EL MUNDO AL DERECHO

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Uno de los libros de Español y Literatura en los que estudié de niño, traía un poema titulado “El mundo al revés” el cual hacía referencia de forma jocosa a un sueño que había tenido un personaje denominado “Juan Locato” en donde se descubría con asombro cómo físicamente todo se había invertido o cambiado. Cosas tales como: “para arriba iban los pies, con la boca iban pisando, el fuego al agua apagando, un ciego enseñando letras, los bueyes en la carreta y el carretero empujando”, hacían parte de la trama de esta composición.

Esta experiencia lógicamente formaba parte de una alegre imaginación que buscaba darle un tinte diferente a la vida, pero que dista sustancialmente de lo que es la realidad física de nuestro mundo. No por esto podemos dejarla a un lado en lo que representan los ideales y sentido de la vida que tiene nuestra sociedad y especialmente nuestros gobiernos.

En todos los aspectos que forman parte del desarrollo de una persona, de una sociedad o de una nación como son los económicos, sociales, ambientales, políticos, religiosos, descubrimos que al parecer el mundo sí está al revés. Partamos por ejemplo, al hablar del aspecto económico, en el hecho de que en el sistema superficial en el cual nos encontramos, los bienes materiales son los que identifican y jerarquizan a los individuos, sociedades o naciones. Aquel que tiene recursos es el poderoso y a quien los demás deben guardar respeto o reverenciar.  Situación que coloca como primer objetivo de un ser humano la obtención de riquezas, en la mayoría de los casos, sin interesar el método o mecanismo que se utilice para lograr tal fin. Bien lo dice el evangelio, “la raíz de todos los males es el amor al dinero”. No es el dinero como tal el que debe ser estigmatizado, sino el amor hacia el dinero o el deseo incansable de obtenerlo al costo que esto implique.

¿Qué  hay de malo en esto? Aparentemente no hay nada de malo en desear y trabajar para tener comodidad, riquezas y una calidad de vida deseable. Lo malo radica, en el hecho de que la búsqueda de las riquezas por parte de algunos afecta considerablemente las condiciones de vida de los demás. Esto con agravantes, para aquellos que ejercen funciones públicas o que fueron elegidos como voceros de comunidades que están a la espera de que las riquezas de una nación puedan ser distribuidas de tal manera que para todos alcance y para todos represente progreso y desarrollo. Agravantes, para los que haciendo uso de la fe o una enseñanza religiosa se lucran y enriquecen a costa de los incautos. Agravantes, para los que sin interesarles un futuro prefieren vender los recursos naturales, acabar con ellos y poner en riesgo la vida de especies y aún la de los seres humanos con el fin de tener dinero en los bolsillos.

Cómo no decir que el mundo está al revés cuando se habla de corrupción en aquellos que administran los recursos del pueblo y que cuya misión por la que  fueron puestos en esos cargos era la equidad, y la búsqueda de erradicar la pobreza de los ciudadanos.  Cómo no decir que el mundo está al revés cuando el objetivo primario de los líderes religiosos es hacerse de propiedades y ganancias a costa de los creyentes, esto, sin ir a la inmoralidad que hoy les caracteriza.

Pero si hay algo que nos debe alarmar de todo esto, es la facilidad con la que nos hemos acostumbrado a este tipo de cosas. Nos parece normal la corrupción en el gobierno, definir a los políticos como ladrones o a los religiosos como inmorales. ¿Cuándo llegamos a este estado de las cosas? ¿En qué momento la sociedad se pervirtió de tal manera? No solo nos hemos acostumbrado a esta situación, sino que a veces deseamos tener amigos políticos o ser políticos para sustraer esos recursos que son de todos para beneficio particular. Cuanto más alto sea el cargo, más provecho se le sacará.

Es momento de hacer un pare en el camino y pensar, ¿Es esto lo que realmente queremos? ¿Deseamos un mundo, una sociedad, una iglesia, en donde los principios de fraternidad, solidaridad y apoyo mutuo sean reemplazados por la envidia y egoísmo?

Un mundo al derecho es aquel en donde todos somos beneficiados. En donde la calidad de vida de todos se ve considerablemente mejorada. En donde los sueños de uno son los sueños de todos/as pues representan garantías de una mejor educación, de una mejor salud, mejores trabajos, mejores viviendas. Un mundo al derecho inicia con mi comportamiento honesto, mi trabajo arduo por una mejor sociedad, por defender los recursos naturales, por ayudar a quien más lo necesita.

Un mundo al derecho no debe ser un sueño o el producto de una prolija imaginación, debe ser una realidad para todos/as.

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