a los venezolanos que residen en Colombia, hará que se incremente el número de migrantes en el país, dado que se vendrían en estampida para ser vacunados.

La decisión del presidente parece prudente, sin embargo, demuestra varias situaciones: la ineficacia del Estado para ejercer un control real sobre su soberanía, la vulneración a los Derechos Humanos y la falta de solidaridad con el más desprotegido y vulnerado.

La prudencia del jefe del ejecutivo recuerda que un tirano también puede ser prudente. También nos hace pensar en la virtud, entendida como una excelencia. Un sicario puede ser virtuoso en ser letal, un ladrón en no dejar huella, sin embargo, ¿son realmente virtuosos? André Comte Sponville, quien ha reflexionado al respecto en su libro, El pequeño tratado de las grandes virtudes, asegura que la virtud solamente es virtud cuando se pone a disposición del bien, por consiguiente, podríamos asegurar que la decisión del presidente Iván Duque no fue virtuosa, pues no busca el bien de todos.

¿Qué sería lo virtuoso en este caso? Reconocer que el Estado ha fallado en el proceso migratorio de los hermanos del vecino país. Fue responsabilidad de las instituciones documentar y hacer un seguimiento de las personas que se encuentran en este territorio llamado Colombia. El reconocimiento de esta falta, sería una vivencia de otra virtud, la humildad. Seguido a esto se puede organizar el país para recibir dignamente a los migrantes y en efecto, brindarles toda la ayuda que les posibilite organizarse y construir una vida en Colombia, entre esas cosas, está el derecho humano a vivir, que en el momento histórico en el que nos encontramos se traduce en recibir la vacuna.

E.J. se pregunta, “¿Qué es un extranjero? –Aquel que te hace creer que estás en tu casa”. Nosotros los que nacimos en este territorio llamado Colombia hemos de recordar que nuestra casa es el planeta y que con los otros seres humanos compartimos la misma naturaleza, el mismo cielo, el mismo aire, el mismo destino. Si no aprendemos esto, la pandemia no nos ha enseñado nada, pues una de las enseñanzas de este tiempo es reconocer lo interconectados que somos los seres humanos.  Ser humano está por encima de la nacionalidad y de la idea de la patria.

*Opinión y responsabilidad del autor de la columna, más no de El Cuarto Mosquetero, medio de comunicación alternativo y popular que se propone servir a las comunidades y movimientos sociales en el Meta y Colombia.

Ha hecho estudios en Comunicación Social, así como maestría en Educación con énfasis en Desarrollo Humano. Ha trabajado como docente en Colombia y en Estados Unidos. Desde el año 2014 ha sido profesor de la Universidad Santo Tomás, sede Villavicencio, en donde ha laborado en el Instituto de Lenguas Extranjeras y en la Unidad de Humanidades y Formación Integral.