Ushuaia, el inicio de las aventuras de Pachayaku

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Jeferson Valderrama es un colombiano nacido en Bogotá pero que creció en los Llanos Orientales, en Villavicencio, para ser exacto. Viajó a Argentina para adelantar estudios profesionales y desde el mes de marzo del 2019, inició el proyecto de retornar a Colombia en bicicleta. Viajará desde Ushuaia, la ciudad más austral del mundo y pedaleará hasta Punta Gallinas, Colombia, la ciudad más septentrional del Suramérica. En su recorrido creo al superhéroe del medio ambiente, llamado Pachayaku y a su bicicleta la llamó Nina Wayra, en cada poblado al que llega, visita escuelas y colegios, enseñando la importancia de cuidar el planeta. Esta serie de crónicas narran su periplo en bicicleta.

USHUAIA, EL INICIO DE LAS AVENTURAS

La brisa gélida era un alivio, teniendo en cuenta que la travesía mantenía unos dolores muy agudos en sus piernas. La carretera varios metros atrás se había vuelto sinuosa y con bastante nieve, producto de una nevada otoñal la noche anterior. Pedaleando, manteniendo movimientos cadenciosos, Pachayaku divisó a lo lejos una intersección de caminos, que se dividían en forma de ye. Allí, unos árboles deshojados, marcaban el fin del asfalto y el inicio de un sendero fangoso. Con calambres y los músculos entumecidos, el ciclista abrió la boca, tomó una bocanada grande de aire y se dijo a sí mismo que era todo. Su cuerpo no aguantó un segundo más, y ambas piernas se posaron en el asfalto humedecido por la llovizna pertinaz que caía desde la madrugada.

Cuatro días antes Jefferson Valderrama, un colombiano flaco con sonrisa gigantona, mirada serena y cejas muy pobladas, aterrizó en Ushuaia, Argentina. La tierra de fuego o el mismo fin del mundo. En sus maletas llevaba poca ropa, a decir verdad, casi nada, todo quedaba resumido en una bicicleta, algunos equipos de montaña y ansias. Pachayaku es el superhéroe que inventó para recorrer Sudamérica, llenarse de conocimientos y luego entregarlos a la gente, esa es su manera de entender como la humanidad puede preservar el planeta.

La palabra Pachayaku viene del quechua Pacha: Tierra y Yaku: Agua. Dos palabras reverenciales en el triste tiempo de la globalización. Este superhéroe no vuela, no puede hacerlo, él va en bicicleta. Montando a ‘Nina Wayra’ (fuego y viento), como llama a su ‘bici’, pretende recorrer seis países –Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia- Esto implica atravesar varias veces la imponente cordillera de Los Andes. Sortear los desiertos chilenos y peruanos. Enfrentar la salitrosa corriente de aire en las costas del Perú. Soportar el calor del pacificó ecuatoriano y escalar las montañas de este país, las que finalmente lo conectaran con su natal Colombia. Una vez allí, irá desde el sur –Nariño- hasta el norte –La Guajira- para finalmente alcanzar su meta, Punta Gallinas. Será un recorrido de algo más de diez mil kilómetros y aún no sabe cuánto podría gastar en la travesía.

La primera parada es Ushuaia, una ciudad invernal ubicada en el extremo sur del continente americano, que por estas épocas disfruta de condiciones que paulatinamente se vuelven glaciales. El invierno está próximo a entrar y serán días muy fríos, llegando a alcanzar temperaturas bajo cero. Parece un momento poco propicio para la aventura, pero la tierra debe ser conocida no solo en los días veraniegos, también en los periodos cenicientos e invernales. De eso se trata Pachayaku.

Ushuaia no solo está ubicada en el extremo sur, también es una ciudad que parece aislada, a juzgar por lo extremo de sus paisajes. Al norte, la cadena montañosa del Martial no deja flanco alguno. Al sur, el canal del Beagle, que separa Chile y Argentina, es un lugar estratégico para la navegación entre dos océanos. Allá, en el famoso Cabo de Hornos, por poco se desata una guerra entre las dos naciones australes en la década de los setenta, en los tiempos de las dictaduras. Al oeste, bosques y el Parque Nacional Tierra del Fuego, cierran el camino a los viajeros antes de llegar a la desembocadura del lago Roca en el mar. Por último, al oeste, una exigua carretera conecta otros poblados, es la ruta nacional tres, la cual suele cerrarse en el invierno. Así que el aeropuerto Malvinas Argentinas, que sirve a Ushuaia, es la única puerta segura y permanente, este terminal aéreo mantiene a la ciudad viva para el mundo.

Tras descender del avión que lo llevó desde Buenos Aires, el paisaje lunar de las montañas circundantes y los aires patagónicos, empezaron a abrirle la mente a nuestro héroe. Para vivir en el extremo sur, es necesario sacarse los aires caribes y aprender de las sensaciones ‘súrdicas’, como la vestimenta, el sol en lo alto del cielo bien entrada la noche, el necesario consumo de calorías, el uso de anteojos para evitar lesiones por el reflejo de la luz solar, las costumbres propias de los puertos antárticos y el abrumador efecto de vivir en la última ciudad del mundo. Tras instalarse, vino la etapa de aclimatación, hacer amigos, aprender a leer el adverso clima y dibujar un trazado para iniciar el viaje de retorno a Colombia.

Dichoso por la casa y la familia que lo recibe, los Ojeda, Jefferson se aventura a dar unos pedalazos exploradores por los caminos de la carretera que conecta la ciudad con el Parque Nacional Tierra del Fuego. A las ocho de la mañana va pedaleando con buen ritmo, su estado físico es bueno. Atraviesa los últimos barrios del puerto, asciende un pequeño repecho. Su mirada se clava en el camino, hay aguanieve, sus ruedas labran surcos y al coronar la pequeña cresta con casas marrones, ve un descenso equivalente a la anterior subida. A lo lejos puede ver el desvío del camino que lo llevará al parque nacional, pero una ráfaga invernal le pega muy fuerte y empieza a sentir los primeros dolores.

Sus piernas reciben las mordidas de los vientos antárticos, siente que la carne se hace estrecha y le presiona los huesos. No es un dolor físico, es el frío que lo empieza a someter poco a poco, con cada pedalazo se le van las energías y le entran los calambres glaciales. A pocos metros del desvío, con los árboles sin hojas justo al frente, Pachayaku abre su boca, la bocanada es profunda y en su mente se dice que es todo por aquel día. Ambos píes se posan en el pavimento, entre sus piernas queda  ‘Nina Wayra’, y sus ojos los agranda, como tratando de comprender lo sucedido. No es la condición física, es la ingente necesidad de aclimatarse. Otro día será, las aventuras de Pachayaku apenas empiezan.

 

Escribe: José Arnoldo Vargas C.

Testimonios: Jefferson Valderrama – Pachayaku

Fotografías: Jefferson Valderrama – Pachayaku.

 

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