SIN ASUMIR LA VERDAD SOBRE LA VÍA AL LLANO, NUNCA SE SOLUCIONARÁ SU CATÁSTROFE

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Archivo Caracol Radio

Por: David Sáenz

Todo lo que está sucediendo en este momento en la vía al Llano no es otra cosa que la radiografía de un país que vive a expensas de los azares. Un país que no planea, que no prevé, que hace las cosas de manera improvisada y que, por su incapacidad para utilizar la inteligencia en aras del bien común, propicia un sinnúmero desastres. Desastres que podrían promover un cataclismo colectivo, pues si este no fuese un pueblo acostumbrado a todo tipo de vejámenes y atropellos, ocasionaría una movilización social tan fuerte que pondría en jaque a quienes ostentan el poder con sus mentiras y sus negligencias.

Recientemente HBO produjo una serie sobre la catástrofe nuclear de Chernóbil. En ella se hizo evidente que las autoridades soviéticas del momento querían ocultar la verdad; aunque la verdad era más fuerte que lo que pudiesen negar. Es decir, la radiación y sus consecuencias fueron reales. Por ejemplo, Svetlana Alexievich en su libro, Voces de Chernóbil hizo notar que, antes del accidente de 1986, por cada 100.000 habitantes, se presentaban 82 casos de enfermedades oncológicas, y después del accidente se registraron 6000 . Ese es un hecho que gritaba por sí mismo. Podríamos enumerar muchos otros, pero este no es el tema de este escrito, sin embargo, sí nos sirve para reflexionar sobre cómo las autoridades colombianas están negando la verdad sobre el tema de la vía Bogotá-Villavicencio, cuando su complicada realidad habla por sí misma.

La manera en que están negando la verdad se parece a la forma en que se quiso negar la situación de la planta nuclear de Chernóbil, o sea, vociferando que el problema es manejable y que no es para tanto. El modo en que lo hacen es sencillo: niegan que la situación de la vía al Llano deba ser concebida como una emergencia. Si el accidente de la vía al llano se asumiera como una emergencia, seguramente habría unas fuerzas más poderosas que unas cuantas máquinas y algunas volquetas para limpiar algo que, también nos han hecho creer, es un derrumbe cualquiera, cuando lo cierto es que la montaña se vino sobre la vía y que, por más que quiten un poco de tierra, la montaña se sigue acomodando a su antojo. Se hace necesario citar al profesor German Chicangana, de la Universidad Santo Tomás de Villavicencio, experto geólogo, que en entrevista hecha por el medio Llano Siete Días[1] enfatiza que la montaña se seguirá derrumbando.

Otra mentira que gritan descaradamente es que los desastres de la vía al Llano simplemente se deben a las difíciles condiciones climáticas que se viven en la cordillera, en especial a las intensas lluvias. No obstante, si el problema fuera el agua, tendríamos que pensar en países como Holanda, que también es conocido como Países Bajos, (por el hecho de estar localizado por debajo del nivel del mar). Vale recordar que éste no es un país reciente, sino un país con una historia de siglos, en donde el ser humano con su inteligencia ha sido capaz de asumir su verdad: enfrentarse al mar del norte ganándole terreno, construyendo diques, a ese mar que para los medievales era terrorífico porque vivían toda clase de monstros.

Ahora bien, para nuestro caso, si se hablara con la verdad se podría asumir de otra manera lo que sucede en la vía al Llano. Si se oculta la verdad, todas las soluciones que se le puedan dar a la situación ocasionarán más problemas, porque la base sobre la que se toman las decisiones es falsa.

Hay una cita en El Príncipe, de Maquiavelo, que nos puede ayudar a entender lo que significaría asumir una verdad que habla por sí misma y por tanto trabajar para transformarla:

“No se me oculta que muchos creyeron y creen que la fortuna, es decir Dios, gobierna de tal modo las cosas de este mundo, que los hombres con su prudencia no pueden corregir lo que ella tiene de adverso, y aún, que no hay remedio alguno para oponerle. Pero esa opinión no está acreditada en nuestro tiempo, a causa de las grandes mudanzas que fuera de toda conjetura humana se vieron y se ven cada día. Reflexionando yo mismo de cuando en cuando me incliné en cierto modo hacia esa opinión, sin embargo, no estando anonadado nuestro libre albedrío, juzgo que puede ser verdad que la fortuna sea la mitad del arbitro de nuestras acciones, pero también es cierto que ella nos deja gobernar la otra mitad, o a lo menos algunas partes. La comparo, a la fortuna, con un río fatal, que cuando se embravece inunda las llanuras, echa a tierra los árboles y edificios, quita el terreno de un paraje para llevarlo a otro; cada uno huye de la vista de él, todos ceden a su furia sin poder resistirla; sin embargo, por más formidable que sea su naturaleza no por ello sucede menos que los hombres, cuando están serenos los temporales pueden tomar precauciones contra semejante río, haciendo diques y explanadas, de modo que cuando él crece de nuevo, esté forzado a correr por un canal, o a que a lo menos su fogosidad no sea tan licenciosa ni perjudicial. Sucede lo mismo respecto a la fortuna, sólo ostenta ella su dominio cuando no encuentra una virtud preparada para resistir, pero cuando la encuentra tal, vuelve su violencia hacia la parte en que sabe que no hay diques ni otras defensas capaces de mantenerla.”

Después de recordar a Maquiavelo, quien expresó lo mencionado cinco siglos atrás, podríamos concluir algo sencillo: si ya sabemos que el kilometro 58 ha sido epicentro de la desgracia (pensemos en la tragedia de Quebrada Blanca[2]), podríamos poner toda nuestra capacidad transformativa para que cuando venga el invierno, nuestra fortuna, tengamos una solución que evite seguir en esta catástrofe; que no solamente está acabando con las fuentes económicas de muchos llaneros, sino que también nos aisló a quienes vivimos en esta región, como si nos hubiésemos mudado a otro país.

Finalmente, es necesario recordar que los riesgos de dejar incomunicado al Llano son enormes, puesto que durante muchos años esta región estuvo abandonada por el Estado, lo cual posibilitó que diversos grupos al margen de la ley hicieran y deshicieran. En otras palabras, no darle una solución seria al problema de la vía sería también cometer un atentado directo contra la paz. De nuevo,  pensemos en esto: ¿qué ha significado para el país que la Orinoquía se aísle? ¿Por qué históricamente fue nefasto el abandono a los Llanos orientales?

 

[1] https://llanosietedias.com/actualidad/por-que-se-esta-cayendo-la-montana/

[2] https://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-940142

 

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