La ciudadanía se encuentra conmocionada por lo sucedido esta semana en la ciudad de Bogotá: un policía muerto a causa de la delincuencia. Esto nos debe doler a todos, sin embargo, ese dolor no ha de ser una excusa para promover el odio al migrante, tal como lo está haciendo la alcaldesa de Bogotá, Claudia López. En la editorial de El Espectador, del día 11 de marzo de 2021, se hace énfasis en que “López ha decidido utilizar el mismo recurso de los populistas en todo el mundo cuando se ven enfrentados a cifras incontrolables de inseguridad: culpar al migrante, generalizar, hacer declaraciones manipuladoras de la realidad y fomentar la violencia contra los venezolanos que viven en nuestro país”.

La alcaldesa de Bogotá ha demostrado su inteligencia, no solamente desde que ocupa el cargo más importante de la capital del país, sino desde tiempo atrás, por ejemplo, cuando fue promotora de la Constituyente de 1991. Por tanto, sabemos que su discurso frente a lo sucedido en Bogotá no es inocente ni ingenuo, pues responde a una estrategia que tiene como fin el no reconocer en dónde se encuentra la raíz de los problemas relativos a la inseguridad en la ciudad.

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Bien es cierto que hoy la realidad no se analiza de manera responsable, todo es inmediatista, todo pareciera que deseara una respuesta milagrosa y al instante, infortunadamente la alcaldesa está cayendo en esto. Como mujer inteligente que es, debería saber que el hecho ocurrido, así como la criminalidad en Bogotá, debería analizarse desde la lógica de la causa y el efecto. Es decir, es fundamental que se planteen unas preguntas que permitan tomar una ruta de acción, verbi gracia, ¿Cuál es el contexto del que provienen las personas que cometen delitos en la ciudad?, ¿Qué tipo de formación ética y cívica han recibido?, ¿Qué oportunidades reales de desarrollar sus capacidades les han sido otorgadas?, ¿Por qué escogieron la vida delictiva?, ¿Cuál es la posibilidad que tienen estas personas de encontrar un empleo digno que les brinde las garantías para vivir y no solamente para sobrevivir?

Considero que la alcaldesa sabe todas las respuestas, puede que sea una de las mujeres más preparadas del país, sin embargo, está cayendo en defender lo establecido, en respaldar las estructuras de un Estado ineficiente, que no garantiza los Derechos Humanos. Me remito a estos, dado que trascienden las lealtades nacionales.

Es necesario también decirle a la alcaldesa y a los periodistas y medios de comunicación que tratan noticias como éstas, que agregarle la nacionalidad a un hecho o a una situación, haciendo énfasis en ella, es una forma de motivar el odio hacia un grupo poblacional. Carolin Emcke plantea; qué tal si le agregáramos ¨blanco¨ a un anuncio o titular cada vez que un europeo comete un delito, la imagen que tendrían los demás continentes de ellos sería que los europeos son gente malvada. Para el caso colombiano, si cada vez que se cometa un delito en Bogotá se dijera siempre el gentilicio del capitalino, la gente del resto del país dejaría de visitar la metrópolis porque creería que todos en la ciudad son unos criminales.

Finalmente, los ciudadanos hemos de tener pensamiento crítico para no caer en la trampa del chivo expiatorio, o sea, de echarle la culpa a un grupo poblacional de todos nuestros problemas y así calmar nuestras conciencias. También hemos de exigirles a los gobernantes y a los medios de comunicación que no promuevan discursos que nutran las estructuras del odio, sino que promuevan la comprensión, así como la solución de los problemas que más aquejan al país desde perspectivas ancladas en la razón y en el respeto a la dignidad de todos los seres humanos.

Ha hecho estudios en Comunicación Social, así como maestría en Educación con énfasis en Desarrollo Humano. Ha trabajado como docente en Colombia y en Estados Unidos. Desde el año 2014 ha sido profesor de la Universidad Santo Tomás, sede Villavicencio, en donde ha laborado en el Instituto de Lenguas Extranjeras y en la Unidad de Humanidades y Formación Integral.