SILVA Y VILLALBA: HOMENAJE A LA MUSICA TRADICIONAL COLOMBIANA

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Por: José Abelardo Díaz Jaramillo*

La muerte reciente de Rodrigo Silva marca el fin de uno de los duetos de música tradicional más importantes en la historia de Colombia. Su obra constituye un valioso acervo cultural del cual muchos colombianos “echaron mano” para conquistar amores, imaginar tierras desconocidas o evocar el pasado de la nación. La nota es un tributo al reconocido dueto musical que se asumió como representante de la cultura musical del pueblo colombiano, y que, sin duda, estará presente cada vez que en algún hogar, cantina o fiesta local suenen canciones como Negrita, Viejo Tolima o El Barcino.

Origen del dueto

Rodrigo Silva y Álvaro Villalba formaron el dueto ‘Silva y Villalba’ en 1967, luego de conocerse de forma casual en una heladería en El Espinal. Rodrigo, oriundo de Neiva, había nacido el 14 de noviembre de 1944, mientras que Álvaro, quien aún vive, nació en El Espinal el 21 de octubre de 1931. Poseedores de un talento musical descubierto desde muy temprano, decidieron unirlo para dar origen al que, con los años, se convertiría en uno de los duetos más reconocidos de música tradicional en Colombia. “Los paseos, juergas, amoríos y serenatas fueron los encargados de juntar a dos personas que habrían de ser los encargados de continuar los aires nacionales”, recordaría Rodrigo en un libro que repasa la historia artística del dueto. Animados por el éxito conseguido en un concurso en 1968, grabaron su primer disco al año siguiente. Con composiciones de Jorge Villamil, Jose A. Morales, Oscar Fajardo y del propio Rodrigo Silva, el disco titulado “Viejo Tolima”, contenía canciones como Al Sur, Oropel, Pescador, lucero y rio, Soñar contigo, El Caracolí, Sangre en el rio, El Canalete, Dulce Coyaima Indiana, Adiós Morena, Llano Grande y Tolima Grande. El éxito en ventas fue notable, para sorpresa de los artistas.

Desde ese momento, y con una imagen pública en crecimiento, Silva y Villalba dieron continuidad a una empresa que, de entrada, les puso el reto de no ser inferiores a lo hecho por duetos como Garzón y Collazos, los Hermanos Martínez y Emeterio y Felipe “Los Tolimenses”, que sonaban con fuerza en el medio musical. Al cabo de cuatro décadas de vida artística los resultados son contundentes: Silva y Villalba grabaron más de 500 canciones, produjeron cerca de 40 trabajos discográficos y se hicieron a muchos reconocimientos en el país y en el exterior, destacándose los premios Mariscales de la Hispanidad en Nueva York, y la Mención de Toronto en Canadá. Además, como producto de las ventas obtenidas, fueron merecedores del Disco de Oro, una distinción difícil de lograr para un género musical como el que cultivaron. También realizaron giras internacionales a países como Venezuela, Ecuador, Brasil, Canadá y los Estados Unidos. Parte del éxito de Silva y Villalba se explica por haber accedido al repertorio de grandes compositores como Jorge Villamil, José A. Morales, Luis Alberto Osorio y Pedro J. Ramos, cuyas canciones interpretaron de forma magistral.

Recordar el pasado

Las canciones interpretadas por Silva y Villalba se refieren especialmente a temas como el amor, la vida en el campo, los paisajes de departamentos como Huila y Tolima, y las fiestas y tradiciones regionales. Se trata de composiciones que idealizan la vida campesina en tono romántico y que expresan nostalgia por su extinción, como se aprecia en Las Acacias, Estirpe de arriero, Ya se acabaron los machos, Pueblito viejo, entre otras. Existe también un grupo de canciones que evocan situaciones del pasado que tuvieron cierto impacto, recreadas en Tierra Comunera y Si pasas por San Gil (en las que se recuerda la gesta comunera de 1781 y el papel de José Antonio Galán), Reclamo a Dios (que evoca la tragedia de Armero de 1985) o El Barcino, Viejo Tolima, A quién engañas abuelo, El retorno de José Dolores, (que evocan hechos ligados a la violencia política que sacudió el campo desde la década de 1940).

