CERREJÓN: EL REGALO MALDITO

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Por: Tatiana Roa Avendaño

En el horizonte hacia el norte del municipio de Barrancas, en el departamento de La Guajira, se aprecia una serie de montículos; cualquier desprevenido pensaría hacen parte de las estribaciones de los Montes de Oca, un sistema montañoso situado en la región suroriental del departamento de La Guajira. No es así: son montañas artificiales de materiales estériles1, formadas luego de más de tres décadas de extracción de carbón térmico para la exportación.

El emblemático cerro de El Cerrejón2, del que derivó el nombre de la mina, se extravía visualmente en medio de las múltiples montañas de estériles que ahora le rodean. El Cerrejón ya no es el cerro sagrado Wayúu, ahora está bloqueado por la mina de carbón. El desarrollo minero no sólo se apropió del territorio, sino también de los referentes simbólicos de los pueblos guajiros3: indígenas wayúu y afrocolombianos, habitantes ancestrales de la península que lleva el nombre del departamento. Alrededor de 69 mil hectáreas son parte del proyecto minero, la mina de carbón a cielo abierto más grande del continente.

El antiguo valle del río Ranchería, que poseía las tierras más fértiles de esta región semi-seca, se transformó en un paisaje minero que consiste en protuberancias y cavidades, carreteables y carrileras del tren. Por él circulan cientos de mega-camiones que mueven el estéril y de paso moldean el paisaje. En el interior de la mina, veinticuatro horas cada día, como pequeñas hormigas transitan las grandes máquinas retroexcavadores que horadan la tierra extrayendo el mineral fósil.

El tren se dirige al norte para llevar el carbón al puerto para su exportación hacia mercados de Europa, Norteamérica y Asia. El polvillo de estéril y de carbón se esparce por toda la zona y al reaccionar con el agua y el aire, contamina los ríos, los aljibes, los cultivos, los poblados. Un reciente informe de Indepaz (2018: 12) dice: “Las mediciones de la propia empresa demostraron alcanzar niveles de concentraciones de metales pesados como cadmio, plomo, zinc y manganeso, que sobrepasan de manera repetitiva y extrema los límites establecidos para preservar la flora y fauna”. La artista mexicana Dana Prieto llama a estos pasivos ambientales regalos malditos4. Más de tres décadas de extracción de carbón en La Guajira han provocado profundas transformaciones en el paisaje, en las dinámicas sociales, económicas y culturales de la media Guajira, y en general del departamento. El Cerrejón es un claro ejemplo del extractivismo moderno o neoextractivismo.

1 El material estéril es aquél que no tiene interés minero o económico para la empresa. El geólogo colombiano Julio Fierro cuestiona el hecho de que este material muchas veces se llama o considera inerte, es decir, que no puede producir reacciones químicas. Sin embargo, al entrar en contacto con el agua y el aire, provoca reacciones y produce aguas ácidas.

2 El cerro del Cerrejón es un lugar sagrado del pueblo wayúu. Allí se encuentran gran parte de las plantas medicinales que hacen parte de la tradición de los wayúu y afrocolombianos. El Cerro está dentro del área de concesión. Pero actualmente está controlado por un batallón minero-energético y los habitantes locales no pueden subir al cerro.

3 Todos los proyectos de la empresa minera han sido bautizados con nombres indígenas, como por ejemplo, el proyecto P500, para desviar el río Ranchería, fue nombrado Liwo ‘Uyaa, que en wayúu significa “las estrellas que anuncian la primavera”

4 La artista expresa que lo que deja la minería en los territorios, son regalos malditos que prometen progreso, mejoras estructurales, beneficios ambientales, pero que resultan ser más una maldición.

Ilustración: Angie Vanessita

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