Política decepcionante

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No sé si es por genética o por cuestiones que con el transcurrir de los años originaron en mí una gran pasión por la política, cosa que me ha llevado a estar involucrado en movimientos ciudadanos, campañas políticas, y demás tipo de actividades en aras de en algún momento aspirar a algún cargo de elección popular.

Como lo he dicho, considero que esto es una pasión, ya que sin interesar la hora, clima, distancia o penurias que haya que pasarse, siempre estoy dispuesto a participar en las actividades formuladas en este sentido.

La política en la que me he involucrado siempre ha tenido como principio el que se base ésta en ideales, proyectos y programas que propendan por el beneficio de la colectividad, desarrollo económico desde el campo con diversificación de cultivos, inversión agropecuaria, situación que directamente beneficiará el comercio o a los comerciantes, transportadores, etc. Permitiendo que como diría Adam Smith en su libro la Riqueza de las naciones, la mano invisible reactivara toda la economía.

Desafortunadamente, he encontrado por las experiencias vividas, que el tipo de dirigentes que el pueblo elige o desea elegir no son ni por mucho aquellos que traen iniciativas de progreso, trabajo y desarrollo para la región, sino que el principio que los motiva a elegir a alguien estriba en los compromisos personales o particulares, la rivalidad que existe con personas de la misma región que son de otro bando político, la envidia y el egoísmo al querer recibir solo ellos y no las demás personas; y por último, la compensación que dan con el voto por favores antes recibidos de los administradores salientes que se perpetúan en las regiones como los colosales políticos que nunca desean morir o ceder su posición.

Resulta deprimente, que a pesar de que vez tras vez se ven defraudados por aquellos en quienes depositaron su confianza, el principio de acción en cada elección siempre es la misma.

Los líderes o gobernantes que rigen los destinos de las regiones y nuestro país, no son otros sino aquellos que merecen quienes los eligen.  Por eso la pobreza, el bajo desarrollo económico, político, social, deportivo, cultural, es lo que caracteriza a un país lleno de riquezas en todo el sentido de la palabra.

¿Qué hacer entonces? Claudicamos ante este dilema. Claudicamos porque al parecer de nada sirven los esfuerzos aplicados para que haya un cambio. Claudicamos porque al parecer resulta mejor ser malo que bueno. Los lideres sociales que han muerto luchando por una mejor región o país dan evidencia de esto, ya que, perecieron y son puestos en el olvido por las mayorías, dejando vacíos impensables en el corazón de sus familias, quienes sufren ante la indiferencia de los gobernantes y de las demás personas.

Por otro lado, los malos llenan sus bolsillos con la riqueza del pueblo, disfrutan de beneficios y de lujos, gozan de la aceptación y la sumisión de miles.

A pesar de que exista un panorama tan lóbrego, como Garzón, seguimos teniendo la esperanza de que algún día el bien triunfe, los malos sean vencidos y el progreso, el desarrollo, la igualdad, La paz, se darán a plenitud. Esperamos con ansias el amanecer de una nueva cultura en donde el interés general está por encima del particular y donde el sueño de tantos que han muerto o sufrido por causa de la violencia, sea una feliz realidad. El 27 de octubre, puede ser el inicio de esta nueva era. No desaprovechemos la oportunidad.

ucrarse en política tratando de hacer la diferencia y cambiar la condición de vida especialmente de los más vulnerables.

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