¿Cómo es una conversación con quienes justifican que en Colombia nos estén matando?

En este texto mostraré lo difícil que resulta conversar con quienes piensan diferente a nosotros. A pesar de la dificultad que conlleva, solamente es en la conversación y en el diálogo en donde podemos romper el muro de la polarización que nos divide. En este momento histórico que vive el país, todo es político, por tanto, una actitud que es virtud política que es posible practicar, consiste en arriesgarnos a dialogar con quienes están de acuerdo con la guerra, la violencia y los abusos de la fuerza pública. Hablar con ellos será difícil, sin embargo, hemos de intentar mostrarles otra faceta de lo que vive en el país. Sin este diálogo, el país seguirá dividido y propenso a una guerra civil. 

Conversé con C sobre el abuso policial contra los partícipes del Paro del presente año, registrado por ONGs y por organizaciones de Derechos Humanos. C no cree que, a los manifestantes que han asesinado en las protestas sean “pobrecitos”. Él considera que si los han matado es porque estaban transgrediendo la ley. Le respondí que en Colombia no hay pena de muerte, por tanto, atacar a quienes protestan con la muerte no es justificable, ni  legal, ni ético. También le dije que en Colombia estamos peor que en las dictaduras más voraces, puesto que en ellas, por lo menos hacían de los disidentes, presos políticos; acá en seguida se les condena a la muerte. 

Hoy conversé con D. Me manifestó su inconformidad con los gobernantes que han permitido que se tumben estatuas. Por otra parte, se siente inconforme con los gobernantes que no han dado la orden explícita a la fuerza pública para que haga su “trabajo”; hay que decir, que desde esta posición se entiende que el trabajo de la fuerza pública es matar. Sostiene que la policía y el ejército tienen que actuar para frenar a los manifestantes, que en su opinión son unos vándalos que no tienen claro por qué luchan. Ante su modo de percibir la realidad, le expresé que, precisamente, eso es lo que desea el gobierno ciego y sordo de este país, que reduzcamos el debate cívico a la mención de los actos vandálicos, y no pensar sobre lo que la gente le está exigiendo al gobierno: diálogo con las distintas voces que representan a los manifestantes, para que así se pueda llegar a un consenso en el que tengamos espacio todos los ciudadanos. 

Tanto C como D, que son la representación de muchos, no han comprendido que las manifestaciones son precisamente un clamor por la democracia, en la que se supone que todos tenemos voz activa. Si hay tanto descontento de los ciudadanos que le dan vida a la protesta, es porque gran parte de los sectores no se sienten incluidos. No podemos olvidar que una de las graves consecuencias que dejó el Frente Nacional, (1958) fue cerrar la posibilidad de diálogo y de hacer política a distintos grupos que no se sentían representados en los liberales y los conservadores –los únicos que podían ostentar el poder–. Lo anterior, hizo que la ciudadanía se sintiera huérfana y decidiera tomar las armas y hacerse escuchar por esta vía. 

Por consiguiente, muchos  sectores le han solicitado al Presidente que invite a todos al diálogo. Dado que, de este momento histórico pueden surgir grandes cosas para nuestro país. Bien lo dice William Ospina, quien cree que el país ha de “encaminarse a financiar con grandes recursos la recuperación agraria, la modernización de la infraestructura, la renta básica que le permita a la comunidad alzar cabeza y dinamizar la economía, emprender a gran escala la producción de alimentos orgánicos, invertir en industria ecológica y en la transición a energías limpias que nos ponga de verdad en el siglo XXI.” Además de lo propuesto por el escritor, esta es una gran oportunidad para convocar a las comunidades que históricamente se han sentido excluidas, los afrodescendientes, los indígenas, las mujeres y los niños.  

*Opinión y responsabilidad del autor de la columna, más no de El Cuarto Mosquetero, medio de comunicación alternativo y popular que se propone servir a las comunidades y movimientos sociales en el Meta y Colombia.

David Saenz

Ha hecho estudios en Comunicación Social, así como maestría en Educación con énfasis en Desarrollo Humano. Ha trabajado como docente en Colombia y en Estados Unidos. Desde el año 2014 ha sido profesor de la Universidad Santo Tomás, sede Villavicencio, en donde ha laborado en el Instituto de Lenguas Extranjeras y en la Unidad de Humanidades y Formación Integral.

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