La circulación de esas canciones por distintas localidades del país, pero particularmente en la zona andina, permitió que durante muchos años se preservara una memoria colectiva de aquel turbio pasado. Por ejemplo, en Viejo Tolima, composición que escribió Rodrigo Silva para recordar a unos tíos que debieron abandonar su finca “porque la chusma los tenía amenazados”, se evoca la suerte de muchos campesinos que debieron huir de sus tierras:

Qué triste quedó mi rancho y abandonado,

porque tuve con mi negra que irme de allí,

quedó mi trapiche solo todo acabado,

ya no es la misma tierra que conocí,

me quitaron el rancho con las vaquitas,

que aunque eran tan poquitas eran de mi…

como te extraño entonces viejo Tolima,

como quisiera volver a ti.

En El retorno de José Dolores (Jorge Villamil) sabemos que José Dolores regresa a su “tierra querida”, procedente de la ciudad, a donde tuvo que ir huyendo de la violencia. Jose Dolores retorna “solo” y “triste”, con la intención de “perdonar”, pese a que todo le fue arrebatado por la violencia: Mi yegua con su potranca / y mi vaquita lechera / las perdí en la cruel violencia / lo mismo la platanera. En El Barcino, compuesta por Jorge Villamil en 1968, se narra la historia de un novillo cuyas travesías guardan relación con la guerra que se vivió en Colombia en los años de 1960. Dicho novillo es arriado por guerrilleros hasta El Pato y El Guayabero, guiados por Pedro Antonio Marín (Manuel Marulanda Vélez), conocido como “Tirofijo”. La letra bien vale recordarla:

Cuando los tiempos de la violencia

Se los llevaron los guerrilleros

Con Tirofijo cruzó senderos,

llegando al Pato y al Guayabero

La canción, por cierto, le significó problemas a Villamil con la justicia, mientras que a Silva y Villalba les representó mayor reconocimiento nacional.

El artista y su dolor

Los problemas de salud padecidas por Rodrigo Silva y Álvaro Villalba en la última etapa de sus vidas generan indignación, sobre todo por el trato que recibieron del Estado, indiferente ante la suerte de dos artistas que hicieron notables aportes para construir una identidad nacional a través de los ritmos musicales tradicionales. Rodrigo Silva falleció por un cáncer que lo aquejaba desde hace varios años y Álvaro Villalba, a sus 86 años, padece las consecuencias de una isquemia cerebral que tuvo en 2010, y que le impidió volver a tocar la guitarra. En el caso de Rodrigo,  no contó con un tratamiento adecuado por parte del sistema de salud y, para colmo de males, nunca logró acceder a una pensión. Como lo manifestó su esposa, Carolina del Río, Rodrigo Silva y Álvaro Villalba empezaron a cotizar por intermedio de la Sociedad de Autores y Compositores (Sayco) pero ésta “dejó de cotizar pensión por ellos, entonces ahí quedó eso, y después se trató de volver a conseguirlo, pero no fue posible. Se trató de conseguir una pensión por mérito, y tampoco”.

De la poca importancia dada por el Estado a los compositores e intérpretes colombianos, Rodrigo afirmó: “Para los artistas en Colombia la seguridad social ha sido mediocre, el desdén que han mostrado las entidades que dicen representar a quienes por tantos años hemos caminado por el difícil mundo de la composición y la interpretación, es total”.

Las dificultades económicas que signaron los últimos años de Rodrigo y que hoy resiente Álvaro, se explican, en parte, por los pocos ingresos que recibieron por concepto de regalías, las cuales, en su mayoría, según comenta Carolina del Rio, se fueron para las disqueras. Apenas un precario reconocimiento de bienestar para los músicos más destacados del país fue lo que recibió Silva, quien era consciente del negocio perverso que se teje en torno a la música y los derechos de autor. En alguna oportunidad, refiriéndose a la idea de riqueza, manifestó una tesis de enorme validez para los tiempos actuales: “Sabremos lo que somos y lo que tenemos el día que aprendamos a diferenciar la riqueza, la que posee el músico, el escritor, el pintor o el poeta, el cariño de la humanidad, por quienes luchan por una cultura y algunos lo hacen en silencio, esa no la venden en los almacenes ni en las tiendas, esa riqueza es la que se va con nosotros; la de los bancos y propiedades, se queda cuando definitivamente nos vamos (sic)”.

Triste saber las penurias que tuvo que padecer en sus últimos años Rodrigo Silva y las que padece Álvaro Villalba. Lamentable el comportamiento del Estado ante la situación de artistas que han contribuido a forjar una identidad nacional. Se ha ido Rodrigo Silva, y con él, parte de la historia musical del país. Para fortuna de muchos, nos quedan sus canciones, que seguiremos escuchando por siempre.

*  José Abelardo Díaz Jaramillo, Docente universitario e investigador

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